‘Incendios’: apuesta segura para disfrutar del buen teatro

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El público catalán conoció a Wajdi Mouawad de la mano de La Perla 29 y Oriol Broggi, a principios de 2012, con Incendies. El montaje estuvo varias temporadas en cartel en Barcelona, siempre con un lleno absoluto y elogiosas críticas. Después son muchas las obras del autor libano-quebequés de las que hemos podido disfrutar, incluso traídas, dirigidas e interpretadas por el propio Mouawad, a través de la programación del Grec Festival de Barcelona. Pero Incendies, tal vez por ser la primera, su carta de presentación aquí, es la que más hondo caló.

Lo mismo ha sucedido en Madrid con la versión en castellano dirigida por Mario Gas y estrenada en el Teatro de la Abadía, donde han repuesto hasta en dos ocasiones desde su estreno la pasada temporada. No podía ser de otro modo, teniendo en cuenta el equipo artístico sobre el que se sustenta la propuesta. Este montaje puede verse ahora en el Teatre Goya de Barcelona, hasta el 26 de noviembre, con el mismo éxito que ha cosechado en Madrid anteriormente. Y es que no sólo son un reclamo los grandes nombres del elenco como Nuria Espert, Laia Marull o Ramón Barea, o el de su director, sino que poco importa si has visto o no la obra, si conoces o no la historia de Nawal y sus hijos: el texto de Mouawad es tan bueno que es muy difícil que no guste, y casi imposible en el caso de este montaje, con grandes profesionales en él.

La propuesta de Gas no se esconde tras complicadas escenografías ni grandes efectos técnicos, porque si se tiene un buen texto y unos buenos intérpretes, como es el caso, no se necesitan adornos. Las palabras del dramaturgo le llegan al público a través de unos actores entregados, que traspiran veracidad por cada poro, dirigidos con sensibilidad y acierto. Se disfruta de grandes interpretaciones, como la de Espert o Barea, que, cada uno en el registro que le da su personaje, absorben de manera absoluta la atención del público. Pero no es necesario fijarse en los nombres consagrados de la escena para encontrar interpretaciones excelentes. Candela Serrat, por ejemplo, encarna a Jeanne de un modo impecable. O Lucía Barrado nos regala ese estremecedor monólogo que tiene Sawda y que nos pone la piel de gallina, y la pareja que construyen con la Nawal de Marull logra que nos olvidemos de que se trata de dos actrices y creamos que son prácticamente hermanas desde hace años. Además de los mencionados, el resto del reparto lo componen, en las funciones en Barcelona, Álex García, Alberto Iglesias y Germán Torres, que comparten el mismo nivel que sus compañeras.

El poder de evasión y de suspensión de la realidad que infunde la dirección de Mario Gas y los actores, acompañados por una iluminación, espacio sonoro, escenografía, vestuario, etc. que lo refuerzan sin llamar la atención en exceso, hechizan al público, se palpa perfectamente desde el principio, y se mantiene durante las tres horas de función. El público respira con la escena, se sorprende, exclama, ríe unas veces, llora otras. Y, cuando se hace el oscuro, la platea entera se pone en pie, como si hubiera saltado un resorte, e inundan el Goya de merecidos aplausos. Pocas veces se juntan en un mismo montaje tantos nombres imprescindibles de la escena contemporánea actual, en varias de sus disciplinas, y ofrecen de manera tan clara una apuesta segura para disfrutar de buen teatro. Esta obra vale la pena siempre. Es dura, sí. Pero es hermosa.

Fuente: Teatre Goya

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