Izquierda Unida, entre la renovación y la autodestrucción

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En las elecciones legislativas italianas de 1987 el Partito Comunista Italiano (PCI) volvía a ser la segunda fuerza con un 26,58% de los sufragios, que le daban la asignación de 177 escaños en la Cámara de los Diputados de Italia. Cuatro años después, el PCI desaparecía sin dejar rastro. El que había sido la pata izquierda del bipartidismo italiano, y el partido comunista de occidente más popular, pasaba a mejor vida sin que nadie se esperase tremenda noticia cuatro años antes. En 2011, cuando el PCI no era ya más que un vago recuerdo del fracaso del Eurocomunismo y del Compromiso Histórico, se celebraron en España las elecciones legislativas. Aquellas elecciones le dieron la mayoría absoluta al Partido Popular, certificaron la caída del PSOE y le devolvieron algo de vida a Izquierda Unida con la obtención de 11 escaños. Más aún, con el recién creado movimiento del 15M y la reorganización de la sociedad civil en torno a diferentes cuestiones y organizaciones que tenían en común aquellos lemas de “no nos representan” y “no somos mercancía en manos de banqueros y políticos”, parecía que Izquierda Unida podía encabezar un proceso de reagrupaciónde la izquierda política y social, después de que el PSOE se retratase con los recortes aplicados en el 2010 y con la modificación del artículo 135 de la Constitución en el verano del 2011.

No obstante, cuatro años después y con las elecciones municipales y autonómicas a la vista, Izquierda Unida se encuentra en un claro proceso de declive, que no sólo amenaza con unos resultados nefastos, sino que pone en riesgo la propia continuidad y existencia del partido. Son momentos difíciles para Izquierda Unida, momentos que no sólo se explican por razones políticas como la aparición de Podemos o la hegemonía que el PSOE ha tenido en la izquierda española, sino también por casos de corrupción y por problemas internos dentro de la misma organización. Estas cuestiones provocan que Izquierda Unida esté más cerca del PCI que de Syriza.

Izquierda Unida. ¿A qué jugamos?

La comparación con Syriza no es arbitraria, ni mucho menos. Las elecciones griegas de enero del 2015 fueron tomadas por la izquierda europea como una especie de plesbicito contra la Troika, contra la austeridad y contra el neoliberalismo. Fueron numerosas las organizaciones que se trasladaron a Grecia aquellos últimos días de campaña para apoyar a Tsipras. Una especia de internacionalismo renovado dentro de la izquierda más allá de la socialdemocracia. Por parte de España, la representación estuvo encabezada por Izquierda Unida y Podemos. Alberto Garzón y Pablo Iglesias estuvieron apoyando a Tsipras hasta los últimos momentos, tratando de convencer a más y más griegos que Syriza era el partido del cambio y la renovación. Tsipras aceptó encantado la ayuda de los dos representantes de la izquierda española. No obstante, escogió a Pablo Iglesias y no a Alberto Garzón  para que cerrase la campaña con el que sería a la postre el primer ministro del país heleno. Eso enviaba un mensaje muy claro a los votantes y posibles votantes de izquierda en España. Es Pablo Iglesias y Podemos lo que deben liderar el cambio y la reorganización de la izquierda en España, no Alberto Garzón e Izquierda Unida. Golpe difícil de asimilar para un partido que en 2009 había comenzado el proceso de refundación de la Izquierda y que entre sus objetivos desde la creación en 1986 había estado disputar y hacerse con la hegemonía en la izquierda española. Y ahora que el PSOE se mostraba más débil que nunca desde la Transición, ahora que parecía que la situación era propicia para que Izquierda Unida se convirtiese en el faro guía de la izquierda española, aparece un grupo de intelectuales universitarios y de profesiones liberales que crean un partido, que no hablan de izquierda-derecha, sino de los de arriba y los de abajo, y que para colmo de males comienza a subir como la espuma en las encuestas.

