Alejandro Marcos Ortega: “Hay bastante más verdad en mi novela que entre cualquier hoja de un periódico”

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La primera novela de Alejandro Marcos Ortega, escritor, profesor de escritores y colaborador de Literatura Chévere, se presenta mañana en Madrid. Charlamos con él a propósito de El final del duelo.

 

e1d82029464a99fa9c7ddc114fe87fbaP.- Cuéntanos sobre la gestación del libro. ¿Cuánto tiempo te ha llevado? ¿Cómo se inició este proyecto?

R.- Durante el comienzo de 2012 asistí al curso de Literatura Fantástica de la Escuela de Escritores y tenía intención de seguir haciéndolo después del verano para reescribir una novela que tenía empezada hace mucho tiempo. Sin embargo, ese verano, se me ocurrió la idea de El final del duelo y decidí cambiar de proyecto. Digamos que la historia se me metió en la cabeza y no me dejaba hacer nada más. No tuve más opción, he mentido cuando dije que lo decidí. Cualquier escritor sabe a lo que me refiero. La escritura me llevó nueve meses, más un par de revisiones posteriores a lo largo de un año (el embarazo y el cuidado habitual hasta que pudo andar solo).

P.- Isaías, Saúl, David, Arón, Isaac… algunos de los protagonistas de El final del duelo llevan nombres bíblicos, más específicamente del Antiguo Testamento. ¿Por alguna razón en especial?

R.- He de confesar que no, que simplemente me sonaban bien, aunque más tarde, a la mitad de la novela, analizando el porqué de estos nombres (a mí mismo también me pareció curioso), llegué a la conclusión de que me sonaban bien porque mi historia remite a un tiempo que pudo ser pasado, pero que en realidad es presente y tiene algo de futuro. Esa atemporalidad del libro queda reflejada también en la elección de los nombres. A partir de ese punto lo fomenté y traté de buscar siempre nombres del Antiguo Testamento.

Elfinaldelduelo-webP.- Orciny Press, el sello que edita tu novela, se estrena contigo. ¿Cómo fue el proceso de búsqueda de editor? ¿Qué acogida ha tenido tu libro hasta el momento?

R.- En realidad fue el editor el que me encontró a mí. Yo estaba muy satisfecho con haber escrito la novela y la tenía guardada para mí. Estaba tranquilo y no intenté enviársela a ningún editor como había hecho con las anteriores. Había conseguido que el ego se durmiera por un tiempo. De pronto, la profesora del curso de Literatura Fantástica, Inés Arias de Reyna, me escribió diciéndome que le había hablado de mi novela a un editor que también estaba comenzando y que quería echarle un vistazo. Se la envié y desde entonces ha sido un flechazo continuo. Me encuentro muy a gusto en Orciny Press y me están tratando estupendamente. Creo que para los dos es algo bueno empezar a publicar a la vez. Hablamos mucho sobre los pasos a seguir y ellos están tan ilusionados como yo con cada venta. Creo que es un proceso bonito y que quizás no me habría sentido así de acogido en una editorial grande.

En cuanto a la acogida del libro, aún es pronto para decirlo, pero para mí ya está siendo mayor de lo que esperaba. No contaba con ningún lector que no conociera personalmente o que no fuera “amigo de”, sin embargo he recibido felicitaciones y críticas de gente totalmente ajena a mi círculo de amistades. Para mí, que una sola persona se tome la molestia de comprar tu libro y leerlo sin conocerte de nada en la situación en la que estamos, ya me parece una acogida perfecta.

P.- Contextualicemos el nacimiento de tu libro en un lugar y un tiempo concretos: España, 2015. A la crisis se le une el fomento nulo de la cultura y la asfixia de la educación. ¿Por qué estamos tan lejos de la media europea en hábitos de lectura?

