Grandes éxitos y domingos salvados

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Desde aquel rincón de Madrid nadie diría que eran las diez de la noche de un frío e incómodo domingo post navideño. Quedaban muy pocos minutos para que Iñigo Coppel se subiera al escenario de una sala Libertad 8 repleta de seguidores, amigos y curiosos que sin pretenderlo terminarían teniendo algo en común: una impresión final propia de las grandes ocasiones.

Iñigo Coppel

Coppel es un artista inquieto y diferente al que no se puede encuadrar con seguridad en un estilo o entorno concreto, un gran valor invisible para muchos que seguramente sería ampliamente reconocido en un mundo donde la curiosidad fuera obligatoria. Con el rock en las venas -siendo además un gran guitarrista- es capaz de afrontar perfectamente un concierto con banda convencional, pero uno de sus grandes méritos es su independencia, pues el de Getxo puede presumir de no necesitar más que una guitarra y un mínimo espacio, y atención para convencer.

Poco después de las diez de la noche del pasado domingo, las luces apagadas y una grabación del tango “Por una cabeza” anunciaban su salida. Con chupa de cuero, guitarra y sus armónicas a mano estaba a punto de comenzar un concierto de más de dos horas que a nadie de los presentes parecieron agotar. Y qué mejor forma de empezar que con “Madrid para cuerdos y bienhechores”, canción que abre su segundo álbum en solitario y que es toda una declaración de intenciones, desprendiendo una gran tenacidad ante el duro reto de la supervivencia en el mundo de la música. Y es que en el imaginario de Coppel nos encontramos con numerosas autorreferencias, siempre con agudeza y un sentido del humor tan peculiar como escaso en el rock español.

Libertad 8, una sala pensada para escritores, artistas y los cantautores más convencionales, resultó un terreno perfecto para el músico vasco, pues las letras son una parte imprescindible en su repertorio. Así, el concierto continuaba de forma prometedora con canciones como “El tiempo lo cura todo” o “Esto es lo que parece”, que en realidad se podría considerar parte de los momentos de calentamiento, pues el concierto realmente llegaba a un punto álgido con un nuevo tema llamado “Laura y las desventuras del joven Coppel”, una autoparodia a ritmo endiablado con la que se ganó definitivamente al público. Y lo mejor de todo es que solo iba por la cuarta canción.

Avanzaba la noche y llegaban las sorpresas, como una adaptación al castellano del “Me and Julio down by the schoolyard” de Paul Simon; o la presencia de dos invitados: Daniel Merino y Petete. Acompañado a la guitarra por el primero, interpretaría “A mi aire” -obra del propio Merino- y “Rebajas de enero”, acertada versión de Joaquín Sabina. Y antes de un bis donde descargaría la artillería pesada -además de atender varias peticiones-, destacaron hasta tres temas nuevos, que con bastante probabilidad formarán parte de un futuro tercer disco que en estos momentos prepara junto al productor José Nortes.

En primer lugar, “Cambiando el sistema desde dentro”, una crítica a los olvidados sentimientos revolucionarios desde el punto de vista de la madurez, posiblemente dolorosa para los aludidos. Después, un tango de propio cuño, “El tango del amante traicionado”, en el que juega ingeniosamente con la moral establecida. Pero sobre todo destacaba la canción con uno de los títulos menos comerciales que han podido existir: “Iñigo Coppel viaja a la Edad Media y acaba salvando su vida con el rock and roll”, nada menos, una canción muñeca rusa con fantasía, trovadores y rock and roll que, como casi todas las demás, merece la pena escuchar en directo.

El concierto llegaba a su fin, no sin antes alargarlo en la medida de lo posible con el visto bueno del público y canciones como el “Blues hablado sobre el mayor fan de Bob Dylan del mundo” o “En silencio”, redondeando así una noche para recordar.

Fotografías: Bruno Corrales.

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