Independizarse sin ser infeliz

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El País.com publicaba el pasado 4 de diciembre una noticia que aportaba datos que resaltaban el grave problema que los jóvenes tenemos respecto a la vivienda. El artículo se hacía eco del contenido del Observatorio de Vivienda Joven realizado por el Consejo de la Juventud de España, donde se aseguraba que los jóvenes debíamos destinar el 70 % de la renta a la compra de un vivienda, aunque en Madrid y Barcelona ese porcentaje subía al 80 %.

Además, en las conclusiones de este estudio se asevera que el porcentaje que se debería dedicar para este menester no debería superar el 30%, aunque con dicha cifra los jóvenes solo podemos permitirnos hoy día acceder a una vivienda de 46,8 metros cuadrados como máximo. Quizá el dato más descorazonador sea que para que esta situación se equilibrase (esto es, que se pudiese adquirir una casa con los precios actuales) los salarios deberían aumentar en un 126%, traduciéndose en un salario medio anual de más de 36.500 €, frente a los poco más de 16.200 actuales.

Datos y más datos y una sola realidad: emanciparse de nuestros padres cuesta mucho en España, y quienes lo hacen se encuentran con muchas dificultades. Es una barbaridad dedicar más del 50 % de tu salario a la compra de un bien que nuestra Constitución, (de la que hace apenas unos días conmemorábamos su 29º aniversario) proclama como un derecho de todos. Pero una cosa es la teoría, y otra la práctica. En torno a la vivienda hay mucho dinero en juego y una economía que, nos pese o no, ha sido en buena medida el motor económico de la última década. Pero ese motor, bajo mi punto de vista, ha estado corriendo muchos kilómetros al límite de sus revoluciones, y ahora acusa ese desgaste. No es normal que manteniéndose los salarios prácticamente igual durante dicho periodo, el precio de la vivienda se haya duplicado o triplicado en algunos casos. Da igual que sea de nueva construcción, de segunda mano o de alquiler, todas se han revalorizado, aunque luego nada haya cambiado en ellas: cualquiera que haya buscado un alquiler habrá visitado algunos pisos que no merecen el calificativo de dignas. Así pues, yo siempre hablo de un aumento ficticio de la riqueza. No significa que de repente el salario medio haya subido a los 35.000 euros y todos podamos permitirnos esos precios, es que los bancos han dado dinero con el que comprar por esas cantidades, que cada mes subían. Pero claro, para que las cantidades a pagar fueran asumibles, se firmaban hipotecas a 40 ó 50 años, y eso, lo siento, no es vida. Es convertirse en esclavos de una pírrica nómina y una vida incierta, insegura económicamente hablando.

Toda mi familia, comenzando por mis padres y acabando por mis abuelos, me aseguran siempre que el alquiler es una pérdida de dinero y que comprar una vivienda siempre ha supuesto un sacrificio, no lo pongo en duda. Pero no es un buen plan de vida acabar de pagar la última letra con 60 velas (o más) en tu tarta de cumpleaños y tus hijos haciéndote abuelo sin darte cuenta. Sí, es un patrimonio, se puede vender en caso de apuro y al final es tuyo; pero ¿Se es feliz siendo independiente, pero sufriendo para serlo?

Mis padres se sacrificaron con mis años cuando allá por el 81 se compraron el primer piso, pero les costó sólo unos años pagarlo. Ahora yo no puedo hacerlo ni en broma, y esto es extensible a otros muchos de mi quinta. Y eso entristece. Para que luego digan por ahí que los jóvenes no queremos salir de casa. No queremos pasar más de media vida con el miedo en el cuerpo, viviendo sin vivir.  Pregúntense por qué la generación anterior tenía poco pero era feliz, y porqué ésta nuestra tiene de todo y es infeliz. Una respuesta la encontré en un libro Claude Dubar: la seguridad que da tener un proyecto de vida a largo plazo.

Fuentes del texto:
http://www.elpais.com/articulo/economia/jovenes/deben/destinar/renta
/comprar/casa/elpepueco/20071204elpepueco_10/Tes

Fuentes de imágenes:
http://www.vivienda.ath.cx/wp-content/uploads/2007/05/33717_vivienda_digna.jpg

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