Desde Izquierda Unida no se tomó en serio a Podemos. Se le despreció como si Izquierda Unida fuese Novak Djokovic, mientras que Podemos era un top 50 cualquiera. ¿Integrar una coalición con Podemos para ir a las europeas? De ninguna manera, se planteaba desde Izquierda Unida. Cierto es que Podemos tampoco tenía ninguna intención para aliarse con Izquierda Unida. Después de todo, Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón supieron leer mejor que Cayo Lara y Alberto Garzón que había supuesto para España el 15M y que era lo que reclamaba una parte importante de la sociedad española. ¿Qué Izquierda Unida quería ser el más izquierdista de la izquierda en España? Perfecto, se argumentaba desde Podemos, pero así no “asaltarán los cielos”, parafraseando al secretario general de Podemos. ¿Qué Podemos no se definía de izquierdas y no hablaba de clases sociales? Pues así poco éxito tendrán, argumentaban desde Izquierda Unida. El resultado final fue que Podemos obtuvo cinco escaños en el Parlamento Europeo, mientras que Izquierda Unida obtenía seis. Eso sí, claro estaba que Podemos había ganado la batalla, mientras que en Izquierda Unida se quedaron petrificados al observar cómo unos recién llegados conseguían prácticamente los mismos diputados que ellos. Y peor aún, la sociedad española comenzaba a observar en Podemos una verdadera alternativa para tomar el poder y cambiar la situación, mientras que Izquierda Unida no era más que visto como un partido minoritario y/o un partido muleta del PSOE.

Porque la debilidad de Izquierda Unida no se explica sólo por la reciente aparición de Podemos, sino también por su debilidad ante el PSOE. Cierto es que hasta hace no mucho tiempo, disputarle la hegemonía de la izquierda a la socialdemocracia en Europa era prácticamente misión imposible. Después de todo, en el imaginario político de la Europa occidental, la socialdemocracia aún figura como aquella ideología que defiende los derechos sociales y económicos de los más vulnerables de la sociedad, al tiempo que lo hacen garantizando las libertades políticas y civiles, al tiempo que garantizando el ejercicio de la libre empresa y el libre mercado. Además, a eso se le debe sumar la caída del bloque del este, que deslegitimó (y en cierto sentido, aún lo continúa) las propuestas de izquierda que van más allá de la socialdemocracia.

Izquierda Unida fue creada en 1986 para, precisamente, articular un proyecto político, económico y social que fuese tanto atractivo para una mayor parte de la sociedad y diferente al de la socialdemocracia. Durante los años de 1990, aquellos en los que IU estuvo liderada por Julio Anguita, el proyecto se articuló en torno a esos dos puntos, especialmente el de evitar convertise en una simple extensión del PSOE. Fueron los años del programa, programa y programa y de la pinza. Años en los que Izquierda Unida señalaba al PSOE como el principal enemigo a batir, como el principal rival de Izquierda Unida, mientras que con su oposición al PSOE, “facilitaba” que el PP llegase a alcaldías y centros de gobierno de Comunidades Autónomas. El PSOE utilizó la pinza para denunciar que Izquierda Unida no era verdaderamente de izquierdas, y que ellos (el PSOE) eran los únicos en los que los votantes de izquierda podían confiar. También hubo polémicas y discusiones en el seno de Izquierda Unida , entre aquellos que apoyaban a Julio Anguita y a su estrategia de ir contra el PSOE y de convertir a Izquierda Unida en un partido serio con un proyecto político propio que quiere llegar al poder para ponerlo en práctica, y aquellos que consideraban que la estrategia de Anguita era nefasta para Izquierda Unida y que a largo plazo le causaría grandes problemas. Entre este último grupo se encontraban los dos futuros Secretarios Generales de la organización, Francisco Frutos y Gaspar Llamazares. Finalmente, ante los malos resultados en las generales de 1996 y municipales y autonómicas de 1999, se decide un cambio en la dirección de Izquierda Unida. Del programa de independencia y confrontación respecto al PSOE, se pasa a una posición más conciliadora. Francisco Frutos inaugura esta política con el pacto con Almunia en las generales del 2000, y Llamazares la seguirá con su apoyo al PSOE en la legistatura del 2004 y del 2008. La estrategia consistía en aproximarse al PSOE, hacer pactos de gobiernos con ellos, porque se consideraba que al PSOE se le podía forzar a ser “más de izquierdas”, al tiempo que no se daba a la opinión pública una imagen de partido colaborador con el PP.

Para los opositores a la pinza, el cambio les parecía oportuno para volver a levantar el rumbo. Gran error. Si los resultados de los últimos tiempos de Anguita fueron malos, los de Frutos, y especialmente Llamazares, fueron horríbles. Cinco escaños en el 2004. Sólo dos escaños en las elecciones del 2008. Si los partidarios de la pinza llevaban razón, o por el contrario, eran sus opositores, es objeto de debate. Lo que si que quedó claro es que Izquierda Unida nunca pudo consituirse a ojos de una parte importante de la sociedad española como un partido sólido, con un proyecto autónomo, sino que era visto como una muleta, como un partido de apoyo, ya fuese al PSOE o ya fuese al PP.

