Havalina, incursiones para los sentidos

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Con toda su munición preparada, Havalina recibía a sus seguidores más puntuales este sábado en la madrileña sala Cats, justo a la hora y minutos previstos, comenzando a interpretar sus primeros temas mientras el lugar se abarrotaba por momentos.

Manuel Cabezalí, de Havalina, durante su concierto en la sala CatsLas caras que recién llegadas todavía se aclimataban al ambiente, tardaron poco en engancharse a uno de los primeros temazos de la banda: “Imperfección”. Y es que Manuel Cabezalí (voz y guitarra), Javier Couceiro (Batería) e Ignacio Celma (bajo y coros) no se hicieron de rogar y lanzaron en la primera parte del concierto las joyas de su último disco: “Viaje al sol” y “Norte”. Así, una después de otra. Y qué mejor forma de caldear el ambiente.

Después de transportar a su público en ese abrasador viaje hacia el centro de sus entrañas y de que la fría melodía de “Norte” los intentara derretir en sudor, llegaba el turno para “A golpe de bisturí”, la primera canción del primer disco de Havalina con ese nombre bautizados.

Hasta el momento los asistentes disfrutaban de cada tema a su manera, interiorizando cada acorde, cada metáfora, visualizando con los ojos cerrados, poniendo imágenes al relato de la música, como si se tratara del videoclip de sus propias experiencias. Pero “Compañías felinas” con su agitado ritmo sacó del ensimismamiento a la sala y el suelo empezó a retumbar con los primeros saltos.

Una melodía entre misteriosa, onírica y con un punto de tensión sonaba típicamente a Havalina, podría ser cualquier canción pero su público sabía muy bien que se trataba de “Objetos personales”. Una sola frase: “siempre quise estar desnudo en tu habitación” fue suficiente para despertar la euforia y los bajos instintos. Y es que “Incursiones” es toda una explosión de intenciones.

El grado de compenetración entre las guitarras y bajos con las manos de sus músicos era máxima: ellos disfrutaban rasgueando cada cuerda y los instrumentos se dejaban querer. Y el resultado de todo esto no podía ser otro que un ambiente de desbordante música que rebosaba por los cuatro costados.

Por su parte, Manuel Cabezalí disfrutó especialmente interpretando el tema “Música para peces”. Sus movimientos se acompasaban a los sonidos que generaba, como si cada uno de los acordes desfilara en una fila de hormigas, que ascendiendo poco a poco de los pies al pecho, se le clavara en cada resquicio de su cuerpo. Se retorcía, saltaba, se doblaba en dos y agitaba la cabeza estrepitosamente como si tuviera que dejar la vida en esa canción. Después de esto ya era difícil entregarse más, pero aún quedaban otros temas a modo de cierre: “Cuando todos duermen”, “Animal dormido, animal despierto” y “Desierto”.

Fotografía: María Montes

1 Comentario

  1. Genial la forma de transmitir las emociones de los diferentes momentos del concierto. Sin dudarlo voy a incorporarles a mis listas de Spotify. Muy buena calidad musical la de este grupo.

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