Hace 11 años…

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Recuerdo la desolación y la tristeza que me transmitían aquel día mientras los informativos relataban la horrible noticia. Una oleada de imágenes de un sucio portal y de un grupo de música encabezaba el telediario aquel día, de repente se halló el silencio más profundo; todos quedaron atónitos y yo con tan sólo 10 años observaba a mi madre que permanecía completamente pegada a la pantalla del televisor abrumada y pálida. Un tal Enrique Urquijo había fallecido el 17 de noviembre de 1999.

Al terminar la noticia una nostálgica y angustiosa conversación se apoderó del ambiente: ¡Ay Dios mío!, ¿Te acuerdas de Los Secretos, los que cantaban “Déjame”?, ¡Enrique era el cantante, ese chico moreno! Ese mismo día que yo me sentí tan mal al observar todo aquello, sin todavía saberlo, había muerto un genio.

A partir de aquel día aquello me causó gran impresión; empecé por escuchar sus canciones y empaparme de su historia, poco a poco hice de su música algo mío.

Descubrí que aquel hombre del que hablaban ese fatídico día era un autentico creador de arte, estaba claro que poseía un gran don, el don de la música y la poesía, el don del sentimiento. Era la capacidad de expresar algo suyo y de convertirlo en algo tuyo, la destreza de hacer temblar el alma con esa voz melancólica e inconfundible.

Cada vez que le veo en fotos o en videos y miro sus ojos, sé que era especial, era diferente, su extrema sensibilidad le hizo sentirse fuera de este mundo. No comprendía la maldad.

Aportó muchísimo al mundo de la música española, tanto en su andadura con Los Secretos que fueron pioneros en traer a España el sonido country-rock, como con Los Problemas, con los que interpretaba preciosas rancheras entre otros estilos. Nos dejó su obra y su esencia, hoy podemos recordarle cada día escuchando su voz y su música y sobre todo gracias su hermano Álvaro, ya que hoy en día Los Secretos continúan su andadura en el mundo de la música.

Regresaron dos años después de la muerte de su líder, una decisión muy dura para Álvaro Urquijo, pero a la vez acertadísima, puesto que es un homenaje constante hacia Enrique y hacia ellos mismos, que llevan más de 30 años subidos en los escenarios y llenando al completo todos sus conciertos. El hecho de que hayan seguido adelante supone el haber enseñado todo su trabajo a multitud de gente y sobre todo jóvenes que no habían tenido la oportunidad de conocerles y que ahora son sus seguidores incondicionales. Su vida es la música, es lo que mejor saben hacer y es lo que son.

Y he de negar la certeza de algunos comentarios que a veces reciben sobre que son un grupo triste y viejo. En primer lugar; en dos horas de concierto te hacen reír constantemente, saltar, cantar, gritar y sí, también llorar; transmitiéndote todo esto no creo ni por asomo que sean un grupo triste, otra cosa es que sus canciones te pongan el vello de punta y te hagan pensar, cosa que dudo que se deba a tristeza, sino a su calidad.

Y en segundo y último lugar, las canciones y los grupos que perduran en el tiempo son los que de verdad merecen la pena. Como una vez me dijo el propio Álvaro: “la música no tiene fecha de caducidad“.

Fuentes de las imágenes:
Efe Eme.

1 Comentario

  1. Un genio único. Yo también tenía 10 años aquel día… en realidad desde que tengo uso de razón, escucho a Enrique urquijo y cada día me llena mas, cada día aprecio mas lo que hizo por la música en este país.

    Saludos!

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