García Vilanova: “No hay ninguna universidad que te pueda preparar para este trabajo”

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Ricardo García Vilanova lleva quince años retratando los horrores de la guerra. Ha estado en Haití, Libia, Afganistán, República Centro Africana o Siria, lugar al que ha dedicado casi tres años de su vida porque considera que sin conocer su historia, su contexto y sin compartir momentos con su gente no podrás saber nada de ellos. Ahora, el fotógrafo da una masterclass en la FNAC de Callao con motivo de la World Press Photo para compartir su experiencia con los que, quizás algún día, cogerán su testigo. ¿Quién sabe?

Es curioso que una profesión tan arriesgada como la de corresponsal de zonas de conflicto despierte tantas pasiones entre los aspirantes a periodista -véase fotógrafos o camarógrafos-. La cifra no es tan exagerada como la de los que desean trabajar en deportes o moda, pero es pasmosa teniendo en cuenta lo que supone dedicarse a ello. Pasar meses y meses en zonas imposibles, destrozadas por las bombas y por las armas más poderosas: el odio y la miseria. Empaparse de las historias de quienes luchan por seguir adelante, tratar de comprender a unos y a otros para darles voz; vivir la catástrofe desde dentro y mantenerse fuera del plano. Y, a veces, retratarlo todo en un reportaje o en una foto que nunca verá la luz porque el foco mediático apunta a otro rincón, porque no vende.

Vilanova entró en este mundillo combinándolo con otros trabajos de fotografía comercial y social -como muchos de sus compañeros, según cuenta- para poder pagarse los viajes y tener material que mostrar a los editores. Ha hecho su carrera como reportero freelance, vendiendo a agencias como Reuters y publicando en prestigiosos medios internacionales como CNN, Al Jazeera, The New York Times o The Guardian, y en nacionales como El País, El Mundo o La Vanguardia. Pasó tres años cubriendo el conflicto de Siria, denunciando con sus fotografías la situación inhumana que vivían -y viven- los civiles contra los que esta guerra se ha cebado especialmente ante la impasible mirada de occidente. Un grupo del ISIS (las siglas en inglés del Estado Islámico en Siria e Irak), le paró los pies en setiembre de 2013 cuando fue secuestrado junto a su compañero Javier Espinosa. Pasaron seis meses en cautiverio hasta que fueron liberados. Sin embargo, esta experiencia no consiguió alejarle de la profesión, sigue trabajando en República Centro Africana y Gaza haciendo lo que mejor sabe: mostrarle al mundo lo que muchos preferirían que quedase oculto en un cajón.

Ricardo García Vilanova
Ricardo García Vilanova.

Pregunta: ¿Puedes contarnos qué vas a contar en la masterclass del World Press Photo?
Respuesta: Básicamente lo que pretendo es dar las claves y sobe todo hablar sobre la forma de trabajo, cómo se empieza, cómo se trabaja, y cómo se desarrolla la gestión en este tipo de zonas de conflicto.

P.: ¿Cómo empieza un reportero de guerra, cómo afrontar esas primeras experiencias?
R.: Lo que siempre aconsejo es que las personas que quieran dedicarse a esto empiecen paulatinamente. He visto muchos casos en diferentes países de personas que sin ningún tipo de experiencia se han puesto directamente a cubrir un conflicto como puede ser Siria o Libia, que son lugares de extrema complejidad. Lo que siempre aconsejo es eso, hacerlo de forma escalada porque al final la experiencia tú la desarrollas en el terreno, no hay ninguna universidad, ninguna escuela ni nada que te pueda preparar para tener este tipo de trabajo o especialidad. Evidentemente te pueden dar las claves, las directrices a nivel teórico, pero la práctica es algo que tienes que hacer tú por ti mismo, y es en el terreno donde te das cuenta si sirves o no para este tipo de trabajo. Cuando se habla de conflictos la gente tiene tendencia a pensar que cuando llegas a uno entras en una zona de guerra donde directamente sufres bombardeos o te disparan y no es así. Tienes tres zonas delimitadas, una primera digamos que es la zona estable, una segunda que es la pre-frontline y por ultimo la frontline. Tú, como periodista, fotógrafo o camarógrafo, puedes desarrollar tu trabajo en esas tres zonas y no tienes que ir o cubrir obligatoriamente las tres, sino donde te sientas cómodo, donde creas que tu trabajo puede tener una mayor repercusión y difusión. Eso solo se aprende con la experiencia.

P.: En tu caso, empezaste cubriendo temas sociales con ONG’s como campos de refugiados y de ahí fuiste pasando a conflictos. ¿Son las ONG’s una buena forma de empezar en este mundillo?
R.: Lo primero que debes tener es una bolsa económica para poder desarrollar estos viajes. La ONG te va a dar el acceso pero no la financiación y la cobertura de este trabajo. Lo que hay que hacer es tener ese montante, bien teniendo un trabajo paralelo o lo que sea y con ese dinero asumir el tema de la logística. Quizás puedas llegar a un acuerdo con la ONG y ellos te podrán cubrir algo, pero lo que es el tema de transportes y los gastos que genera toda esa cobertura seguramente los vas a tener que cubrir tú. El problema es que gran parte de la gente desconoce que trabajar en zonas así, de conflicto, es especialmente caro: los precios en los que te puedes mover son entre 150 y 1000 dólares diarios. Los gastos que genera tener un coche, un fixer o una serie de cosas que son necesarias en este tipo de coberturas, un seguro… son gastos que tienes que tener previstos. Si estás diez días, como mínimo sabes que te vas a gastar 2000 dólares, los cuales tendrás que tener en efectivo. 

