Imaginando Venezuela

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Para la mayoría de los españoles Venezuela no existe. Es una creación literaria y mediática que se asemeja más al infierno de Dante que a un Estado real, con sus problemas y sus virtudes. Hablar de Venezuela en términos reales y no propagandísticos es imposible en España. El mero hecho de intentarlo, invalida al individuo en cuestión para hablar sobre el tema, al mismo tiempo que el estigma de que es un chavista bolivariano (que en España tiene un claro significado peyorativo) recae sobre él o ella.

El 26 de febrero de 2015, el diario de tirada nacional español La Razón titulaba que el gobierno de Venezuela, liderado por Nicolás Maduro, había creado escuadrones de la muerte que estaban sembrado el pánico por las calles de Caracas y otras ciudades importantes del país. Desgraciadamente, algunas personas han fallecido a causa de las nuevas manifestaciones que se están produciendo en la actualidad en Venezuela. Es una lástima que fallezcan personas por el hecho de ejercer su derecho a manifestación y es también necesario que desde el Ministerio de Interior de Venezuela se abra una investigación para esclarecer lo que sucedió. No obstante, el hecho de recurrir al término de escuadrones de la muerte no es más que una de las numerosas manipulaciones que la prensa española más relevante ha proferido sobre Venezuela, tal y como el periodista Pascual Serrano viene intentando demostrar a través de diferentes artículos en diversos medios de comunicación y también a través de diversas obras divulgativas sobre la cuestión. Y es que, desgraciadamente, en España parece imposible hablar y debatir sobre Venezuela de una forma sosegada y tranquila, principalmente porque intentar defender el proyecto de Chávez y ahora de Maduro significa ser un chavista que invalida cualquier opinión sobre el tema.

Venezuela, para la mayoría de los medios y de la sociedad española no es un territorio real, sino una creación. Tal y como Maria Todorova demostró con la zona de los Balcanes, la imagen de Venezuela en España es una proyección que se crea desde dentro y desde fuera. Desde dentro, es la oposición venezolana, que tiene como principal objetivo derribar al gobierno bolivariano y todo lo que se deriva del mismo. Más aún, como dicha oposición no ha podido vencer al chavismo en las urnas, es habitual que usen las calles para intentar desestabilizar y derribar el proyecto de chavista. Casi lo lograron en el 2002, con un Golpe de Estado que fue exitoso, pero que sólo duro 48 horas. Sí, ese mismo que uno de los periódicos de izquierdas más destacados de este país saludó con efusividad y alegría. Volvieron a la carga en el año 2007, esta vez bajo el marco de manifestaciones estudiantiles, las cuales en cierto sentido tenían el mismo objetivo de aquellas sucedidas en el año 2000 en Serbia, cuando el grupo estudiantil Otpor actuó como punta de lanza para la caída de Slodoban Milosevic. En esta ocasión, a diferencia de lo sucedido en Serbia, los manifestantes no lograron su objetivo. En 2014 lo intentaron una vez más. Se detuvo a Leopoldo López y los medios en España hablaron de una gran represión política en Venezuela sin tan siquiera molestarse en analizar las razones y acciones de los manifestantes, o cuáles eran las razones por las que protestaban. Y un año después, en 2015, las manifestaciones vuelven a las calles de Venezuela para intentar derribar al gobierno de Maduro. El alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, fue detenido, presuntamente por preparar un golpe de Estado contra Maduro. Los medios más importantes de la prensa española volvieron a argumentar la represión política que se vive en el país, sin molestarse en indagar sobre si las acusaciones podían tener cierta base o no. Después de todo, ¿no fue Antonio de Ledezma uno de los participantes del golpe de Estado del 2002 y uno de los principales líderes del boicot a las elecciones legislativas venezolanas del año 2005? Las informaciones presentadas para demostrar que Ledezma encabezaría un supuesto golpe de Estado contra Maduro no han satisfecho a la prensa, ni observadores internacionales occidentales, aunque francamente, estos ya tienen su discurso contra el gobierno de Maduro y no están muy interesados en intentar comprobar si las acusaciones del gobierno venezolano tienen algún fundamento. No se puede descartar nada aún. Quizás la detención fuese un golpe de efecto de Maduro ante una situación económica cada vez más deteriorada. Pero quizás la detención tenga un fundamento real, algo que no es inverosimil si se tienen en cuenta los antecedentes mencionados.

