Incombustibles Rolling

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Fotografía: Mara García
Fotografía: Mara García

Voy a empezar confesándome, yo soy de Beatles. Lo fui, lo soy y lo seré cuando me muera. Y aún así estuve allí repitiéndome varias veces “¿Qué hace una beatle como tú en un sitio como este?”. Esta afirmación que a muchos les parecerá al leerme un sacrilegio, fue lo que me hacía sentir una intrusa sentada en una de las gradas del Bernabeu. Tenía la sensación de que, en cualquier momento,  alguien me señalaría y me descubriría. “¿Que no eres de Rolling?” “¿y qué haces tú aquí?”

La culpa de todo esto la tenia mi novio, que fue uno de los 54.000 afortunados que consiguió entrada, y digo consiguió porque no solo tuvo que abonar el riñón equivalente al precio de la misma, sino porque estuvo horas aguantando las colas. “Yo no me muero sin ver a los Rolling” decía.

Fotografía: Mara García
Fotografía: Mara García

Y ahí estaba yo, con una de sus camisetas de los Rolling y cara de perdida mirando la gigantesca boca roja que anunciaba el tour en las pantallas del escenario. En uno de esos instantes,  no sé si viendo mi cara de susto o en un momento de inspiración,  mi novio se giró hacia mi preguntándome si era consciente de dónde estaba. Aquel no era un concierto, era casi un momento histórico, el equivalente a la sociedad austriaca viendo a un joven Mozart tocando el piano. Algo que no tenía precio. Porque, como bien dijo, dentro de 100 años la gente seguirá hablando de los Rolling. Fue entonces cuando empecé a sentir el peso de la responsabilidad de la butaca 16 en la fila 10. El peso de todos aquellos que habían bailado en los años 80 “Angie” en la discoteca para abrazar a esa persona, el peso de los que no habían conseguido entrada pero vivían cada día el rock&roll.

El show arrancó como una supernova,  gritos, música, humo, luces…Un éxtasis en el que el público continuó durante todo el show. Allí estaban los incombustibles Rolling: Mick, Keith, Ron y Charlie… incluso Mick Taylor! Después de lo que una encuentra en las críticas casi les esperaba con andador y gotero. Nada más lejos. Los brincos de Ron Wood y los bailes de Mick Jagger dejaban muy claro que aún tenían cuerda para rato. Era prácticamente imposible no contagiarse de la pasión que ponía Jagger en el escenario. La fuerza que transmitían con la música me mantuvo enganchada todo el concierto, tema tras tema. Pese a que Keith Richards se mantenía un poco más serio, acabó contagiándose del espíritu en determinados momentos. Aunque el concierto tuvo momentos más relajados como con “You can’t always get what you want”, por lo general fue una tracklist de lo más rockera, alcanzando sus puntos cumbre en “Satisfaction”, “Sympathy for the devil” o “It’s only rock&roll (but I like it)”.

Fotografía: Mara García
Fotografía: Mara García

Quitando que la acústica del estadio no era la más apropiada, el concierto fue un show que disfrutaron no sólo los fans acérrimos sino los que, como yo, apenas se sabían 4 o 5 canciones de la banda. El magnetismo que estos cuatro gigantes desprenden una vez salen al escenario es algo que logra envolverte hasta el momento en el que Charlie Watts lanza las baquetas al público y sabes que hasta ahí ha llegado el show. Si bien es cierto que esta ha sido mi primera vez con los Rolling me gustaría que no fuera la última. Por lo pronto cruzaré los dedos para que a sus Satánicas Majestades les quede, como se ha podido ver hoy, combustible para rato.

Fotografías: Mara García

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