Historia de un cine al borde del abismo

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A cada uno de nosotros nos gusta un tipo de cine, a algunos las buenas historias, las que te llegan adentro y te hacen reflexionar; a otros las que te hacen reír y pasar un buen rato; y a otros las que te suben la adrenalina con grandes escenas de acción. Pero lo que importa es que a todos nos gusta el Cine, porque el cine es la pantalla pero también somos nosotros, nuestras reacciones, nuestras risas y nuestra forma de vivir.

Esta es la historia de un cine y su ciudad. Pero es una historia que está pasando en muchas partes, al mismo tiempo. Todos parecen haber olvidado que el cine no es sólo Hollywood, ni la cultura del espectáculo. También lo son las cientos de películas que han pasado por el “Monopol”, dando la oportunidad al público canario de apreciar otras historias, algunas en versión original, otras no…pero así y todo originales. Unas de Francia, otras de Japón, otras de Lanzarote, La Palma o Gran Canaria… películas que no llenan grandes salas pero que de alguna forma si llenan la existencia de algunos de sus espectadores.

La Navidad se deja notar por todas las calles de Las Palmas. Gentes cargadas con bolsas entran y salen de las tiendas, caminar ya no resulta tan fácil por la calle Mayor de Triana, corazón histórico y comercial de la ciudad. A pesar de ello, llegamos a la Plaza Hurtado de Mendoza, conocida popularmente como plaza de las ranas, por las ranas de su fuente, y que une los barrios históricos de Triana y Vegueta. A pocos metros se encuentran la Catedral de Santa Ana y la Casa de Colón, el Gabinete Literario, la Biblioteca Municipal, el Centro Insular de Cultura y el Teatro Pérez Galdós.  No entramos ahí, sino en el Boulevard Monopol,  pequeño centro comercial, que, a pesar de estar en tan envidiable situación y con la excepción de la Terraza Heineken (donde pocas mesas libres se ven), parece haber “pasado de moda”, al igual que los cines que le dan nombre.  Nos fijamos en la taquilla, no se puede decir que haya cola. Una pareja mayor pide dos entradas para “American Gangster”, película que suena para los Oscar. El resto de la cartelera  está formada desde películas como “Irina Palm”, “El destino de Nunik” o “Lejos de ella” hasta otras como “La Brújula Dorada” o “Encantada”. Películas independientes se confunden entre las grandes producciones de Hollywood como si quisieran “engañar” a algún desconcertado espectador para darle la oportunidad de ver “otras películas”.

En “taquilla” saben que el cierre es una posibilidad, y no les extraña.  Así lo admitió el propietario a los medios y así parece indicar la poca afluencia que reciben a diario. “Ahora en Navidad, ha mejorado la cosa, pero luego volveremos a lo de siempre”.  Nadie parece tener muchas esperanzas, “los milagros de navidad no llegan a una tierra que no ha visto la nieve”. Miguel López es un aspirante a director de cine que ahora estudia en Madrid. Hace un mes recibió un correo electrónico que llamó su atención: “No al cierre del Monopol”.  Los rumores empezaban a circular… primero cerró el Royal, luego el Galaxy’s…si ellos con sólo películas comerciales no duraron, ¿cómo lo va a conseguir el Monopol?  Máxime cuando los  dueños de este, también lo eran del Galaxis, cine que por cierto intentó establecer una sala con versión original, aventura que sólo duró cuatro meses debido a la baja afluencia de público.

En cualquier caso, la decisión todavía no está tomada, y los aficionados al cine independiente no se resignan y se aferran al Festival de Cine Internacional de Las Palmas. El éxito y la consolidación de este festival pasaron por concentrar la mayoría de sus películas en los cines Monopol, que además de convertirse en referente cultural y constituir el único espacio de la capital para el cine menos comercial, también acoge las proyecciones de la Filmoteca Canaria.  Su dueño, Francisco Melo, destaca la voluntad formativa de unos cines donde el número de películas en versión original oscila entre una y tres. No quiere hablar de cierre pero admite que los cines han perdido casi el 50% de público desde 2002, a pesar de realizar grandes ofertas como la de poder ver una película por dos euros, un sábado por la noche.