P.: ¿Con qué compaginabas al principio para obtener esa bolsa económica?
R.: Yo me dedicaba a la fotografía pero de otro tipo: fotografía comercial, publicitaria y social. Con el dinero que ganaba en esos trabajos invertía todo esa suma de dinero en hacer esos primeros proyectos, los primeros viajes.

La bolsa económica la puedes tener trabajando en cualquier otra cosa que no sea fotografía, pero que te permita ahorrar esa cantidad para empezar. Lo que tienes que tener en cuenta para una cobertura normal de 15 días es que necesitarás dos o tres mil euros. Ese dinero te permite generar una especie de trabajo con el cual puedes mostrar a los editores lo que tú haces. Nadie va a confiar en ti sin conocerte, nadie te va a llamar a la puerta diciéndote: mira, hemos pensado en ti. No, esto no funciona así.

La segunda cosa más importante es el tema de los idiomas, cuantos más idiomas sepas, mejor. Si sabes inglés y francés pues tienes medio mundo, y si encima hablas árabe o tienes nociones del idioma pues bueno, digamos que ya puedes moverte por todos los conflictos que hay en el planeta ahora mismo.

Lo tercero más importante es conocer la historia y generar una red de contactos antes de ir a estos sitios, no puedes llegar a un sitio determinado y no tener ningún contacto y desconocer los actores implicados ni saber absolutamente nada de lo que está sucediendo. 

Afganistán, 2009.
Afganistán, 2009.

P.: ¿Cuánto tiempo dedicas aproximadamente a preparar un nuevo destino?
R.: Depende de si conozco el sitio de antemano o no, no es una cuestión de tiempo sino de base, de crearte como una especie de ‘planning’ de contactos. Es saber cómo vas a llegar allí y cómo moverte por el país, dónde vas a dormir, que tienes una serie de cosas a nivel logístico que te van a permitir hacer tu trabajo. Si llegas y no tienes absolutamente nada, todo el tiempo que hubieras invertido en tu casa lo vas a tener que hacer sobre el terreno, lo que será mucho más costoso, tanto a nivel económico como por el tiempo que necesitarás para preparar todo eso.

P.: ¿Cuál fue la primera zona de conflictos que cubriste?
R.: Lo de qué es una zona de conflicto es ambiguo, ahora he estado en República Centro Africana, ¿eso se puede definir como un conflicto? Tiene evidentemente lugares, picos de tendencias, es una guerra abierta y no siempre es peligroso, por decirlo así. México por ejemplo es un país peligroso, mucho más que algunos, y tampoco se enmarca dentro de la categoría de guerra.

Empecé sobre todo trabajando en los campos de refugiados saharauis, donde estuve la mayor parte con una ONG; después de eso me fui metiendo en otros viajes, en otros países. Intento crear sobre todo proyectos a largo plazo, es lo que he buscado siempre para aprender un poquito sobre cuál es el contexto del país y la situación que se da en el mismo. No creo demasiado en el rollo este de llegar a un sitio y dedicarle una semana y después irte a otro sitio, porque en una semana o en diez días no tienes tiempo para conocer ni aprender ni saber absolutamente nada del país.

P.: Recuerdo que, en unas charlas de Reporteros sin Fronteras en las que participaste el pasado mes de mayo coincidiendo con el Día Internacional de la Prensa, resaltaste la importancia de contar con periodistas que cubran los conflictos, puesto que siempre serán más imparciales que el periodista ciudadano o activista. Pero, ¿no se implica también el periodista en un conflicto después de tres años cubriendo una misma guerra?
R.: Evidentemente, yo siempre digo que en el momento en que decides cubrir un conflicto desde un lado u otro estás perdiendo tu imparcialidad. Lo que pasa es que dentro de todo tendría que existir ese rigor de objetividad, hay que intentar que sea la máxima posible. Quizás hay un cierto intrusismo con el tema de activistas y periodismo ciudadano, pero me refería a que, por ejemplo, tú estás en la carretera y te encuentras un accidente, si tienes nociones médicas vas a ir ahí y vas a intentar aplicar unos conocimientos, pero en el momento en que llegue el médico te apartarás. Cuando hablo de intrusismo me refiero a personas que no se dedican profesionalmente al periodismo, personas que no tienen ningún tipo de experiencia, ningún tipo de estudio y se dedica justamente a eso porque no hay nadie más. Entiendo la función social que ocupa esa persona en ese momento dado, pero la dejo de comprender cuando llegan periodistas, sea un periodista local, autóctono u occidentales.