Nicolás Maduro. Extraída de Wikimedia. Fabio Rodrigues Pozzebom. Creative Commons
Nicolás Maduro, presidente de Venezuela./ Fabio Rodrigues Pozzebom (CC)

La oposición venezolana recurre constantemente a desestabilizar las calles porque, hasta el momento, es el único lugar en donde pueden obtener lo que más desean: el fin del chavismo y su proyecto social. Sí, Venezuela no es el paraíso, esto está más que claro. Sí, en Venezuela la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes es la más alta del Latinoamérica según la organización Insightcrime. Sí, en Venezuela quedan muchas cosas por mejora en todos los terrenos que componen una democracia (política, economía, sociedad y cultura). Sin embargo, sí, desde que llegó Chávez al poder (1999) hasta que falleció (2012) el porcentaje de población que vivía por debajo de la línea de pobreza se redujo en un 21%, la cuestión es si la Venezuela del proyecto chavista era peor que la Venezuela pre-chavista.

Sin embargo, en España la cuestión anterior no puede ser debatida en términos normales. No, en España la información que los principales medios de comunicación, sea prensa escrita, sea la radio o sean las cadenas de televisión, tiene el claro objetivo de demonizar al proyecto chavista en Venezuela. En cierto sentido, Venezuela, o mejor dicho, el proyecto chavista en España fue condenado a la mayor de las hostilidades por parte de la prensa y de la opinión pública española cuando el rey Juan Carlos ordenó callar a Hugo Chávez en una Cumbre Iberoamericana. Sí, quizás Hugo Chavéz tuviese la legitimidad que dan las urnas, pero el monarca español es un tipo campechano que tenía todo el derecho de mandar callar a un jefe de Estado elegido por sufragio universal. A partir de esa historia, que no deja de ser un detalle anecdótico, en España nunca más se pudo hablar sosegadamente sobre Venezuela, ni sobre su proyecto socialista.

Lo anterior lo saben perfectamente la cúpula directiva de Podemos. La colaboración de Pablo Iglesias, Iñigo Errejón y Juan Carlos Monedero, especialmente este último, con algunos países del ALBA (Bolivia, Ecuador y Venezuela más concretamente) ha provocado que parte de la prensa española haya acusado a Podemos de cuestiones varias, principalmente de querer instalar en España el método bolivariano-chavista, y de que la financiación de Podemos proviene de Venezuela. Lo primero no se puede demostrar, y parece claro que Podemos no tiene la menor intención de seguir el modelo de Socialismo del siglo XXI de Venezuela o el proyecto antineoliberal de países como Ecuador o Bolivia, sino el proyecto socialdemócrata de los países nórdicos (en España hablar de países nórdicos es cómo hablar de la tierra del vino y de las rosas). Respecto a lo segundo, no existe prueba firme alguna, aunque parece que Montoro está muy interesado en conocer los vínculos económicos entre algunos dirigentes de Podemos y Venezuela. No se trata aquí de negar la evidencia máxima. Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y Juan Carlos Monedero han colaborado, ya fuese de forma individual, ya fuese a través de fundaciones como CEPS o Fundación GIS Siglo XXI con Venezuela y otros países aliados. Sin embargo, ¿por qué los miembros de Podemos no explican claramente su colaboración y puntos ideológicos comunes con el proyecto chavista? Simplemente porque es imposible. La idea de que Chávez (y ahora Maduro) son dos dictadores y de que su proyecto para Venezuela es una verdadera dictadura, ha provocado que muchos españoles piensen en términos negativos todo lo que tenga que ver con esas dos cuestiones. Poco importará si alguien intenta ofrecer datos para contrastar esa idea, como por ejemplo, las cinco elecciones presidenciales que se dieron desde 1998 hasta el 2014, y las cuales fueron validadas por organizaciones y observadores internacionales. Desgraciadamente en España eso es impracticable. La imagen que se tiene de Venezuela en este país no es una imagen ponderada, con sus luces y sus sombras, sino una imagen creada desde las élites políticas y económicas y desde ciertos medios de comunicación afines con dichas élites que nos hablan de Venezuela en términos que se asemejan al infierno de Dante.

No deja de ser curioso como actúan la mayor parte de los media españoles cuando de informar sobre Venezuela se trata. Venezuela es un país caótico, donde las colas por productos básicos son kilométricas y en donde el gobierno es absolutamente represivo con su población. No como en España donde todo parece felicidad y alegría aunque haya personas que no puedan comprar los alimentos de la canasta básica. En España no hay pobreza. Bueno sí las hay, más exactamente un 27% de población viviendo en riesgo de caer en ella, mientras el 6,2% está en privación material severa, según la Red Europea de Lucha Contra la Pobreza y la Exclusión Social. En Venezuela no hay libertad política, no hay libertad de expresión, el régimen controla el 99% de los medios de comunicación, se puede leer el ABC. También, que Venezuela está al borde del colapso, como diría Felipe González, mientras que España es la nueva locomotora del sur de Europa, a juzgar por las palabras de los dirigentes del Partido Popular, y de algunos medios afines a dichos dirigentes.

