James Bond y sus 50… caras

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James Bond se merece este artículo. Dedicárselo tampoco resulta exagerado realmente, si tenemos en cuenta no solo que este año se celebra el 50 aniversario de la saga, sino que además estamos hablando del mayor héroe de acción de la historia del cine.

Sean Connery como James Bond en ‘Agente 007 contra el Doctor No.’

Todo ha cambiado durante cinco décadas… o casi todo. Hay algo que permanece inalterable al paso del tiempo y es el halo de glamour con el que están envueltas las 23 películas (26 si contamos las no oficiales) protagonizadas por el personaje que Iam Fleming creó en 1962. Ninguno ha perdurado tanto en nuestra memoria, ni tampoco en nuestras salas de cine.

El factor más importante que puede explicar la longevidad de este personaje ha sido siempre la elección de los actores destinados a darle vida. A continuación analizaremos lo que cada uno de los actores ha aportado a la creación de la leyenda Bond. Mencionaremos únicamente los seis Bond “oficiales”. Esto, aunque no lo parezca, deja fuera a un buen puñado de actores, desde el Barry Nelson que en los 50 encarnó al personaje en televisión, hasta todos los actores que interpretaron a los siete James Bond diferentes que aparecían en la adaptación de Casino Royale de 1967 en clave paródica (David Niven, Peter Sellers, Woody Allen, Terence Cooper…).

Sean Connery (1962-1971) fue el primer encargado de dar vida a este agente del servicio público británico, por tanto fue él quien modeló al personaje y con quien comparamos a cualquier otro actor elegido también para encarnar a Bond. En su favor, además de un físico perfecto para el papel y un carisma magnético ante la cámara, tiene el haber protagonizado las películas más completas de la saga: Dr. No, Goldfinger, Desde Rusia con amor, Diamantes para la eternidad

El Bond de Connery es un tipo duro de la vieja escuela, cínico, machista (aunque desprecia a todo el mundo, no solo a las mujeres), socarrón, absolutamente seguro de sí mismo, manipulador y despiadado como una máquina. En otras palabras, al James Bond de Connnery no le cuesta nada utilizar su licencia para matar a sangre fría. Y lo mejor es que el actor escocés interpreta todo esto con absoluta naturalidad, como si lo hubiese hecho toda la vida. El mismo Ian Fleming, que al principio era escéptico en cuanto a la elección de Sean Connery (él habría preferido a una estrella asentada, como James Mason o Cary Grant), acabó rindiéndose ante su talento tras ver 007 contra el Dr. No, hasta el punto de añadir cierto trasfondo escocés a James Bond en las series posteriores, para hacer que se pareciese más a Connery.

Después de cinco años, cinco películas y convertido en una leyenda, Connery deja el personaje. Para la siguiente película de la serie ‘007 Al servicio de su Majestad’, fue escogido el australiano George Lazenby (1969). Únicamente realizó una película, y aun así su aportación al personaje no consiguió estar a la altura de lo que se había esperado de él. No es que Lazenby estuviera mal como James Bond, pero sí que pasó completamente desapercibido. Al contrario que Connery, el Bond de Lazenby no parece pasarlo bien con su estilo de vida. Es cierto que la suya es una película más oscura y dramática que las demás, pero al eliminar cualquier atisbo de sentido del humor, Lazenby convirtió a James Bond en un personaje antipático y hostil para el público (al fin y al cabo, si a Bond  se le quita la ironía, todo lo que queda es un tío borde con esmoquin).

Lazenby desaprovechó la oportunidad que le otorgaba el papel,  no solo por el papel en sí, también por el portentoso guión que tenía la película. Ya mientras se rodaba la cinta hubo mala conexión entre Lazenby y el resto del equipo y, tras el estreno, el actor rechazó un contrato por otras siete películas siguiendo el consejo de su mánager, que creía que 007 era un personaje ‘trasnochado’.

Cuatro años más tarde, tomó el testigo Roger Moore (de 1973 a 1985). Muchos lo recuerdan como una simple prolongación de su papel en la serie de televisión El santo, pero lo cierto es que Moore se encargó del personaje en un momento bastante tenso para la franquicia. Connery había abandonado para no volver, y entre sus sustitutos sonaban nombres tan poco apropiados como Burt Reynolds o Robert Wagner, así que podemos ver a Moore como la mejor de las opciones disponibles. Su interpretación fue muy distinta a la de su antecesor: aumentó las dosis de ironía del personaje, consiguiendo modernizarlo gracias a la vía del humor. Atrás quedaron también la sofisticación y la sexualidad de Connery. Moore consiguió a cambio un Bond más cercano, que conectó de maravilla con el público infantil, y por tanto, logró taquillazos incluso superiores a los de Connery.

