Jazz: Improvisación y sentimiento

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La fusión de estilos del Jazz ha conquistado millones de corazones en todo el mundo. Sentimiento e improvisación son sus principales características, pero entender este género musical debemos asimilar sus raíces, ahondar en su complicada y peculiar evolución.
El Jazz es una fusión apasionada de música africana, europea y americana que emergió en América. Comienza con los lamentos de la gente en los algodonales. Y antes de que tuviera el nombre de soul, los hombres y mujeres negros, privados de libertad, ya se lamentaban a golpes de martillo en los trabajos forzados de carreteras, en huertos y plantaciones, con un sentimiento triste pero con ritmo. Eso es Jazz.
La fusión de músicas africana, europea y americana emergió en América. De esta mezcla de raíces surgen profundos sentimientos sumergidos en melodías que transforman a sus intérpretes que ven en los instrumentos la vía de expresión.

En el origen: el corazón de África
Su origen se halla en el tráfico de esclavos que trae desde África a miles de yorubas, dahomeyanos, senegaleses y ashantis –cada etnia con su propia tradición musical-. Estos esclavos trabajarán hasta que culminen los diferentes procesos de abolición de la esclavitud en plantaciones de algodón y tabaco del Caribe y las Américas. Pero así como varían las tradiciones de los esclavos, también variarán el respeto por las mismas de sus amos. Los católicos dejan estas culturas algo más intactas, mientras que para los protestantes británicos, cualquier danza o ritmo de tambor supone una ofensa.

Es la propia determinación de estos cautivos por mantener su cultura viva, la que conllevará la fusión de ritmos en celebraciones tan ajenas para ellos como el día de San Patricio.

El número total de esclavos importados no se conoce aunque la cifra puede aproximarse a los 15 millones de personas. Se estima que cerca de 900.000 llegaron a América en el siglo XVI. Cifra que subió progresivamente durante siglos, hasta los 4 millones de seres traficados a finales del siglo XIX. Un auténtico Holocausto Negro que acabó con la vida de cerca de 50 millones de cautivos.

No perder nunca las raíces
Completamente integrados pero fieles a sus orígenes esta amalgama de seres humanos buscarán refugio en los oradores. Hacia 1770, un predicador conocido como Black Harry lanza feroces sermones en los que aplica un tempo rítmico con el tono característicos de los idiomas africanos. Este religioso aplica la técnica protestante de la iglesia británica llamada “forrar” en la que la congregación tiene que repetir las palabras del predicador cada dos líneas. Esta técnica se parece mucho al patrón africano de “llamada y respuesta” –tú lo dices y yo lo repito-. Durante cientos de años ha sido usado por los músicos africanos; resulta fácilmente identificable en la música Gospel, música espiritual o evangélica, o en los Riffs, melodía corta o frase rítmica que se repite. Ambas variaciones son utilizadas en las grandes bandas de Jazz, incluso por solistas.

Una música en constante evolución
Cuando estos ritmos chocan con la música de iglesia europea y americana, con las marchas del ejército y se funden en salas de concierto, surgen los híbridos del Jazz pre-expresivo; los antecedentes más lejanos de nuestro Jazz.

Los ritmos siguientes en la evolución serán el Blues y el Ragtime. El Blues es la forma de canción central del Jazz (y también del Rock&Roll), se desarrolla a finales del siglo XIX, pro una mezcla de cánticos africanos del campo e himnos cristianos. Su pretensión es mostrar los estados de ánimo; al contrario de lo que se cree los blues no son pesimistas sino que hacen referencia al fracaso y la desolación.

El Ragtime es música de piano de estilo europeo sincopado, de notas a contratiempo, que toma su estructura formal de las marchas, pero que se toca con subtonos africanos. Y es la primera música negra que consiguió amplia popularidad y distribución comercial.

Hacia 1840 músicos ambulantes y pequeñas bandas en plantaciones cantan y tocan las primeras versiones de Blues. En 1890, el Ragtime, saltarín antecesor del Jazz, está plenamente desarrollado. Pero su origen exacto sigue siendo una incógnita.

La mayoría de investigadores fijan el Jazz en Nueva Orleans, ciudad excepcional que no formará parte de Estados Unidos hasta la compra de Luisiana en 1803. Esto explica porque la ciudad mantuvo su carácter europeo durante más tiempo que cualquiera otra ciudad americana.