Aunque la propia Izquierda Unida alimentó esta imagen de doble muleta. Por un lado, permitiendo que en Extremadura el Partido Popular de Monago llegase al poder debido a la abstención del diputado de Izquierda Unida. Por otro lado, con un pacto de gobierno con el PSOE en Andalucía que no acabó como se esperaba y que desembocó en la convocatoria de las elecciones autonómicas andaluzas del 2015 en donde IU cosechó peores resultados a los obtenidos en el 2011.

Escándalos Internos en IUCM

Ahora bien, el principal problema de la continuidad de Izquierda Unida no es su improbable constitución como el partido hegemónico de la izquierda española ante el PSOE o Podemos, sino los escándalos que de un tiempo a esta parte han venido afectando a las distintas federaciones que forman Izquierda Unida, especialmente en Madrid y Andalucía, aunque han existido otros casos. Uno de esos otros casos destacados fue el de Willy Meyer. El que era cabeza de lista para las europeas se vio envuelto en un asunto de un fondo de pensiones, el cual actuaba a través de una Sicav. Meyer dimitió del cargo poco después de conocerse la noticia, pero el daño ya estaba hecho y más aún en un contexto en donde Podemos crecía como la espuma gracias, entre otras cosas, a la utilización del término casta como denuncia a todos los políticos españoles, incluídos también los de Izquierda Unida. Otro caso que ha erosionado la imagen de Izquierda Unida ha sido el escándalos de los EREs en Andalucía. Es cierto que Izquierda Unida no está implicada en el caso de los EREs, pero sí en otros casos de corrupción como el que afecta a Antonio Torrijos o el caso Enredadera. Además, su pacto de gobierno como socio minoritario del PSOE en Andalucía ha provocado que su reacción ante el escandalo de los EREs fuese más tibia de lo que a muchos les hubiese gustado. 

No obstante, los escándalos que mayor daño han provocado y están provocand a Izquierda Unida son aquellos que se están dando en la Comunidad de Madrid. Estos alborotos, tiene relación tanto con el funcionamiento de IUCM e IU, como casos de corrupción dentro de la propia cúpula de IUCM. Comenzando por estos últimos, el principal es el escándalo de las Tarejas Black, el cual afecta directamente a Moral Santín, representante de IU en la ya extinta Caja Madrid. De las acciones del imputado por el escándalo de Bankia y de las Tarjetas Black, no se pudieron librar los portavoces en el Parlamento de la Comunidad de Madrid, ni en la Asamblea de la Ciudad de Madrid. Otro buen ejemplo de la opacidad y los asuntos turbios que existen en IUCM es el caso de Miguel Reneses, que tal y como escribió Antonio Maestre, se ha visto implicados en escándalos de todo tipo, inclusos de índole sexual.

Izquierda Unida Comunidad de Madrid es como una especie de caja de pandora que amenaza a todo el conjunto del partido. Puede parece ilógico plantearlo en estos términos, después de todo, Izquierda Unida cuenta con un total de 18 federaciones. Sin embargo, sólo en Madrid, y parcialmente en Andalucía, la agrupación tiene fuerza e importancia para plantear algún tipo de batalla política.  En el resto de Comunidades Autónomas, la presencia de IU es prácticamente testimonial, o al menos, no lo suficientemente representativa como para poder establecer algún tipo de resistencia o lucha política. Así las cosas, Izquierda Unida Comunidad de Madrid es la federación más importante dentro de IU, y por consiguiente, aquella en la que el cambio del partido hacia un modelo más democrático y abierto debía comenzar. Todo ello con el objetivo de hacer de IU una verdadera alternativa de gobierno.

