¿Hay compromiso social en el fútbol?

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Los equipos de fútbol y sus jugadores son referencias para la sociedad; sus actos y decisiones tienen un gran impacto. Ambos tienen la responsabilidad de colaborar y participar en actos sociales.

El fútbol es una poderosa herramienta social en África. Fotografía: UNICEF - Champions for Africa
El fútbol es una poderosa herramienta social en África. Fotografía: UNICEF – Champions for Africa

El término fútbol llego en 1863 con la fundación de The Football Association y las Islas Británicas fueron su origen. Desde un principio, este deporte tuvo una gran marca social, ya que los primeros clubes ingleses nacieron a través de colegios, parroquias o empresas.

Durante la Revolución Industrial, las empresas trataban de entretener a sus trabajadores porque estaban sometidos a duras jornadas laborales y al acabar se reunían para beber, lo que hacía disminuir su productividad. La creación de un equipo de fútbol era la forma de llevarlos por el ‘buen camino’ y mantener su rendimiento.

A partir de aquí y a través del tiempo, el fútbol y la sociedad han ido evolucionando de manera distinta, y el compromiso social de los equipos ha quedado reducido a un segundo plano, dejando paso a otros aspectos como el mercado de fichajes y sus cifras espeluznantes, destacando el fichaje del jugador galés Gareth Bale por cerca de 100 millones de euros.

El fútbol tiene la capacidad de igualar a todos los estamentos sociales, y esto se observa en la influencia de las actividades de los equipos en todos ellos. Como consecuencia, desde hace unos pocos años, los clubes tienen un mayor interés por su buena imagen y por querer referenciar de forma positiva.

Esto se puede observar en la creación de numerosas fundaciones por parte de algunos clubes como Sevilla, Valencia y Barcelona; y por parte de futbolistas, como Iker Casillas o Frédéric Kanouté, que sirven para fomentar la educación a través de los valores del deporte y como canal para la recaudación de fondos con destino social, por ejemplo, con la celebración de partidos benéficos.

No solo equipos y jugadores, también otros organismos trabajan sobre este aspecto como la Federación de Fútbol de Alemania y la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación) con su programa Fair Play, que legisla sobre el juego limpio, la deportividad o el racismo con un código de conducta para jugadores, equipos y aficiones. Además, este programa cuenta con una comisión propia que vela por su cumplimiento. Estas dos organizaciones sirven como modelo para ejemplificar cómo se puede tratar esta materia.

Pese a que con las nuevas acciones y medidas que toman jugadores y dirigentes se demuestre un buen nivel de conciencia en cuanto al compromiso social, dando prioridad a la evolución de las actividades de apoyo para la formación, todavía no son conscientes de su verdadero alcance, de todo lo que suponen para la sociedad. Aún tienen y deben aprender cómo utilizar el arma de la influencia, ya que esta puede ser positiva y negativa. No todo puede ser buena imagen, se deben dejar atrás aspectos que carezcan de importancia.

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