Irak: el consuelo de no olvidar

0
685

El pasado 19 de agosto se retiraba la última brigada de asalto de las tropas norteamericanas en Irak. El ejército de los Estados Unidos no llevará a cabo más operaciones ofensivas en ese país del Medio Oriente, por lo que la guerra, ahora sí, parece que ha acabado. A priori este punto de vista resulta más digerible que la escena en la que George W. Bush, desde el portaaviones USS Abraham Lincoln, anunciaba que la intervención había devenido en “misión cumplida”. Era el 1 de mayo de 2003 y habían pasado apenas cinco semanas desde que se inició la invasión.

Las sensaciones que transmite el presidente Barack Obama resultan en general bastante edulcoradas. También es así en esta ocasión. El proceso que se inicia hoy continuará con la permanencia de otros 50.000 soldados cuya misión será la de la formación de las nuevas fuerzas de seguridad iraquíes. En octubre de 2011 estos efectivos se retirarán, dejando la responsabilidad en la formación al Departamento de Estado. La administración civil sustituirá al Departamento de Defensa. Sin embargo, no debemos olvidar que buena parte de los soldados y oficiales que se retirarán en este tiempo serán sustituidos por empresas de seguridad privada, cuya responsabilidad legal es objeto de cuestión.

Tampoco se pueden olvidar cosas que bien podríamos denominar “lecciones de la guerra de Irak”. Pero no es la primera vez ni, me temo, la última en la que veremos a las fuerzas imperiales de turno mostrar músculo, aunque este sea, a menudo, inflado con esteroides. Aun dando por bueno el argumento de que la guerra se ha acabado, no es momento de permitir que quieres la apoyaron caigan en la autocomplacencia. Por el contrario, hoy es el día de acordase de que casi cinco millones de personas tuvieron han tenido que abandonar sus hogares desde la primavera de 2003 (dos millones de ellos abandonando incluso su país), 600.000 han perdido la vida como consecuencia de la guerra y uno de los pocos Estados laicos del Medio Oriente ha caído en el sectarismo religioso (incluyendo la retórica fundamentalista cristiana de Bush). La situación de la mujer (argumento muy manido en Afganistán) ha empeorado como consecuencia del terreno ganado por el Islam radical. Además, el terror de Saddam Hussein fue sustituido por el terror del ocupante. Por último, las armas de destrucción no existían y (es muy importante destacar esto) los responsables de esta guerra bastarda siempre lo supieron.

Será difícil detenerlos, otra vez, con estos mismos argumentos. Pero, al menos, podremos consolarnos recordando a viva voz lo que Julio Anguita – histórico dirigente de la izquierda española – exclamó al conocer la muerte de su hijo cuando cubría la guerra, empotrado con las tropas estadounidenses en Bagdad, en abril de 2003: “Malditas sean las guerras y los canallas que las apoyan”.

Dejar respuesta