El primer paso para la reconstrucción de Izquierda Unida se debía abrir con las primarias para elegir al cabeza de lista para la Comunidad y para la alcaldía de Madrid. Por un lado, el sector del 49%, el sector crítico con la Ejecutiva regional, estaba muy interesado en iniciar dicho proceso de primarias, no sólo como una forma de democratizar el funcionamiento interno de la organización, sino también como forma de acercarse a la sociedad civil.  Dicho sector, encabezado por Tania Sánchez  y Mauricio Valiente arrasó en las primarias de finales de 2014, permitiendo que Sánchez fuese la representante a la Comunidad de Madrid, mientras que Valiente lo fuese a la Alcaldía. Sin embargo, el sector duro, ese que se puede calificar del 51%, no estaba muy contento con la situación. Más aún, ya antes de la celebración de primarias habían intentado hacer un trapicheo con el censo con el objetivo de diferenciar a afiliados por un lado, con simpatizantes por otro lado. De poco sirvió la jugada, ya que Sánchez y Valiente se impusieron sin ningún problema. Pero la oposición no se acababa ahí, tras conocerse la victoria del sector crítico, Eddy Sánchez, que era coordinador de IUCM dimitió. A todo lo anterior se le debe sumar que en el mes de noviembre salió a la luz pública un escándalo que afectaba a Tania Sánchez directamente. Según se informó, durante su tiempo como concejala en el Ayuntamiento de Rivas (2007-2011), Sánchez supuestamente participó en la concesión de contratos irregulares a una empresa de su hermano. El Partido Popular denunció la situación ante la justicia, siendo la querella aceptada en marzo de este año. Ahora la situación está en los tribunales, pero lo que más llamó la atención del caso, fue que el sector duro de IUCM, a través de #somosIU, solicitaba a la propia Tania Sánchez que, o demostraba que no tenía nada que ver o que se apartase a un lado y renunciase a su posición como candidata a la Comunidad de Madrid.

Finalmente, y ante la oposición del núcleo duro de IU, que copa la mayoría de los órganos directivos de la federación em IUCM, Tania Sánchez decidió abdicar y no sólo renunciar a su candidatura, sino también al carné del partido. Por su parte, Mauricio Valiente aguantó un poco más, pero al observar que IUCM rechazaba integrarse en la candidatura de Ahora Madrid, decidió salirse y concurrir a las primarias de la coalición,  entrando a formar parte de la lista en cuarta posición. Por su parte, IUCM reemplazó rápido a sus candidato para la Alcaldía de Madrid y la Comunidad de Madrid. No obstante, y a tenor por las encuestas que se van publicando, no parece que la sustitución ayude a IUCM, sino todo lo contrario, ya que parece ser que ni tan siquiera tendrían representación en las instituciones, ni de la Comunidad de Madrid, ni de la ciudad de Madrid. Una verdadera catástrofe política, si al final así sucediese.

La esperanza del cambio: Alberto Garzón

En febrero de 2015, Alberto Garzón fue ratificado como candidato a la Presidencia del Gobierno por parte del Consejo Político Federal, con un 75% de votos favorables. Sin embargo, no parece que el consenso en torno a la figura de Garzón sea unánime. Tal y como el propio Cayo Lara tuvo que reclamar en una de las últimas reuniones de la Presidencia Federal de la organización. Y es que no son pocos en Izquierda Unida que observan a Garzón como una especie de Caballo de Troya que plantea liquidar Izquierda Unida y entregársela a Podemos. Los contrarios a Garzón, entre los que se cuentan a personajes como Gaspar Llamazares y Francisco Frutos, y federaciones como IUCM, consideran que se debe crear un frente de izquierdas con el PSOE, y no con partidos como Podemos y Equo. Más aún, desde #somosIU, siguiendo una línea similar a la que se usó con Tania Sánchez, ya se ha comenzado la campaña de descrédito y presión al candidato de IU a la presidencia del Gobierno, amenazándole con no apoyarle si no satisface los deseos de IUCM.

Izquierda Unida se encuentra al borde del abismo. La irrupción de Podemos, el solapamiento con el PSOE, los escándalos y trapicheos dentro de los órganos del partido, y algunos casos de supuesta corrupción, han propiciado que Izquierda Unida esté en la situación más difícil desde que el partifo fuera creado a fines de la década de 1980. Renovarse o morir, es lo que han pensado muchos dentro del partido. Sin embargo, no es sencillo luchar y vencer a la vieja nomenclatura, tal y como se ha podido observar en IUCM. El futuro del partido depende de lo que suceda en las elecciones municipales y autonómicas de este mes de mayo. E incluso aunque los resultados fueran mejor de la catástrofe que se prevee, no es posible asegurar que Izquierda Unida siga existiendo como partido. Después de todo, torres más altas han caído, tal y como ejemplifica el caso del Partito Comunista Italiano.

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