R.- Me coloco mis gafas de pasta para contestar a esta pregunta. No enciendo la pipa porque no la tengo a mano…  Yo creo que la gente no lee por una acumulación de factores. El primero de todos es la pereza. Habiendo fútbol y Gran Hermano, ¿quién va a abrir un libro? Estoy cansado de escuchar: “No leo porque no tengo tiempo”, “No leo porque es muy caro”, “No leo porque no encuentro nada que me guste”. Lo peor de todo es que esa gente espera algún tipo de consuelo, esperan que les des una palmada en la espalda y les digas: “No pasa nada, no es tan importante”. Pero lo que en realidad estás deseando decirles es: “No, señor/a, usted no lee porque no le da la gana. No tiene por qué leer, eso es cierto, no es tan importante (para usted), pero no diga que no lee porque no puede. No lee porque no quiere”.

Otro factor importante que empobrece la lectura es el modo de abordarla en la educación. A nadie le gusta leer La Celestina con catorce años. No se puede abordar la lectura de un libro para después hacer un examen. ¿Cómo se puede haber leído bien o mal un libro? Es algo que me horroriza. Si se quieren hacer exámenes de comprensión lectora que se empleen textos de Internet o periodísticos, pero no de literatura.

Imagen de Orciny Press
Imagen de Orciny Press

P.- La pregunta del millón: ¿se puede vivir de escribir? ¿Qué retrato harías de la figura del escritor actual, al menos en este país y centrándote en tu generación?

R.- España siempre ha sido un país en el que se escribe más que se lee. Mucho más. Quizás ahora eso se nota mucho por las caídas en las ventas del sector editorial, pero es un fenómeno inherente a nuestra cultura. Somos un país de gente que habla contando su verdad, pero que no escucha la de los demás.

¿Es posible vivir de la escritura? Sí, es posible. Pero no es probable. Y hasta cierto punto igual es hasta bueno. Los derechos por la venta de libros son bajos y las ventas son las justas. Es complicado, pero no imposible. Personalmente no me importaría pegar el pelotazo y retirarme a escribir, pero vivir de la escritura, para mí, es pervertirla un poco. Cuando una cosa se convierte en tu medio de vida deja de ser interesante, deja de ser una liberación, un placer. Yo me planifico las horas que puedo escribir a la semana y las exprimo al máximo. Trabajo para ganarme esas horas de escritura. Si fuera al revés, si escribiera para ganar dinero, quizás no me sentiría tan bien frente al ordenador.

En cuanto al escritor de mi generación solo hay dos tipos: el becado que gana premios y, en efecto, vive de la escritura (al menos momentáneamente); y el que compagina su actividad literaria con cualquier otro trabajo. Y los hay de todo tipo, no solo profesores y periodistas. Yo soy de los segundos y, de momento, bastante contento de serlo.

P.- Leila Guerriero comentaba en Zona de obras que a ella no le gusta el acto de escribir, que le deja a uno exhausto; sino que le gusta el resultado. ¿Te pasa lo mismo? ¿Cuáles son tus costumbres relacionadas con el hábito de escribir? ¿Has sufrido el temido bloqueo del escritor?

R.- No estoy nada de acuerdo con esa frase. Lo único que me gusta de escribir es el acto de escribir en sí. No me gusta corregir, lo odio; y no me suele gustar el resultado. Pero el momento de la creación, el momento en el que verdaderamente el escritor es libre, es una gozada. Con casi ninguna cosa más he tenido esa sensación de perderme, de no saber dónde he estado al regresar. Lo que sale necesita retoques, pero esa sensación es inigualable. Por eso nunca reviso al acabar de escribir, reviso al principio. Además así dejo reposar el texto un tiempo. No es bueno para mí revisarlo cuando aún no he salido del todo de la escritura, estoy demasiado afectado aún por ella. Podría dejarme chafado si lo que ha salido es malo. Sin embargo, justo antes de volver a escribir al día siguiente, sí que releo (en voz alta siempre) lo escrito el día anterior. De este modo me vuelvo a inundar del estilo de la novela y puedo corregir algunas cosas. Después ya estoy preparado para continuar.

El bloqueo del escritor existe, pero en realidad es una mentira. Suele suceder por dos cosas: o no se tiene nada que decir, o no se quiere decir nada. Si se quiere escribir y se tiene algo que decir, se escribe.

Imagen de Orciny Press
Imagen de Orciny Press

P.- Tal como apunta Inés Arias de Reyna en el prólogo, leer esta novela es prácticamente asomarse a un episodio de Pokémon o a un videojuego tipo Final Fantasy. ¿Qué influencias reconoces en tu estilo?