Sería poco honesto negar los problemas por los que pasa Venezuela actualmente. La inflación es superior al 60%, cuando en el 2012 rondaba el 20%. El desabastecimiento es algo palpable que provoca numerosas molestias en la población venezolana debido a la carestía de productos y a las colas que deben soportar. La tasa de homicidios, como comenté más arriba es inaceptable para cualquier país del mundo. Y la tasa de pobreza, según los datos de la CEPAL, aumentó en 6,7% en el último año pasando a ser del 32% (en el 2013 era del 25%), mientras que la tasa de indigencia se situó en prácticamente un 10% (9,8% para ser exactos). Existen cuatro tasas de cambios diferente para según qué situación y qué productos, al mismo tiempo que la caída del precio del barril de petróleo no ayudará a un país cuyo motor económico se mueve gracias al oro negro. Con el motor gripado de la industria petrolífera, es imposible que el actual modelo económico venezolano pueda desarrollar la agricultura y la industria. Este problema no es del chavismo, sino que viene de lejos. Ahora bien, el chavismo no se preocupó en diversificar su economía y lo apostó todo o casi todo, al buen funcionamiento del mercado del petróleo, con sus altos precios por barril de crudo, durante los últimos 16 años.

Ahora bien, todo lo anterior debe ser puesto en un contexto determinado para poder entenderse mejor. La inflación se debe al aumento de la emisión de papel-moneda sin que esta se viese acompañada por un aumento de la producción de bienes y servicios. El aumento de la inflación se debe a que el Banco Central Venezolano decide imprimir más papel moneda para compensar la subida de los precios, mientras que el gobierno sube el salario mínimo para que no sea el proletariado quien sufra la subida de las precios. Sin embargo, imprimir más papel moneda no solucionará nada si esta impresión no viene acompañada de un aumento de los bienes y servicios. Y en esta parte es donde el sector privado juega a desestabilizar al régimen. De ahí el desabastecimiento que no es más que un medio para obtener un fin: la caída del gobierno de Maduro. Por otro lado, la violencia y la muerte por homicidios no es un problema exclusivo de Venezuela, sino que afecta en general a toda la región de América Central y América del Sur. Honduras, en América Central, ocupa el primer puesto de homicidos en América. Por cada 100.000 habitantes, 79 fallecen a causa de homicidos. En El Salvador la cifra es de 68,6 homicidios por cada 100.000 habitantes. En Brasil, la tasa es de 29 homicidios por cada 100.000 personas, siendo la Policia brasileá siendo considerada como una de las más violentas de América del Sur.  En resumen, es innegable que los homicidios en Venezuela se sitúan en un nivel que no es aceptable, pero el problema no es sólo de Venezuela, sino de América Central y América Latina. Sería conveniente que todos los países de la zona pudiesen trabajar conjuntamente para solucionar esta lacra que afecta a sus sociedades. Respecto a la pobreza y según la CEPAL, en términos generales en América Latina, el 28% de la población vive en situación de pobreza. Eso significa que Venezuela esta en cuatro puntos porcentuales por encima de esa cifra. Esa cifra es negativa, especialmente si se tiene en cuenta que que desde hacía algunos años, el porcentaje de personas viviendo en la pobreza en Venezuela no superaba el 30%. Ahora bien, es oportuno cuestionarse si las protestas tienen el objetivo de evitar que esas tasas de pobreza aumenten y de si los manifestantes quieren que más personas abandonen esa situación.

En las protestas del año 2014, aquellas lideradas por el partido de oposición Voluntad Popular, liderado por Leopoldo López, el cual todo sea dicho, es un personaje con escaso apoyo en los procesos legislativos con un sólo representante en la Asamblea Nacional, y sólo 15 alcaldes de un total de 335, el objetivo no parecía ser la lucha contra el aumento de la pobreza. Aquellas manifestaciones, que la mayoría de los medios en España calificaron como feroces luchas por la libertad en Venezuela, fueron protagonizadas por sectores de las clases medias venezolanas, que no son las que sufren las peores consecuencias del deterioro económico del país. Además, es importante recalcar que en dichas manifestaciones los manifestantes atacaron emisoras comunitarias, mercados populares, bloques de pisos estatales, guarderías y centros de salud. Básicamente, todos aquellos elementos materiales que representan las políticas sociales del chavismo. ¿Se puede decir que las manifestaciones eran para buscar mayor justicia, libertad y equidad cuando esos elementos fueron atacados? ¿Se puede decir que una manifestación liderada por las clases medias, correas de transmisión de la burguesía y oligarquía latinoamericana, era una protesta para acabar con un régimen supuestamente autoritario e instaurar uno verdaderamente democrático?

