“Ida”. Un juego de luces y sombras

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El z14711116QKadr-z-filmu-Ida-Pawla-Pawlikowskiego-Na-festcine sigue sorprendiéndonos y haciéndonos disfrutar, y así lo demuestra Ida, la última película del cineasta polaco Pawel Pawlikowski. Una relato sobre aquel país de los años 60, recién salido de la II Guerra Mundial, contado con gran delicadeza y ternura, que irradia belleza en cada plano.

Polonia, 1960. Anna (Agata Trzebuchowska) es una joven novicia que, a punto de tomar sus votos, emprende un camino para conocer a su único familiar vivo, su tía Wanda (Agata Kulesza). Lo que en un principio puede parecer una fugaz visita, acaba convirtiéndose en un viaje para conocer sus antepasados y descubrirse a sí mismas. Una nueva historia sobre el nazismo, esta vez contada desde el punto de vista de la sociedad polaca de los años posteriores a la ocupación, con las heridas tan abiertas como las ganas de pasar página.

La pretensión de Pawlikowski no es sorprendernos con una innovadora y revolucionaria historia, y no lo hará. Su intención es contarnos una realidad que le tocó vivir, y hacerlo de una forma tan hermosa que llegue al público, y que éste salga del cine comprendiendo porqué hablamos de Séptimo Arte. Las claves son un sencillo pero más que correcto guion, acompañado en ciertos momentos por melodías de Bach, MozartJohn Coltrane, y una acertadísima elección de la fotografía en blanco y negro que inunda la pantalla, llegando a pesar sobre todo lo demás. Ryszard Lenczewski – fiel colaborador del director desde hace más de quince años-, nos brinda una fotografía acorde con la historia: la ausencia de movimiento de cámara, en sintonía con el propio ritmo del relato; planos generales en los que los protagonistas se sitúan al fondo, siendo simples arquetipos de una gran sociedad; y un inteligente juego de luces y sombras en una época en la que no se distinguía el bien del mal, la verdad de la falsedad, la luz de la oscuridad.

ida 2_7094936Todo reunido en un relato que nos habla de aquella sociedad a través de la religión,  de sus costumbres y tradiciones, de sus prejuicios y tabús. Y lo hace con una gran sutileza. Habla de la ausencia de tumbas judías y de la equiparación entre judíos y gitanos, sin llegar a mostrar el genocidio que sufrieron; o muestra las respetuosas reacciones al ver a una monja incluso entre los más maleducados, sin hablar directamente de la magnitud de la Iglesia Católica en Polonia, o del sexo y la religión, a través de sencillas palabras que intercambian Anna y Wanda.

ida_01-560x282Ida no es una película que pasará a la historia, pero es una gran película. Un ejemplo de que se sigue haciendo buen cine. Y es que el cine no es sólo contar historias, sino la forma de contarlas, con el fin de atrapar al público a través de todos los sentidos.

 Imágenes: Caramel Films 

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