¿Independiente o mainstream?

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En el momento musical en el que vivimos surgen con cada vez mayor asiduidad artistas o grupos alternativos que triunfan en nuestro país entre miles de fieles que les adoran con pasión, dejando de lado caducas fórmulas comerciales y discográficas que encumbraban a manoseados ídolos de la canción. Uno se pregunta entonces si se trata de un tiempo reaccionario y revolucionario efímero, si hace falta ser entonces más independiente que nunca para llegar al estrellato, o no.

Ya no vale con ser sólo un músico de calidad, que realice una música preciosista y que guste a un público mayoritario, ahora también hay que ser alternativo, o como hoy en día se estila por herencia idiomática anglosajona, ser ‘indie’. Si uno no es independiente, o no tiene una actitud que lo justifique, no llegará muy lejos en esta industria, porque el estado de las cosas lo demanda así y el público también. Los géneros musicales más representativos de este nuevo orden son el pop y el pop-rock nacional, porque al margen quedan los sempiternos rock y el heavy metal, con sus correspondientes derivados, geniales en su actitud y su aptitud.

Para ser alternativo en este nuestro país se presuponía hace tiempo que cualquier grupo, artista, solista, cantautor, etcétera, debía auto editarse sus propios discos o en el mejor de los casos fichar por una discográfica independiente, y después conectar con su público sin pasar por los canales comerciales como las radio fórmulas, las campañas promocionales o publicitarias, la distribución masiva en grandes superficies,…; además de adoptar una manera o pose de corte alternativa.

Eso era lo aceptado hasta hace tiempo, o lo ortodoxo en los círculos más entendidos, pero todo estalló con la llegada de las nuevas tecnologías, de Internet, de la piratería y sobre todo de la debacle de la industria discográfica internacional. Fue entonces cuando lo alternativo cobró un vigor que hasta ese momento no tenía ni soñaba por asomo, como así lo demostraban sus humildes ventas de discos o sus conciertos minoritarios en el pasado. Ahora no, ahora los grupos denominados “alternativos” llenan salas de conciertos hasta la bandera, arrastran masas incalculables de público a los nutridos festivales de música que están naciendo por doquier en la piel de toro, también adoradores de lo más alternativo. Ejemplos no faltan, ahí están Vetusta Morla, Love Of Lesbian, Los Planetas, Lori Meyers, Iván Ferreiro o Russian Red.

Quizá se trate entonces de un cambio de ciclo, de una época reaccionaria y revolucionaria contra aquellos momentos en los que imperaban los dictados establecidos por las multinacionales discográficas y por las grandes radio fórmulas como Los 40 Principales o Cadena 100, que no paraban de machacar una y otra vez con sus ansias de vender grupos o artistas que poco o nada nuevo podían aportar con su abanico musical más casposo y recalcitrante que imperaba en España en la década de los noventa y principios de los años 2000, sin menospreciar aquellos artistas o grupos que con sobresaliente calidad y trabajo han dejado huella en la historia de la música española en esa misma época.

Gracias a todo ese conjunto de avatares que han confluido en estos últimos tiempos la música nacional está más en forma que nunca, se descubren nuevas joyas con una calidad exquisita, se está asistiendo a un renacimiento sonoro en todos los aspectos que podemos denominar como ‘generación indie’ sin temor a equivocarnos. Aquella que está demostrándonos que en nuestro país existe calidad a raudales, y que podemos exportarla al mundo sin complejos, como está ocurriendo con Delorean o El Guincho, con giras internacionales y un éxito creciente fuera de nuestras fronteras. Eso es indiscutible a todas luces, le guste o no a cada uno un determinado tipo de música, porque hay que ser analítico con la mayor asepsia posible y reconocer que las cosas han cambiado para mucho mejor después de un túnel del tiempo oscuro y embarrado en el que nos encontrábamos después de la década de los años 80.

Pero toda esta actitud reaccionaria no debe dar lugar a la denostación constante y menospreciar a creadores de música que tienen unos atributos cum laude como ocurre con Amaral, centro de atención este verano de un debate absurdo por su actuación en el pasado Sonorama Ribera, por aquello de si eran o no más o menos independientes. Te puede gustar o no su música, pero hay que ser objetivos a la hora de reconocer que tienen un talento innato. Y en la parcela de lo alternativo ocurre de la misma forma, hay bandas que atesoran grandes virtudes como se apuntaba con anterioridad, pero otros es para echarles de comer a parte, como ocurre con Los Punsetes, que no transmiten sentimiento alguno por mucha actitud shoegazing que tengan, o con La Bien Querida, que no dejará de ser una buena compositora, pero su voz deja mucho que desear en directo. Por ello, no se debe, no se puede confundir la velocidad con el tocino, es de justicia que a cada uno se le reconozca lo mejor o lo peor de sí mismos para seguir sumando, sean independientes o no.

Fotografía: Paloma de la Fuente.

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Óliver Yuste es licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

Su experiencia profesional como periodista se ha desarrollado en diversas publicaciones periódicas como las revistas culturales Experpento o Paisajes Eléctricos Magazine, las revistas universitarias La Huella Digital, Punto de Encuentro Complutense y mÁs UNED, o la colaboración como escritor en la revista literaria chilena Cinosargo, además de mantener sus propios blogs, como la bitácora personal donde se ahogan los gritos de mi mitad. En estas publicaciones en soporte papel y digital se divulgan algunos de sus artículos periodísticos de opinión, críticas y entrevistas musicales, además de artículos literarios como relatos cortos, cuentos y poesías.

También está dedicado a la creación literaria como escritor de novelas y poesía, una faceta en la que cuenta con el libro de cuentos Azoteas, en proceso de edición, y la publicación del cuento “La Libertad de Ser Feliz” en el libro Cuentos Selectos III, publicado en 2002 por la Editorial Jamais. Además de ser galardonado en algunos certámenes literarios: Primer Premio de Poesía Ramiro de Maeztu 1997, Premio Accésit del IV Concurso de Redacción “El Teatro Clásico en Escena 1997” o Finalista en el Concurso de Relatos Cortos “Premios Jamais 1999”.

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