Hoyo de Pinares: un lugar por descubrir

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Situado entre las Sierras de Guadarrama y Gredos y rodeado de un paisaje lleno de masa forestal y todo tipo de animales, incluso aves protegidas como el buitre negro y el águila imperial, el pueblo avulense de 3000 habitantes es uno de los más bonitos de nuestra geografía.
Llevada por mis amigos, este fin de semana me han convencido para ir a Hoyo de Pinares. Como suele pasar con todos los pueblos, ni sabía que existía, pero me animé a conocerlo. Con el frío de estas fechas decidimos dejarnos caer por Ávila y llegamos a este pueblo que encanta, no sólo por la belleza de sus parajes sino también por sus gentes.

Uno de los pequeños inconvenientes es la manera de llegar al pueblo, ya que, como está situado entre montañas el camino estaba lleno de pequeñas cuestas y curvas, que hicieron que algunos como yo nos mareáramos de una manera considerable (a pesar de que en mi vida nunca antes me había mareado viajando). Eso hizo que, al menos a mí, la hora y media que tardamos en llegar se nos hiciera larga. Hombre, pero también he de decir que viajamos de noche, con apenas la única distracción que la conversación del de al lado para intentar que el mareo se fuera disipando. Pero por fin llegamos…

Al calor del brasero pasamos la noche con risas y los típicos juegos de mesa y videoconsola. Nos reímos mucho y sin ningún tipo de “sustancias” (me refiero a drogas o alcohol), para que luego digan que los jóvenes no somos sanos… Entre unas cosas y otras, a lo tonto nos dieron casi las 5 de la madrugada, hora en que nos fuimos a dormir. A la mañana siguiente nos levantamos a una hora más o menos prudente y decidimos ir a comprar algo para cocinar e irnos a conocer el pueblo (de la mano de nuestro amigo-guía de viaje, quien ha pasado gran parte de su vida ahí). Hicimos un poco de “turismo express”, ya que yo a las 17:30 tenía que coger el bus de regreso a Madrid.

Paseamos por la carretera que rodea al pueblo. Por esta razón es la que más alta está situada, lo que permite ver Hoyo de Pinares casi en su totalidad. Observé las casitas y los tejados de éstas, pensando en lo tranquilo y relajado que se debe vivir allí y en pueblos como éste, sin apenas los ruidos de coches, atascos, polución, retrasos del metro… Y en definitiva vivir alejado de la ciudad, ésa que no nos deja ver casi ni un trocito de cielo…

Pues ahí estaba yo, rodeada de la naturaleza, con mi cámara de fotos y mis lindos ojitos para divisar aquel paraje, intentando captar cada momento y cada rincón de las calles. Pude apreciar cómo abunda el pequeño comercio, que inunda las calles con sus bares, sus mercerías, sus tiendecitas del tipo “todo a cien” y algún que otro pequeño supermercado de la reconocida cadena que encontramos en todos los pequeños pueblos.

Después de comer, llegó la hora de irme. Me despedí de mis amigos, que, como era de esperar, me acompañaron hasta que cogí el autobús y me fui tan tranquilamente rumbo a la ciudad. Tuve suerte, ya que cogí el bus aún con la luz del día, aunque se fue desvaneciendo a medida que avanzaban el camino y el atardecer casi de la mano. Mirando el paisaje pude entretenerme en pensar cómo sería vivir en el campo, rodeada de la naturaleza, ya que algunos de los que vivimos en la ciudad lo echamos de menos. También me sirvió de relax, desconecté, reflexioné, pensé en mis cosas… en fin, que verme rodeada de tanto pino me hizo pensar mucho y creo que es algo que todos deberíamos hacer de vez en cuando; viene bien cambiar un poco el chip.

Bueno, pues si queréis ir a visitar este bonito pueblo os recomiendo casas rurales que podréis encontrar indagando por Internet, que más o menos salen bien de precio. Podéis ir en autobús desde Moncloa (en Madrid), cogiendo el c-645 y que llega al mismo pueblo. Se tarda aproximadamente 90 minutos y el billete vale muy poquito (5,65 € que además puede rebajarse si se tiene abono transporte). Si por el contrario te apetece ir en coche, puedes hacerlo por la m-501 por la carretera de San Martín de Valdeiglesias – El Tiemblo – Cebreros – Hoyo del Pinares.

Desde aquí os animo a todos a ir y a recorrer los pequeños rincones de nuestra geografía, que nos deja unos pueblos muy pero que muy bonitos que merecen la pena visitar y que siempre dejamos de lado por el mero hecho de coger un avión y salir fuera de la península.

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