Había una vez un Circo…

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El Gran Circo Mundial visita Madrid ofreciéndonos un espectáculo de color, humor, música y riesgo. Formando largas colas y con un anfiteatro abarrotado, tanto niños como mayores pudieron disfrutar de los más diversos números, desde los payasos de toda la vida a intrépidos motoristas o peligrosos cocodrilos sueltos por el escenario.
Las luces se apagan y de repente un fogonazo seguido de cientos de luces de colores: Bienvenidos al Gran Circo Mundial. El primer número, amenizado por un simpático payaso que después de intentar dar cuerda a 3 peluches consigue que uno corra y se lance a sus brazos. ¡Sorpresa! del interior del peluche de repente sale un blanco caniche que recorre eufórico todo el escenario.

Después, malabaristas del balón, trucos con hasta cinco y seis balones volando sin control. Un “oso hombre” que se sienta, saluda y baila el hula hop o mimos que sin una palabra consiguen contarnos chistes.

Llega el momento de riesgo, en el que la luz se atenúa y el público alza la cabeza hacia el techo del circo. Dos trapecistas del Circo de Moscú colgados de una simple cuerda que consiguen dejarnos boquiabiertos. Saltos, contorsiones imposibles y juegos de pies y manos que asombran a grandes y pequeños. Todo ello con la única seguridad de que una colchoneta inflable les salve de una caída casi mortal.

Con este bello espectáculo se nos olvida que detrás del telón rojo nos esperan elefantes, caballos, cocodrilos, ponys…

El doble de las escenas de riesgo de la película Cocodrilo Dandee nos saluda rodeado de cocodrilos sueltos de todos los tamaños por la arena. Y casi sin pensarlo nos sorprende con dos números de alta tensión no apta para cardíacos. Primero, con toda tranquilidad mete su brazo en la boca del cocodrilo y no contento con eso, le sube a una plataforma, le abre la boca y no duda en meter su cabeza entre las mandíbulas de este imponente reptil.

Después del descanso que todo circo de calidad dispone, volvemos rodeados de elefantes que acompañados de dos bellas circenses realizan curiosas posturas y juegos con ellos acompañados de música.

Y por si se habían olvidado, los equilibristas, en la misma línea de los trapecistas, nos dejan con el corazón encogido con peligrosos números de hasta tres personas en un solo cable.

Para los amantes del motor también tendrán su momento de gloria. Cuatro motoristas introducidos en una pequeña esfera de metal que giran dentro de ella a toda velocidad cruzándose entre ellos y siguiendo con los ojos los destellos de luz en los que se acaban convirtiendo.

Como todo circo que se precie no puede prescindir de una contorsionista profesional que se dobla y retuerce de las formas más inimaginables. Si pensábamos que era imposible disparar un arco con los pies a 6 metros de un globo, totalmente contorsionada y explotarlo, estábamos equivocados.

Y como número final de despedida de este divertido espectáculo salen corriendo unos preciosos ponys acompañados de caniches que saltan sobre ellos realizando divertidas piruetas. No resulta una idea tan descabellada, pero y si les digo: ¿se imaginan a un pony bailando heavy metal? la única forma de averiguarlo es no perderse este fantástico espectáculo del que saldrás con una gran sonrisa habiendo vuelto a ese momento en el que la inocencia es nuestro bien más preciado.

Fuentes de las imágenes:
(Elaboración propia) Mª Carolina Rodríguez López

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