González Calleja: “El terrorismo es un mal negocio para conseguir objetivos”

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Eduardo González Calleja, historiador y Profesor Titular de Historia Contemporánea de la Universidad Carlos III de Madrid, presentó ayer en FNAC Callao El laboratorio del miedo (Editorial Crítica), un libro que estudia el fenómeno del terrorismo desde el auge de las sociedades secretas anarquistas del XIX hasta la actual Yihad de Al Qaida.

De derecha a izquierda: Eduardo González, autor del libro; Ángel Herrerín y Juan Avilés.

El terrorismo es una de las grandes preocupaciones colectivas de nuestra época. Eduardo González Calleja intenta contextualizar cultural, histórica, social y políticamente aquello que da origen a la aparición de acciones terroristas y engloba por primera vez una historia general del terrorismo, algo que hasta ahora nadie había hecho debido a las dificultades a la hora de definir exactamente este concepto. “La ONU no tiene un convenio internacional contra el terrorismo porque jamás se ha conseguido una definición aceptada por todos. Casi todo el mundo tiene sus terroristas buenos…”, declaró Ángel Herrerín López, profesor titular del Departamento de Historia Contemporánea de la UNED, que acompañó a Calleja durante la presentación.

El laboratorio del miedo se divide en cinco oleadas de violencia terrorista con una duración de entre 35 y 40 años cada una, aproximadamente el ciclo de una vida humana. El autor argumentó que su objetivo ha sido “estudiarlo desde un punto de vista estrictamente histórico tomando como referencia una propuesta de un politólogo norteamericano, David Rappaport, que expone la hipótesis del carácter cíclico de las movilizaciones que tiene el terror como instrumento estratégico prioritario. Cada oleada coincide con un avance técnico que le caracteriza y le da la tónica dominante en ese momento, en caso del terreno anarquista de la primera oleada es la dinamita: el hecho de que aparezca un explosivo fácilmente transportable con un poder de deflagración muy grande da lugar a otro tipo de actividades violentas caracterizadas por un nuevo empleo de armas, en este caso de explosivos para perpetrar esos atentados”, señalaba.

Al igual que con la dinamita, los desarrollos y la modernización contribuyen al incremento de organizaciones terroristas puesto que, en palabras de Calleja, “van surgiendo otros nuevos aditamentos que facilitan la acción terrorista como por ejemplo la mayor accesibilidad a las armas por el incremento del tráfico de armamento, la miniaturización de los explosivos, que ya se pueden llevar en un bolsillo sin problema con una potencia bastante mas intensa. Esto permite una internacionalización de los atentados cuyo ejemplo paradigmático es el secuestro de aviones que se pone de moda a final de los 60’ y principios de los 70. Esto pervive actualmente y por desgracia no hemos cerrado el capitulo de ETA”, apuntaba.

Además de los citados, también estuvo presente durante la presentación Juan Avilés Farré, catedrático del Departamento de Historia Contemporánea de la UNED. Tanto Avilés como Herrerín coincidieron en la enorme labor de documentación que ha tenido que llevar a cabo el autor de El laboratorio del miedo para conseguir este libro que intenta, a fin de cuentas, dar una explicación de a qué nos referimos exactamente cuando hablamos de terrorismo. “Intento dar cuenta de las estrategias terroristas que se han ido formando con mayor o menor fortuna, casi siempre con menor fortuna, es decir, el terrorismo es un mal negocio para conseguir un cambio político a su favor”, comentaba Calleja.

Herrerín calificó al libro como “made in González Calleja”; un trabajo con unas fuentes impresionantes, con una cantidad de archivos y de libros referenciados ingente. “Como historiador, esto me parece abrumador, es un investigador insaciable. En ochocientas y pico páginas hay cerca de 1000 citas bibliográficas. Sólo Eduardo puede hacer esto,” explicó.

En lo que concierne al futuro, el autor concluyó que “hemos visto cómo los elementos de destrucción de los últimos tiempos, como puede ser estrellar aviones comerciales contra edificios, generan un enorme potencial destructivo en vidas pero no se descarta que nos hallemos contra un terrorismo que utilice armamento nuclear, químico o bacteriológico en un futuro más o menos próximo.”

Fotos: Manuela Medina

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