Hillary Clinton, la voz institucional del neorrealismo americano

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No salió en la tele, ni lo vimos en la prensa, ni lo escuchamos en la radio. Pero hace unos días Hillary Clinton, Secretaria de Estado de EE.UU., advertía del peligro que suponía la actual situación económica de su país de cara a perder “una oportunidad para redefinir sus políticas en Oriente Próximo”.

Clinton lamentaba las discusiones entre demócratas y republicanos porque ocupaban un tiempo necesario para actuar en el escenario internacional, al mismo tiempo que ofrecían una imagen de división dentro del propio país.

Ahora bien, ¿qué significa eso de redefinir sus políticas en Oriente Próximo? Básicamente no perder ni una pizca del liderazgo internacional que tiene EU.UU. Es decir, no rebajar la fuerza ni el poder en los puntos estratégicos que se tienen medianamente controlados para que el statu quo siga inamovible. Estos puntos, hoy calientes, se sitúan en países como Egipto o Túnez, en pleno proceso de creación de un nuevo régimen, o Libia y Siria, enzarzados en conflictos internos (aunque cuenten con presencia/influencia exterior). Se presenta como un “apoyo prestado a las fuerzas democráticas emergentes”, pero eso se traduce en tener la situación controlada desde el principio de estos nuevos regímenes para tener todo atado y bien atado. Hace pocos días, de hecho, EE.UU. pedía que se liberasen 1.500 millones de dólares (bloqueados en la actualidad) para financiar al Consejo Nacional de Transición libio. En definitiva, se trata de evitar que esta ola revolucionaria que comenzó a principios de año en el mundo árabe no siga los pasos que Occidente ve como buenos.

Clinton, y junto a ella, Leon Panetta (secretario de Defensa), temen que una época de austeridad lleve al recorte militar y diplomático. Hace falta “seguir siendo fuertes y capaces de proyectar el poder estadounidense que está en juego”, literalmente. En definitiva, que si llega el momento de recortar y hay que elegir entre recortes sociales y militares, ya se sabe por qué alternativa se decanta Clinton.

Todo esto sólo sirve como ejemplo de dos cosas. Por un lado, que los valores de EE.UU. en cuanto a la diplomacia y el poder internacionales siguen basándose en un realismo puro. Y por otro, que estamos, como algunos autores ya predecían hace años (aunque sólo ahora sea un hecho mediático), ante un Imperio en sus últimas; un Imperio al que se le caen sus pilares y tiene que hacer lo que sea para seguir (o hacer creer que sigue) teniendo la misma fuerza que antaño. Una fuerza/influencia que ha perdido económica, militar e internacionalmente. Esto de Clinton es sólo un mensaje de desesperación…

Fuente imágenes:
http://www.wbrz.com/images/news/photos/HillaryClinton.jpg

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