Moore protagonizó una serie de películas tremendamente espectaculares (La espía que me amó, Moonraker, Sólo para sus ojos…). Tras doce años y siete películas, Roger deja el papel a los 58 años.

Timothy Dalton (1987-1989) ya había sido propuesto para el papel de Bond en varias ocasiones: en 1968, y de nuevo en los 70 y los 80. Dalton siempre había declinado la oferta, justificando su negativa en que no le gustaba el giro tan humorístico que estaban tomando las películas de la saga. Por fin, a finales de los ochenta los productores accedieron a sus demandas y le prometieron libertad creativa para componer el personaje a su manera en 007: Alta tensión.

Aunque Dalton intentó devolverle realismo y seriedad al personaje, el resultado no fue el esperado. Lo que transmitía en la pantalla era un Bond débil, demasiado blando para ser eficiente en su trabajo. Este actor, con su formación en el teatro clásico, nunca se acabó de ver cómodo en la piel de un personaje que se pasa el día protagonizando secuencias de acción y seduciendo a toda fémina que se pone en su camino. Curiosamente, en ese contexto lo que más chocaba era la floja interpretación de Timothy Dalton, que siempre ponía cara de no creerse lo que le estaba pasando…

En 1995 Pierce Brosnan consiguió lo que no habían logrado del todo los tres anteriores. Con su porte, su elegancia y su justa mezcla de humor y mala baba, Brosnan supo equilibrar con acierto lo mejor de todos los Bonds anteriores: la crueldad y sex-appeal de Connery, la ligereza y simpatía de Moore, y la complejidad emocional que tanto Lazenby como Dalton habían intentado dar al personaje. Brosnan demostró al mundo que un Bond más moderno era posible, a lo que contribuyó la inteligente decisión de convertir a M, su superior directa, en una mujer de carácter, interpretada por Judi Dench con gran destreza. 

Este esplendor del personaje de Bond, que brilló con fuerza en GoldenEye, se fue apagando un poco en las posteriores películas, en las que el agente 007 se ‘apayasó’ de nuevo hasta volver a los tiempos de Roger Moore.

Y llegamos a la última encarnación del súper-agente por excelencia, la de Daniel Craig (desde 2006 hasta el actual 2012, año en el que se ha estrenado Skyfall, la tercera protagonizada por Craig).

Daniel Craig como James Bond en’Skyfall’

Aunque algunos han defendido al primer Bond rubio desde el primer día en que se comenzaron a barajar los nombres de los nuevos candidatos, hay que reconocer que el disgusto era bastante generalizado,  sin embargo la elección fue acertada. De hecho, el Bond interpretado hasta el momento por Craig probablemente sea el mejor agente 007 desde Connery. Aporta al personaje la credibilidad que nunca había tenido, y una intensidad que hasta llega a doler. Nadie, ni siquiera Connery, había creído tanto en el personaje como lo hace Daniel Craig. Es un Bond despiadado pero al mismo tiempo vulnerable, que a veces se equivoca y pierde el control. A pesar de su seriedad, tampoco renuncia al cinismo, y sabe cuándo hacer un chiste o lanzar una puya (por ejemplo cuando le preguntan si quiere el Martini agitado o revuelto y contesta “¿Tengo cara de que me importe?”).

De todas formas, este nuevo Bond situaba al personaje en Casino Royale al límite de  la ruptura con lo que, durante más de cuarenta años, había sido su patrón básico. Pero a medida que el actor va madurando el personaje película a película, va perdiendo parte de su ‘tosquedad’ inicial y ganando algunos de los atributos del Bond de siempre, como la sofisticación, la ironía y la confianza en sí mismo (es decir, Craig empieza a sentirse cómodo e identificado con el papel).

Esto es lo que hay ahora, pero esperemos que en el actual proceso de renovación bondiana, nuestro protagonista no acabe pareciéndose demasiado a otros espías post-modernos como Jason Bourne o Ethan Hunt. Más que nada porque la mayoría de los que han venido después de Bond, le deben algo. Y es que el cine de héroes, tiros, y villanos que tenemos hoy en día ha sido creado siguiendo el patrón marcado por las películas del agente 007 (y no al revés).

Imágenes cedidas por Metro-Goldwyn-Mayer

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