Hipócrita o justa sanción, esa es la cuestión

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España juega estos días el Campeonato de Europa de fútbol sala. En cuartos de final se enfrentaban ante Rusia para saber quien obtenía el pase a las semifinales. El partido termina con un empate en el marcador que obliga a la famosa y architemida tanda de penaltis. En el último penalti, decisivo y que otorgaba el pase a nuestra selección, los españoles metían gol de forma clara y los árbitros lo anulaban sin saber bien por qué motivo. Ante este abuso de autoridad clamoroso se montó un buen jaleo en Hungría, donde se celebra el campeonato, con las quejas de los jugadores y equipo técnico español. Hay que explicar que en el fútbol sala al igual que en baloncesto hay unos jueces de mesas, ya que en estos deportes a veces las jugadas son muy rápidas y los tiempos del cronometro son cruciales, que son quienes revisan, a través de televisiones, las jugadas más polémicas y discuten la situación. En este caso determinaron que se debía continuar con la tanda de penaltis.

Los jugadores españoles pidieron a los rusos, en gesto de deportividad, que tiraran el balón fuera en su turno. Pero está visto que el mundo es de los listos. Rusia tiro a puerta con intención de marcar y así pasó. Al final España consiguió ganar en la tanda de penaltis sin ningún reintento de boicot por parte de los árbitros. En estos instantes España es ya finalista del Campeonato, Rusia está otra vez en la madre patria y los árbitros han sido “sancionados”. En principio la idea de sancionar a un árbitro por hacer mal, bueno, fatal su trabajo no es mala. De hecho es una grandiosa idea. Lo que tiene de falso esta reprimenda es que solo se haya realizado en un caso de mala praxis arbitral y no en todos. Durante la historia del deporte, sobre todo en fútbol, hemos podido ver como hay errores arbitrales humanos y errores arbitrales más relacionados con la economía, el politiqueo o la teoría de “llenarse de pasta gansa los bolsillos”. Hablemos de la mano de Dios, claro ejemplo de cuándo un árbitro no quiere ver o de cuando la UEFA y la FIFA no quieren encender la tele para ver la repetición. Todo el mundo en ese estadio y fuera de él supo en ese momento y después que la mano de Dios fue gracias a la miopía generalizada de la autoridad. Otra mano que pasará a la historia es la de Henry hace apenas dos meses. Clamorosa, impresionante que no la viera ni el árbitro, ni el linier y tampoco Plattini en su casa con las miles de panorámicas del empujoncito francés al balón. O podemos hablar del gol anulado a España en el mundial de Corea y Japón. No interesaba entonces que hubiera dos países del mismo continente en las semifinales de un Campeonato del Mundo. Lo dicho, puro politiqueo. Así que en la final de este Europeo de futbol sala, esos árbitros que quisieron jugársela a la roja, no pitarán y encima han sido castigados con sanciones de no volver a arbitrar. Qué gran ejemplo. A lo mejor de ahora en adelante se aplica a todo lo demás. Aunque me da en la nariz que esto, realmente, no ocurrirá. Ha sido un ataque momentáneo de sensatez y eso no puede abundar, debe estar prohibido por ley.

Fuente de la imagen
www.marca.com

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