Isla Aguja, descubriendo el paraíso

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La carretera regional panameña que debemos atravesar serpentea en el interior de la selva, allí el clima es bastante húmedo. Está construida a base de tierra y gravilla y en algunas zonas se concentra el fango. Con estas premisas partimos de la capital del país, Ciudad de Panamá, rumbo a Isla Aguja a bordo de un todo terreno. En invierno, esta ruta debe ser casi impracticable. No nos sorprendemos al ver cómo varios coches han sido abandonados en la cuneta.

Pasamos de largo las aldeas de Pocodora, Chepos y Los Llanos. Una vez en Los Llanos, lo más conveniente es preguntar a alguien del lugar por la salida que debemos tomar para ir hacia Carti Sugtup, puesto que no hay ninguna indicación que nos prevenga. Hasta este punto, la carretera está asfaltada, aunque los baches son innumerables. Resulta asombroso ver cómo algunos conductores consiguen evitar los obstáculos a gran velocidad.

Lo más conveniente es realizar el viaje a la luz del día para poder disfrutar de la belleza del paisaje. Y no será hasta después de una hora de camino, cuando nos topemos con un claro en medio de la selva, señal definitiva de que ahí termina nuestra primera fase del viaje.

Una vez llegados a este punto, los indios Kuna Yala, los habitantes de estas tierras, nos facilitarán, por tres dólares por persona, el transporte hasta Isla Aguja. Navegaremos por río Carti Grande.

El turismo se constituye para los habitantes de estas tierras como una de sus mayores fuentes de ingresos. Las mujeres, ataviadas con ropa colorida típica, o mulas, solicitarán un dólar cuando nos vean con la mínima intención de fotografiarlas.

A bordo de un cayuco motorizado partimos de la orilla del río. Y cuando el cayuco desemboque en mar abierto, nuestro ‘contramaestre’ nos invitará a realizar el trasbordo, ¡en medio del océano! Saltaremos a otra barca, que se dirige al verdadero destino, isla Aguja, o isla Ocodub, en lengua Kuna.

Las indias que viajan con nosotros nos proveerán con manteles de plástico para protegernos de las olas. Mientras, en nuestro horizonte iremos descubriendo decenas de pequeñas islas tropicales. El archipiélago de San Blas está ubicado en la costa caribeña de Panamá y lo conforman más de 390 islas, muchas de ellas inhabitadas.

Isla Aguja es un caso aparte, se trata de un islote que pertenece a una familia indígena. Es bastante pequeño. Se puede cruzar andando en menos de tres minutos. Poblada de cocoteros y unas cuentas cabañas construidas a base de bambú y techo de hoja de palma. Suele haber otros viajeros acampando.

Si encontramos este paisaje por casualidad, nos parecerá haber llegado al mismísimo paraíso. Es del color del mar que rodea la isla, turquesa. Y mientras practicamos esnórquel en sus aguas, tendremos la oportunidad de descubrir infinidad de corales.

Fuentes Texto e imágenes:
Carmen Fernández de Vega

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