Para una aficionada al cine como Yaiza Betancourt,  El “Monopol” es un cine al que hay que entender y sentir.  “¿Qué hacemos los que queremos seguir viendo buenas y originales películas en la pantalla grande? ¿Qué pasa con la cultura en este país?”, se pregunta esta asidua del cine independiente. Los ciudadanos de Las Palmas que ven el cine como algo más que una mera forma de entretenimiento pueden quedarse sin lugar a dónde ir.  Según Victoriano Suárez Álamo, crítico del periódico “Canarias 7”, esto sería una tragedia cultural para las islas y supondría la muerte del Festival de Cine.  Es la hora de que las instituciones públicas actúen y la alcaldía haga una apuesta por la cultura, algo esencial para crear una sociedad más plural. Si pueden mantener festivales costosos de ópera o ballet, no deberían dejar perder una oferta mucho más barata y de igual calidad cultural, como es el cine del “Monopol”. Su fin sería el fin del cine comprometido socialmente en la ciudad y en consecuencia, el fin de buena parte de la cultura capitalina.

Parece que los pequeños cines, con sus pequeñas salas, ya no tienen cabida en un mundo dominado por las multisalas de los centros comerciales, las cadenas de potentes grupos empresariales como Yelmo o Cinesa, consagrados a un cine de palomitas, el de las megaproducciones hollywoodienses potencialmente taquilleras. Además, las nuevas ideas no vienen en forma de versiones originales o ciclos económicos sino en retransmisiones de espectáculos deportivos y musicales. El cierre del Monopol dejaría a dejaría a una ciudad como Las Palmas de Gran Canaria con sólo 35 salas, situándose en la media española actual en lo que respecta a la relación entre la población y el número de salas de cine, según los estudios realizados por la Asociación para la Investigación de los Medios de Comunicación (Aimc).

Las afluencias a las salas de cine en España han bajado de forma alarmante en los últimos años, al igual que en el resto del mundo. En el nuevo siglo, 400 salas han visto su cierre y 47 millones de espectadores han dejado de visitar los cines en nuestro país. En Canarias, los multicines Aguere, los Oscar y los Greco de Tenerife y los Royal y los Galaxy’s de Las Palmas, son el ejemplo de esta situación, que en nada difiere del resto del mundo. En Nueva York apenas quedan cines de una sola sala y en la Gran Vía de Madrid ya solo sobreviven 4 de los 13 que antaño hubo.

El cambio en cuanto al consumo de ocio que se ha producido en los últimos años es una de las causas de esta situación. La competencia con los nuevos formatos de pantalla y la comodidad del “cine en casa” afectan a una industria que parece tener solo hueco para las grandes producciones estadounidenses. Si a esto añadimos las miles de descargas diarias de películas a través de Internet totalmente gratis y el consecuente aumento de precio de las entradas de cine, la situación no parece dar lugar a la esperanza. 

Es en estos momentos cuando nos viene a la mente una de esas películas que marcaron un antes y un después en la historia del cine, quizá no por su repercusión pero sí por su belleza: “Cinema Paradiso”. En una pequeña aldea siciliana, después de la II Guerra Mundial, un niño crece rodeado por la magia del cine. Totó es hijo de una familia rota, y buscará una figura paternal en Alfredo, el proyeccionista del cine del pueblo. Su amistad con este lo marcara de por vida y lo ligara eternamente al hechizo del séptimo arte. Alfredo le enseña todo lo relacionado con el mundo del cine pero por encima de todo le enseñara a vivir, a amar y a luchar por lo que ama.  La cabina de proyección se convierte así en el lugar de donde  nace la magia. Allí confluirán todos los sueños de Totó, olvidará todas las penas de su vida y se dejara llevar por los encantos del séptimo arte.

Esa es la historia de “Cinema Paradiso”. Un homenaje al nacimiento de los sueños y a lo que representa el sueño del cine en cada uno de nosotros. La película nos lleva de la mano hasta la nostalgia de la infancia, del cambio, del momento en el que tenemos que encontrar nuestro destino y no mirar atrás, dejando a la espalda la película de nuestra propia vida.

Por la sala del pueblo pasan personajes emblemáticos: el apasionado que se sabe el guión al derecho y al revés, el rico del pueblo y el loco, el sucio que escupe refugiándose en la oscuridad, los chiquillos embelesados con los héroes, los enamorados haciendo el amor… Y por el “Monopol” pasan los ciudadanos de Las Palmas que no tienen otro cine en el que expongan las películas que quieren ver, las historias que quieren oír y sentir. Quizá no sea tan romántico, pero sí igual de necesario. Quizá no se conocen entre ellos pero comparten momentos intensos. Ni siquiera son muchos, pero también tienen sus derechos. Y también se dejan ahí una parte de sus vidas.

Fuentes del texto:
www.canarias7.es
www.filmaffinity.com
Fuentes de las imágenes:
www.imdb.com
www.sagdernafilm.com
http://blogs.hoycinema.com

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