A comienzos del siglo XIX Nueva Orleans tiene más compañías de ópera, sinfónicas con músicos e intérpretes blancos y negros, y music-halls que cualquier otra ciudad de América. Los instrumentos clásicos que se emplean son la corneta, el clarinete, el trombón, la tuba, el bajo, la batería, el banjo, y la guitarra. La música se re-elabora espontáneamente mientras los músicos tocan. Éstos forjan las bandas callejeras que se acercan al Jazz y que pronto llegarán a Chicago.

Son los años veinte. Chicago significa la promesa de una nueva vida para la población negra del sur, atraída por las industrias en expansión. El escritor F. Scott Fitzgerald en 1920 declarará vivir en la Era del Jazz, expresión que debe entenderse más como un sentimiento de ánimo americano que con una auténtica era musical, porque el corazón negro del Jazz se lleva gestando desde hace varios siglos.

En 1900 el 75% de la población negra de América vive en el sur rural. Cincuenta años más tarde el número se reduce al 20%.

Chicago respira Jazz
En pocos años Chicago consigue aglutinar más cabarets y lugares de baile que todo el sur junto. Los gangsters harán suya la ciudad. Pronto se vota las leyes de la Prohibición que condenan al alcohol. Pero habrá clubes que no respetarán la prohibición y al que acudirá una variada cliente. La gente que busca el trago quiere música para acompañarlo.

Si tuviéramos que buscar una sola imagen a través de la cual identificar el Jazz, ésa sería, sin lugar a dudas, la de Louis Armstrong. Regordete y bonachón, Armstrong, irrumpe en Chicago en 1922 y desde su aparición muestra el arte de la improvisación.

Armstrong y su banda romperán todas las reglas del Jazz.

Satchmo, como también se le llamó, nace en la más abyecta pobreza del extrarradio negro de Nueva Orleans en 1901. Ingresa con 13 años en un reformatorio para chicos negros donde aprendió música. De la mano de Joe Oliver y después de pasar por varios empleos, Armstrong se traslada a Chicago con la banda Creole Jazz Band. Pronto se convertirá en el jazzmen por excelencia.

A partir de aquí comienza la leyenda del Harlem: locales a rebosar con músicos negros, clientela blanca y ritmos atrevidos que permiten adornar la trasgresión del momento.

Pronto surgirá la fiebre musical, todo el mundo querrá tocar y bailar. A Armstrong le seguirán James P. Johnson, Jelly Roll Morton, Bix Biederbecke y, cómo no, mujeres.

Mujeres del Jazz
El estereotipo popular suele atribuirle a la mujer el papel vocal o de pianista ocasional. Pero fueron muchas las que tocaron con las figuras del momento, que compusieron temas además de cantarlos y a las que todavía se les debe justicia musical. Son los casos de Lil Hardin, Edna Thomas, Ma Rainey, Mamie Smith, Ida Cox, Albeta Hunter, Sippie Wallece o Victoria Spivey; todas ellas figuras legendarias del Jazz.

Un lugar destacado en la historia han alcanzado, sin embargo, otras voces femeninas como Billie Holliday, Nina Simone , Helen Merril o Dinah Whasington. Es así gracias al paso del tiempo y del creciente protagonismo, aunque lento, de la mujer.

Vivo hasta hoy
Desde la década de los veinte las bandas de Jazz crecerán, se harán imprescindibles. Pronto llegará la Gran Depresión. Los años duros. Y las bandas ofrecerán refugio.

La progresión musical nos lleva a finales de los años treinta y un panorama en el que las big-band evolucionan. El baile es todo un fenómeno social. Bandas como la de Duke Ellington, Benny Goodamn, apodado el Rey del Swing, o Glenn Miller, recorrerán el país por carreteras para llevar su música hasta el último rincón.

Desde entonces este género musical ha ido evolucionando, sin perder un ápice de su pasado, sumando estilos, creando nuevos géneros de los que hoy disfrutamos a través de figuras como Miles Davis, John Coltrane, Bill Evans, Chick Corea, Jane Ira Bloom, Cassandra Wilson, Norah Jones o Diana Krall. El Jazz y sus variantes siguen sumando artistas y seguidores que han caído cautivos, como lo fueron sus padres, de este maravilloso caos melódico al que simplemente llamamos Jazz.

Fuentes del texto:
Historia del Jazz de Frank Tirro (vol. 1 y 2)
Estrellas del Jazz, coleccionable El País (disco-libro)
Fuentes de las imágenes:
www.google.com

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