Javier Gutiérrez: “Me interesa el pasado porque es lo único que no se puede cambiar”

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El escritor Javier Gutiérrez, dueño de una lírica propia y que ya se ha convertido en su sello característico, acaba de lanzar al mercado Un buen chico (Mondadori). En esta su tercera novela, el autor ofrece una historia de intriga y violencia sobre la que ha charlado en una entrevista con La Huella Digital.

Javier Gutiérrez

“Es una novela que engancha y sorprende mucho, con un estilo intimista que no es nada innovador, pero que funciona muy bien. Si tuviera que recomendarla diría que es la hostia, no sé si es buena o es mala, pero es la hostia”, afirma Gutiérrez (Madrid, 1974), una ‘rara avis’ dentro del mundo literario, máxime cuando su formación académica se desarrolló en la Facultad de Ciencias Económicas de la UCM.

Un buen chico es de esas novelas que mantienen el suspense, la emoción y las ganas de seguir leyendo hasta el final, e incluso provoca en el lector una sensación de querer más. Este relato cuenta la historia de Polo, que vive atormentado por un hecho violento sucedido cuando tenía poco más de veinte años. Además, los problemas con su novia le empujan al diván de un psicólogo. Tras encontrarse con Blanca, una vieja amiga, Polo revivirá ese episodio de su vida en el que ésta cambió para siempre.

“Polo refleja la cobardía y Blanca es luz”, explica Gutiérrez sobre los protagonistas de la obra. “Polo genera mucha empatía, quieres creerle y entenderle, aunque no sorprende el final, porque quería que poco a poco el lector se hiciera a la idea”, añade el autor de forma enigmática.

Portada "Un buen chico"

Violencia y drogas sirven de hilo conductor en la novela, aunque no es la primera vez que Gutiérrez usa el tema de esta clase de sustancias y de los efectos que provocan en el ser humano. “Las drogas si me parecen un tema interesante, porque permiten que una persona lúcida, razonable y con todas su capacidad intelectual entre en espirales vitales autodestructivas, cosa que quedaría para los locos o gente con problemas mentales. Las drogas siempre me han parecido un elemento distorsionador de una vida normal, por eso las he utilizado varias veces”, detalla el escritor.

Con todo, los personajes no son zombis sociales, sino “personas con escrúpulos que tienen empatía y una estructura mental básicamente normal; son personas normales, no enfermos”, subraya Gutiérrez.

Si bien la trama es completamente fictia, el escenario y el tiempo resultan muy específicos. “Toda la ambientación es real: la época de los noventa, el barrio de Malasaña… He prestado mi conciencia a un argumento de ficción y eso funciona muy bien en la novela, porque hay una mezcla de discurso intimista de introspección que se mezcla con una historia de ficción. La conciencia de Polo no es del todo autobiográfica, aunque es muy difícil deslindar lo que es autobiográfico de lo que no”, comenta el escritor.

“Tenía claro que quería escribir una historia sobre los noventa, el barrio de Malasaña y un grupo de música, pero con eso sólo tenía un escenario. Luego había otro tema que me interesaba mucho: el pasado, la forma en que pesa sobre la conciencia porque es imposible de cambiar. El origen de la novela son las decisiones que Polo tomó en el pasado y que marcan su presente” aseguró el autor.

Respecto al estilo literario, Gutiérrez considera que agiliza el ritmo de la novela: “Hay dos registros: por un lado, un monólogo interior en segunda persona que me permitió ser muy intimista y sentirme cómodo en la ficción; y por otro muchos diálogos, porque siempre son escenas de dos personas hablando. Es una estructura bastante comprensible para el lector”.

Gracias a un estilo impecable y a su forma de transmitir emociones, el creador ha recibido galardones como el Premio Ópera Prima Nuevos Narradores 2004 (por Lección de vuelo) y el Premio Salvador García Aguilar en 2009 (por Esto no es una pipa).

Fotografía: David Lanáquera para Random House Mondadori

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