Homenaje a Antonio Machado en once cuentos

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Antonio Machado es una gran figura de las letras hispanas no sólo por su obra poética, (y prosística y teatral, aunque se conozca menos), sino también por su compromiso político y ético con la democracia, con la libertad, con el gobierno legítimo y con el pueblo republicano durante los duros años de la guerra civil. Mártir de la causa republicana junto a García Lorca y Miguel Hernández, sus restos descansan en la pequeña localidad costera de Collioure, en el sur de Francia (o en la Catalunya Nord, si se prefiere), desde el 22 de febrero de 1939. Unos restos que siguen y deben seguir ahí para recordarnos a todos la razón de su forzado exilio. Sobre su vida y su obra se han escrito numerosas páginas, tanto ensayísticas como de creación, y no han sido pocos los homenajes que narradores, poetas, investigadores, dramaturgos, cantantes… han rendido a su memoria.

Siguiendo esta estela, Ediciones Carena nos presenta el libro Ya estamos solos mi corazón y el mar, de María José Ramos, donde, bajo ese verso machadiano que lo titula, se recogen once cuentos singulares, en el sentido más amplio del término. Estos relatos conforman una suerte de biografía parcial y ficcionalizada –aunque de rigurosa base histórica y contrastada, ya que se aprecia la documentación llevada a cabo por la autora− de los últimos tres años de vida del poeta sevillano, desde su evacuación del Madrid sitiado por las bombas fascistas en 1936, hasta su entierro en el cementerio de Collioure en 1939. Este último periplo vital se nos presenta, sin embargo, con Machado como nexo común en los once relatos, pero focalizados cada uno de ellos en un personaje distinto, relacionado de un modo u otro con el poeta.

Así, los dos primeros relatos corresponden a las vivencias de Rafael Alberti y María Teresa León, responsables, en parte, de la evacuación del poeta y su familia hacia Valencia, a las que les sigue (y qué acierto el de Ramos al recuperar en sus páginas a este poeta autodidacta, tan interesante y todavía demasiado desconocido) el relato centrado en Pascual Pla y Beltrán, quien visita a Machado durante su estancia en Rocafort. Pero no todos son personajes reales, exiliados los tres como el propio don Antonio, sino que también conocemos la experiencia de la joven camarera de piso que atenderá a la familia en el Hotel Majestic de Barcelona (donde, por cierto, con motivo del 75 aniversario de la muerte del escritor republicano, el hotel le homenajeó poniendo su nombre a una de sus suites, cuyo precio por noche avergonzaría, sin duda, al humilde poeta), o a la sirvienta que hará lo propio cuando, un tiempo después, se trasladan a la Torre Castanyer, todavía en la capital catalana. El sexto relato cubre el penoso camino hasta la frontera en ese frío enero de 1939 y la parada en la masia donde encontrarán a Llucieta, protagonista de este cuento y, de nuevo, personaje verídico. Y los cinco últimos transcurren ya en Collioure, donde dan voz a los últimos días de don Antonio el jefe de la estación de tren, la dueña del hotel donde se alojará la familia, la propietaria de la mercería que se encontraba al otro lado de la plaza, el hermano del poeta, y un teniente republicano que cargará el féretro del célebre autor hasta el nicho prestado donde reposará antes de su emplace definitivo, donde ahora se encuentra.

Los relatos desprenden humanidad, sensibilidad, honestidad y un gran respeto por mantenerse fieles a los datos reales que se conocen de ese peregrinaje por la España en guerra y el exilio. De este modo, quienes conozcan esos avatares, reconocerán en las páginas de Ramos esos detalles veraces contados, por ejemplo, por José Machado en Últimas soledades del poeta Antonio Machado, el libro que dedica a su hermano, o por Corpus Barga en Los pasos contados, donde recuerda a doña Ana, la madre del poeta, en sus brazos, preguntando cuándo llegarían a Sevilla. Pero estos cuentos, que pueden hacer las delicias de los machadianos aunque conozcan ya la historia del poeta, arrancan también la emoción del lector que nada sabe de esta historia y que la lee con interés y curiosidad, precisamente por el pulso lleno de vida con que Ramos colma a sus personajes.

A través de sus páginas, además, no es sólo el recorrido de Machado el que conocemos, sino la historia de todo un país en guerra y de todo el bando republicano. Gracias a la pluralidad de miradas que conforman estos cuentos el lector se enfrenta también a los traslados del gobierno legítimo de la República –los mismo que hizo don Antonio−; al drama de los niños de la guerra, aquellos pequeños evacuados a otros países para que estuvieran a salvo, mayormente a la URSS, como las sobrinas del poeta; al cruel éxodo de más de medio millón de republicanos que quisieron buscar en Francia un refugio y el recibimiento que el país vecino les brindó, encerrándoles en campos de concentración en las playas heladas, donde murieron tantos.

Ya estamos solos mi corazón y el mar, pues, no es sólo un homenaje a la memoria de Antonio Machado, sino también un homenaje a la memoria del exilio republicano y a la memoria de una guerra incivil que truncó la vida de demasiadas generaciones y de todos los esplendores culturales, artísticos, científicos e intelectuales que despuntaron con la Segunda República. Un libro que despierta la empatía del lector hacia el poeta y su familia, pero también hacia todas las víctimas del conflicto, y que nos recuerda, en palabras de Camus, que “uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma, y que a veces el coraje no tiene recompensa”.

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