Humor negro y suspense en la primera novela de Muñoz Rengel, “El asesino hipocondríaco”

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Portada de "El asesino Hipocondriaco"

Al señor que responde a las iniciales de M.Y. sólo le queda un día de vida. Como mucho dos. Debe ser un fastidio que tu personaje se te vaya a morir tan pronto, pero dedicándose a una actividad tan infrecuente como extrema, la de asesino a sueldo, y siendo uno de esos hombres a los que persigue el infortunio porque sufre todas las extrañas enfermedades del mundo, el escritor Juan Jacinto Muñoz Rengel debe haberse hecho a la idea.

Este filósofo y cuentista español, galardonado en más de cincuenta ocasiones, saca ahora su primera novela, El asesino hipocondríaco (Plaza y Janés), un texto en el que el señor Y persigue al escurridizo señor Blaisten por callejuelas, Starbucks, sierras y McDonald´s de toda la capital, a través de unas páginas salpicadas de un humor muy negro con toques de suspense y novela policíaca.

“En esta novela había tanta muerte y tanta enfermedad que, o se trataba con humor, o podría haberse convertido en algo muy deprimente o, directamente, en una invitación al suicidio. La muerte está ahí, es lo que nos espera a todos. Así que hay dos opciones: o nos volamos la tapa de los sesos y nos ahorramos la espera, o nos reímos de ella mientras aún podamos. Las situaciones que persiguen a mi protagonista, por otro lado, nos obligan a reírnos y a tomar una sana perspectiva”, señala Muñoz Rengel (Málaga, 1974) en una conversación con La Huella Digital.

Además, el paso del género “relato breve” al género “novela” ha supuesto un cambio muy importante en su técnica narrativa. “La mayoría de las herramientas y técnicas narrativas son las mismas en el relato corto que en la novela ―el narrador, la construcción de la escena…―, pero con la segunda tienes que aprender a desarrollar una mayor capacidad de visión de conjunto, es muy importante no perder el ritmo, la tensión y la lógica de la historia”, asevera el autor. Equilibrado, ágil, entretenido y algo didáctico, su debut como novelista con El asesino hipocondríaco le ha valido los elogios de la escritora Rosa Montero, que ha calificado la novela como “originalísima, desternillante e inquietante”, y de Ricard Ruiz Garzón, que la premia como “divertida y culta”.

Y mientras se intenta cometer un asesinato un tanto improcedente y de origen sospechoso, Muñoz Rengel recoge anécdotas vitales de algunos de los “grandes hombres” más ilustres e hipocondríacos de la Historia: Kant, Voltaire, Moliére, Lord Byron, Poe, Proust, Tólstoi y muchos más. Los amados por los dioses mueren jóvenes, escribe, y por lo visto algo deben de tener en común tantos hombres ilustres para que todos fuesen tan quebradizos y frágiles de ánimo y salud. “Pero es que para ser creador hay que ser obsesivo y metódico, y de ahí a la personalidad maniática sólo hay un paso”, explica el escritor. Sin embargo, Muñoz Rengel no tiene nada de maniático: es un hombre sonriente y tranquilo que vive por y para la cultura, compaginando su oficio literario con su tarea de colaborador en Radio 5 y RNE, donde participa en los programas “Literatura en breve” y “El ojo crítico”.

“Desde luego, como no se va a fomentar la cultura es recortando el poquísimo espacio que de hecho ya tiene en la televisión, privando de fondos y recursos a los escasos programas de radio que la difunden, prescindiendo de los suplementos literarios o reduciendo aún más la sección de cultura de los periódicos”, advierte el creador. Muñoz Rengel tiene muy clara su postura en cuanto a la defensa de la cultura, un ente “abstracto, volátil, sublime y humano” al que ha decidido dedicar su vida, como eligieron todos aquellos “grandes hombres” y también como el señor Y, al que, en algún punto X de Madrid, quizás le queden muchos más instantes de vida.

 Imagen: Editorial Plaza&Janes

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