¿Has soñado con vivir en Notting Hill?

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Vivir en el londinense barrio de Notting Hill es todo un privilegio. Ser huésped de una de esas casas de colores alrededor de las que todos los sábados se instala por unas horas el mercadillo de Portobello hace que seas envidiado por todos los turistas que pasean por esa céntrica calle entre el bullicio de cientos de personas. Que los libros sean tu vida y una tienda de ejemplares antiguos tu modo de vivir te hace por lo menos peculiar. Pero si a eso le sumamos que te llamas James, vistes pitillos ajustados, chaleco y sombrero te hace único.
Paseando por Portobello Road siento cierta envidia de los personajillos que salen de esos portales de colores con su propio estilo y rara vez sin la compañía de un par de libros entre sus manos. Pero como no tengo el privilegio de tener una casa en esa famosa calle londinense y tampoco tengo la suerte de ser escritora ni regentar una tienda de antigüedades y mi estilo bien podría ser copiado por cualquier mortal, tengo que conformarme con hablar de otros e imaginarme la vida de éstos.

James está cerca de cumplir los treinta, pero hace casi quince que sopla las velas solo. Sin todavía la mayoría de edad dejó su casa familiar para dedicarse a lo que él le daba realmente la vida, los libros. Visto así podríamos pensar que es uno de esos obsesos literarios que pueden estar horas y horas hablando de los grandes, pero aunque esto era capaz de hacerlo sin ningún tipo de titubeo lo de obseso quizás lo vea como un adjetivo desmesurado para su persona y sus vicios.

Una mesa frente a una pequeña ventana que da a esta calle, llena de papeles no muy bien organizados, uno o dos lápices y una pluma, al lado de una de las patas de esa mesa una papelera de alambres entrelazados que guarda folios arrugados de ideas que no llegaron a ser más. Encima de una pila de libros tapizados en piel un portátil blanco. A su derecha un cenicero de pie, lleno de colillas consumidas por sus pulmones y posibles causantes de la voz un tanto grave con la que James pronuncia su inglés con acento francés.

Aunque hace más de cinco años que se instaló en Londres guarda como prueba de su nacionalidad esa pronunciación tan peculiar que tiene la gente de Francia, así como una buena selección de quesos en su cocina. Además el té nunca llegó a ser su bebida favorita y el café con brioches se convierten todas las mañanas a eso de las 6 en su desayuno a la francesa.

Este desayuno cede el paso a días más o menos tranquilos para James, mientras que los miles de turistas están esperando a que el reloj marque las nueve de la mañana para que esa calle se transforme en un bazar de antigüedades, James prefiere que sea domingo para que falten siete días para que esa ida y venida de gente se repita.

En las decenas de sábados que he visitado este mercadillo durante este año y alguna otra visita que hice en mis primeras estancias en la capital siempre he visto a personas como James, personas que guardan un misterio entre su vestuario, su forma de mirar y quizás también en los libros que trasladan de un lugar a otro como si fuesen tesoros divinos. Y las mismas veces me he preguntado si forman parte de esta zona, si son extras pagados por el ayuntamiento de Londres o que simplemente existen para que gente como yo hablemos de ellos.

De hecho ya lo hizo el director del éxito cinematográfico Notting Hill dándole el papel a Hugh Grant, un librero londinense. Claro que los años han cambiado y ahora no será la mismísima Ana Scott, (Julia Roberts) la que se importune en su librería en busca de un libro de viajes, pero quizás sea Penélope la que pasee por Portobello Road y entre en la tienda de James para ver que todo lo que he contado aquí quizás sea verdad.

1 Comentario

  1. Me encantaría trabajar de au pair en Nothing Hill. Veo que escribes del lugar. Conocerías alguna familia que necesite au pair? Me está costando buscar en esta zona y me encantaría poder ir cuanto antes. Mi email es: Vanessa.florsan@gmail.com
    Me encantaría recibir una respuesta. Toda aportación me vendría muy bien. GRACIAS.

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