Al igual que otros problema que atraviesa Venezuela, estos no se limitan a dicho país, sino que son genéricos a Latinoamérica, o al menos, a ciertas partes del subcontinente. En cierto sentido, en países como Venezuela, Brasil o Argentina ha comenzado la rebelión de las clases medias. Estas clases medias, que son las mismas que apoyaron los escuadrones de la muerte en las décadas de los 70 y 80, y las mismas que apoyaron la instauración de numerosas dictaduras a lo largo del continente en dichas décadas, han decidido levantarse y protestar ante las medidas sociales por parte de los gobiernos antineoliberales de América del Sur. Incluso en Chile, país aún dominado por las reglas establecidas por Pinochet y sus sucesores, la legislatura de Michelle Bachelet comenzó con la protesta de algunas asociaciones de padres y madres chilenos que no tienen el mínimo interés de reconstruir la enseñanza gratuita en el país andino. Es curioso, o quizás no tanto, que en países de América del Sur con problemas igual de graves que Venezuela o Brasil, también existan protestas de la población, pero estas ni tienen el apoyo de las élites económicas, ni políticas, ni reciben el mismo tratamiento mediático. El mejor ejemplo de esto sin duda México. ¿Qué habría dicho la prensa española más relevante si la Tragedia de Iguala hubiese sido la Tragedia de Caracas?

La rebelión de las clases medias se produce en una coyuntura económica negativa en donde dichas clases medias, que actúan como correas de transmisión de la alta burguesía latinoamericana, se rebelan contra los que están más abajo que ellos en la escala social. Es el momento  de eliminar esos molestos programas sociales que ayudan al proletariado y que además les dan herramientas para ascender en la escala social. En Europa eso sucede con la eliminación del Estado del Bienestar y la demonización de la clase obrera, como bien demostró Owen Jones en su obra Chavs. La Demonziación de la Clase Obrera. En Latinoamérica eso sucede atacando frontalmente y con todos los recursos disponibles a los gobiernos antineoliberales Latinoamericanos. Más allá de los problemas existentes en Venezuela, Ecuador, Brasil o Chile, esta rebelión de las clases medias tiene el objetivo de mantener viejos privilegios que dichas clases medias ven peligrar con los programas de ayuda social. Después de todo, no es la alta burguesía la que más tiene que temer. Sin embargo, es la clase media quien más tiene que perder ante la posible escalada de la clase obrera en la escala social. Esta clase media depende indirectamente de la alta burguesía, sin ella, sin su dominio y hegemonía, no podrá ocupar las cargos medios del sistema productivo capitalista dependiente del centro hegemónico: los Estados Unidos.

¿No será ese el problema de fondo de todo lo escrito anteriormente? Es decir, cuando se habla de Venezuela, ¿no se habla del cuestionamiento del sistema centro-periferia y el sistema capitalista? Latinoamerica ha sido, históricamente, desde fines del XIX, una clara zona de influencia de los Estados Unidos. Salvador Allende y los sandinistas pueden dar buena fe de ello. Entonces, ¿qué pasa cuando unos cuantos países de la zona deciden reforzar su soberanía nacional y tomar un rumbo económico diferente al capitalismo neoliberal? Porque lo cierto es que la alta burguesía y las clases medias locales son dependientes de las decisiones de los Estados Unidos, Estado que es la mayor amenaza a la estabilidad y soberanía de América Latina. Así, por ejemplo, desde que Chávez llegó al poder, hasta este momento, desde los Estados Unidos se han transferido entre 50-60 millones de dólares con el objetivo de financiar programas políticos para que los partidos de oposición fuesen capaces de mover a Chávez del poder. Lo importante, tanto para EEUU, como para la oposición venezolana era derrocar a Chávez del poder, más allá de que este fuese capaz de imponerse aceptando las reglas del sistema democrático liberal.

Esa es la cuestión más importante, no sólo a la hora de analizar los enfrentamientos en Venezuela, sino en toda América del Sur y del Centro. El hecho de que partidos con un programa claramente antineoliberal, anticapitalista, soberanista y socialista (Venezuela y Bolivia son los ejemplos más claros) sean capaces de imponerse en un sistema democrático liberal, diseñado en sus diferentes versiones para que la burguesía siga manteniendo sus privilegios, es un precedente muy peligroso. Después de todo,  que un conductor de autobuses lidere un Estado puede ser un peligroso ejemplo. Que ese mismo conductor tenga un proyecto socialista, es una amenaza y ataque directo contra los intereses de la pequeña y alta burguesía. De ahí, el ataque de la oposición venezolana y parte de la oposición española al proyecto chavista. Y es que en España la imagen de Venezuela, al menos hasta que el proyecto chavista sea eliminado, será una imagen irreal, una imagen inventada que servirá tanto para un roto como para un descosido.

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