Historias De Deleitosa: ¿Quién quiere matar a un gato?

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Desde siempre he tenido mucho contacto con los animales. El primer perro que recuerdo de mi padre fue Rinti y el primer gato Misifú (estaba claro ya desde pequeño mi influencia televisiva) y al vivir en un pueblo los tenías mas a mano que en una gran ciudad. Todavía recuerdo el día en que Misifú se marchó para no volver y resulta que con los años me entero de que lo había atropellado un coche. Desde entonces la lista de mascotas ha sido muy larga: Bumer, Tim, Laudrup, Guti, Linda, Paco,…. Yo era de los que cuando una gata callejera paría en un corral iba a verlos y les llevaba comida a los gatinos. Alguna vez me he llevado la desagradable sorpresa de encontrarmelos todos muertos a mano del valiente de turno. Estoy hablando de recuerdos de hace 30 años, pero por desgracia hace no mucho hemos tenido que pasar por una experiencia similar.

Os pongo en situación. Vivo a las afueras de Deleitosa, en una zona transitada por muchos coches y muchos de ellos van a demasiada velocidad para estar en casco urbano. Algo que tendría fácil solución si el ayuntamiento pusiese un “guardia muerto” como ya ha hecho en la carretera principal, pero de momento no ha sido así. Además al no tener aceras pues no está tan delimitada la zona por donde deben circular los coches, y por donde las personas. Y más de una vez al estar entrando o saliendo de casa algún coche a pasado demasiado cerca. SAMSUNG

En todo pueblo como el mío de poco más de 700 habitantes hay animales por las calles, sobre todo gatos. En la zona cercana a mi casa al ser casi a las afueras y tener cerca cubos de basura es punto de reunión de todos los gatos, ya sean callejeros o con dueño. Imaginaos si mezclamos zona de coches a alta velocidad con muchos gatos: pues algo comprensible, muchos gatos muertos. 

El problema viene cuando les empiezas a dar comida, e incluso a ponerles nombres. Los primeros cuatro hermanos que medio adoptamos les pusimos Seiya, Hyoga, Shiryu y Shun, aunque a esta última la terminamos llamando Asun. Los dos primeros fueron víctimas de lo inevitable y mi madre tuvo que recoger sus cuerpos. Shiryu sufrió un atropello, sobrevivió y desapareció, o eso creemos. Ya sólo quedaba Asun.

IMG-20141004-WA0020Siendo gata callejera, también era inevitable quedarse preñada. Su primera camada fueron cayendo como moscas víctima de las ruedas de los coches, y mi madre recogiendo sus cuerpos. Pero aún así Asun seguía sobreviviendo. Cual fue la sorpresa de mi madre, cuando un buen día, ve aparecer a la gata en nuestra cochera con un gatino en su boca. El instinto de supervivencia le hizo ver a la madre que allí su cría iba a sobrevivir. Y así fue, Michín se convirtió en el gato más travieso e inquieto que he visto en mi vida. Pero después de la cantidad de gatos muertos recogidos no era el mejor sitio para que creciese.

Además teníamos un gallinero donde habíamos conseguido rescatar a dos gatos más, Quirri y Quirritín, en una zona donde no pasaban coches. Era el sitio ideal para llevar a Michín y a su madre, Asun, fuera del peligro. Craso error.

Llevamos a su hijo pero Asun no quiso acompañarle y volvía a la puerta de casa todos los días a pedirle algo de comida a mi madre. Uno de esos días, mi madre vio como la atropellaban delante de ella y tuvo que recoger el último cuerpo, sintiéndose culpable. Mientras su hijo Michín, se había convertido en el mejor gato gallinero junto a Quirri y Quirritín. Y mi madre se comprometía a no volver a dar de comer ni a cogerle cariño a ningún gato más. 

Seguía disfrutando todas las mañanas al ir a echar de comer a las gallinas de encontrarse a Michín en la pared del corral, esperándola. Pero una de esas mañanas no salió a recibirla. “¿Habrá salido a jugar con los mayores?”, pensó mi madre. Pero al abrir la puerta se encontró un reguero de sangre que le llevaba al cuerpo inerte de Michín. ¿Qué había pasado? Después de mucho darle vueltas, y de comprobar que el gato solo tenía una minúscula herida en la cabeza, llegamos a una conclusión: escopeta de balines. Algún impresentable había aprovechado al gato para demostrar su buena puntería con un arma ilegal, según la legislación actual. 

Mi madre tuvo que volver a recoger otro cuerpo sin vida, esta vez entre lágrimas. Desde entonces y ya han pasado varios meses, no hemos tenido que volver a recoger ninguno más, pero los coches siguen pasando demasiado deprisa por una zona donde deberían reducir su velocidad. Al fin y al cabo son solo gatos, puede pensar la mayoría. Pero la próxima vez puede que sea una persona la que caiga bajo las ruedas de un coche, o le disparen con una escopeta de balines. Habría que ponerle remedio antes. Por lo que a mí respecta no quiero que mi madre tengar que recoger ningun gato muerto más. Por eso a la pregunta de ¿Quien quiere matar a un gato?, por desgracia en mi pueblo, ya sea por una causa o por otra, hay más de uno.

[youtube]https://youtu.be/niHMa8sL54Y[/youtube] 

 

 Fotografías propiedad de La Huella Digital

 

 

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