R.- Esas dos por ejemplo son muy claras. Los videojuegos marcaron mi adolescencia (esa que no termina nunca). Aparte, también hay bastante influencia del anime japonés. El estilo de la magia recuerda mucho a Avatar (el anime), pero es algo que han visto los demás y de lo que yo no era consciente al escribir. Probablemente todo me ha influenciado. El sistema de batallas se me ocurrió viendo una exhibición de street dance en Inglaterra, con eso te lo digo todo.

Tanto en esos dos videojuegos como en los animes japoneses, existe esa mezcla de acción y reflexión que me parece tan interesante y que he querido reflejar en la novela. Es algo que, según mi opinión, se hace poco en Europa y nunca he entendido por qué. Son peleas de magos, es cierto, pero esos magos son personas que tienen unos conflictos internos tan importantes como los que reflejan peleando.

P.- También, en el prólogo, la autora señala que la voz narrativa que has empleado –segunda persona- es arriesgada, cosa con la que concuerdo. ¿Qué te llevó a elegir esa modalidad?

R.- Empecé la novela tres veces con tres voces distintas, pero, a pesar de que no estaban mal, no me notaba cómodo. Quería contar la historia de Jero, pero no quería contarla desde su punto de vista ni quedaba verosímil que Saúl la contara porque sí. Me gustan las voces en segunda persona, me parecen íntimas y además, esta en concreto, me permitía tener la excusa perfecta para narrar la aventura de Jero y los recuerdos de Saúl. Cuando empecé con esa voz todo salió del tirón, ya no hubo marcha atrás. Creo que hay historias que tienen sus voces y que eso hace la novela completamente. Mi novela es, prácticamente, esa voz.

P.- Pese a tu formación como periodista, profesional que habitualmente se mueve –¡o debería!- en el terreno de la no ficción, has decidido probar suerte en el de la fantasía. ¿Es lo que lees habitualmente? ¿Qué tipo de literatura consumes?

R.- Leo de todo. Creo que eso es algo muy importante. Tengo otras dos novelas escritas y solo una de ellas también es fantástica. No me gustaría ser un escritor de literatura fantástica, pero no por la etiqueta de fantástica, sino por no ser un escritor de una sola cosa.

Soy licenciado en Periodismo, pero nunca he sido periodista y hasta me alegro de ello. Hay bastante más verdad en mi novela que entre cualquier hoja de un periódico cualquiera. Y probablemente también más objetividad. Y que conste que no alabo mi novela, sino que critico el periodismo. Acabé muy saturado de él cuando acabé la carrera. Hay pocos profesionales verdaderos y casi siempre están ahogados por los grupos editoriales.

P.- Escribías desde mucho antes de iniciar el Máster de Escuela de Escritores. ¿En qué medida y en qué aspectos te ha ayudado a perfeccionar el hábito de la escritura?

R.- Me han ayudado mucho. Mucho. Me han enseñado técnicas que ahora mismo son clave para mí y mi escritura. He podido potenciar al máximo mi creatividad y mi capacidad como escritor. Es innegable que nadie puede enseñarte a tener talento, pero sí que se puede aprender a sacar lo mejor de ti mismo y a emplearte a fondo. Nunca he entendido ese miedo a la enseñanza de la escritura y no a la enseñanza de cualquier otra arte como la danza, la canción o la pintura. Parece que si eres buen escritor tienes que serlo porque ha venido el hada mágica a tocarte con la varita, mientras que un buen pintor lo es porque ha aprendido de los mejores. Hay genios en la escritura, eso es cierto, pero no nacieron aprendidos.

 

La presentación de “El final del duelo” será mañana 28 de febrero, a las 19 horas, en la Escuela de Escritores (c/ Francisco de Rojas, 2 – 1º derecha), Madrid. La novela también se presentará en Barcelona el día 14 de marzo (Librería Gigamesh, 18 horas), y en Alcalá de Henares el día 20 de marzo (Librería Diógenes, 20:30 horas). Más información sobre la novela de Alejandro Marcos Ortega en la web de Orciny Press y en su cuenta de Twitter.

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