‘Hotel Iris’ y el placer del dolor

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Hotel Iris es, probablemente, la novela más extraña de Yoko Ogawa y, sin duda, la más difícil de valorar. Siempre he apreciado su versatilidad, siendo capaz de coquetear con géneros muy diferentes y teniendo la capacidad de crear las historias más tiernas como La fórmula preferida del profesor, Bailando con elefante y gato o La niña que iba en hipopótamo a la escuela, otras enigmáticas como Perfume de hielo o El museo del silencio, y algunas que recuerdan a un escalofriante thriller como El embarazo de mi hermana con absoluta soltura. Lo que aún me quedaba por descubrir era su vertiente erótica.

Esta novela comienza con una desagradable escena en la que se nos descubre a los dos personajes principales de esta historia: Mari, una joven solitaria de diecisiete años que ayuda a su madre con el negocio familiar, un hotel cerca del mar, y un maduro traductor, un hombre educado y con carácter que oculta unas espeluznantes inclinaciones. Junto a ellos, destacan tres personajes que amplían el círculo de los protagonistas, pero no aportan demasiado a la trama.

Entre la muchacha y el traductor se crea una atracción y una complicidad que deja perplejos a los lectores, especialmente tras la primera excursión de Mari a la isla donde se produce el primer encuentro sexual. A este le seguirán otros, descritos con detalle, que originan más pavor que morbosidad. Personalmente, me han resultado tremendamente desagradables y desasosegantes algunas escenas sadomasoquistas en las que ella participa. Me he quedado con la sensación de no comprender completamente la relación de dependencia y de sumisión que une a la joven con ese hombre perverso.

La narrativa de Yoko Ogawa es cuidada y se agradece porque, a pesar de la trama, logra que la lectura no sea tan incómoda. También destacaría como agradables algunas escenas bellas, de charlas y paseos por la costa, en las que intervienen ambos personajes. La edición de Funambulista es excelente, como es habitual en esta editorial, y reconocemos y celebramos que nos sigan descubriendo a esta escritora japonesa, con sus mejores obras y con las no tan buenas.

 

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