P.: ¿Cómo mantenerse al margen de las historias que uno ve en situaciones así?
R.: Al final lo que a nosotros nos pase, lo que nosotros sintamos es indiferente. Nosotros tenemos el privilegio de decidir cuándo entramos y salimos del país en un momento determinado. La parte más dramática de los conflictos son los civiles que están atrapados y que no pueden hacer nada por evadirse del mismo. Yo creo que no tiene ningún tipo de relevancia lo que nosotros sintamos, asimilamos o no porque al fin y al cabo nadie nos obliga a ir ahí, es nuestra decisión.

P.: En la última edición de las jornadas de reporteros de guerra en la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense, algunos reporteros hablaban de que el conflicto crea unos sentimientos, una adrenalina que, cuando vuelves a tu vida normal, necesitas recuperar. Una especie de adicción. ¿Te pasa eso a ti también?
R.: No, a mi no me pasa eso, no me siento reflejado en esa opinión.

P.: ¿Has vivido alguna vez una situación personalmente violenta, alguien que no te deje grabar o fotografiar la escena?
R.: Hay que tener en cuenta que en este tipo de situaciones los códigos de conducta que se dan normalmente dejan de existir. Lo que hay tener es mucha mucha empatía y mucho respeto, tú eres consciente en el mismo momento de que no eres aceptado en una situación determinada; ahí tienes dos opciones: ir adelante a hacer la foto o no hacerla. Todo este tipo de actitudes o esta forma de entender el trabajo es subjetivo y va absolutamente ligado en función de la conciencia de cada uno.

Libia, 2011.
Libia, 2011.

P.: ¿Qué se te viene a la cabeza cuando se habla sobre los límites de la profesión?, ¿hacer la foto o ayudar?
R.: Que primero somos personas antes que periodistas. No tienes que dejar de hacer lo que no harías como persona si no fuera por tu profesión. Tienes que hacer lo que te dictamine la conciencia como persona en cada momento.

P.: De los lugares en los que has trabajado, ¿dirías que ha sido Siria el que más te ha impactado?
R.: Bueno, es que Siria realmente ha sido un cambio, una forma diferente de todo lo que yo estaba acostumbrado a ver en un conflicto. Recuerdo que cuando entré por primera vez, que iba con Javier Espinosa y Antonio Pampliega, en octubre de 2011, los tanques, los francotiradores… cargaban contra la población civil. No era un conflicto en el que más o menos se podía respetar a los civiles, evidentemente siempre hay bajas civiles pero en este caso es que eran los objetivos. En ese sentido Siria ha sido un cambio total. Lo que ha pasado allí es monstruoso.

P.: Después de casi 4 años de guerra, ¿qué piensas cuando lees información sobre Siria?
R.: Que no hay solución posible, lamentablemente. Hace unos años si se hubiera hecho lo que se hizo en Libia, si hubiera habido una intervención seguramente ahora estaríamos en otro contexto, pero no la hubo. Aunque hubiera sido en forma de no ofensiva, con un protectorado de no fly zone, con aportación de armas… hubiera cambiado el curso de la historia. Gran parte de los amigos sirios que tengo reprochan que hayan dejado que ese país entre en el caos absoluto en el que se encuentra, y más ahora con todos los grupos que hay. Al principio estaba claro lo que era, pero es que ahora hay una cantidad de actores implicados, de intereses polÍticos y de caos que es inviable que ese país pueda llegar absolutamente a nada.

P.: ¿En qué estás trabajando ahora mismo?
R.: Pues acabo de volver de República Centroafricana y estuve también en Gaza hace poco.

P.: ¿Alguna idea de lo próximo qué vas a hacer?
R.: Sí, pero todavía no hay nada seguro, voy en función de los acontecimientos. Otra cuestión importante es el tema de la gestión de los destinos. Si tú como freelance te vas a un sitio que está copado de periodistas no vas a conseguir vender nada. En mi caso siempre intento buscar destinos donde no haya mucha accesibilidad o donde no haya muchos periodistas, en estas zonas el trabajo es mucho más factible. Tienes acceso a muchas más cosas y puedes moverte de una forma, digamos, más sencilla. Por ejemplo, recuerdo que desde octubre de 2011 hasta agosto de 2012 éramos tres o cuatro fotógrafos los que estábamos en Siria, nadie más. Eso me daba la libertad absoluta de moverme por el país de una forma mucho más asequible que cuando en agosto de 2012 abrieron las fronteras y entraron tal cantidad de periodistas y fotógrafos. Los precios se dispararon, lo que también hizo que fuera más difícil darle salida al trabajo. 

P.: ¿Y qué pasa si no le puedes dar salida a ese trabajo, si “no vende”?
R.: A veces no la hay, a veces pierdes dinero. Cuando estuve en República Centro Africana no tenía nada porque era un conflicto que no interesaba en ese momento, pero eso también forma parte de la profesión. En un momento determinado tienes la capacidad de soportar dos o tres viajes en los que no solo es que no ganes dinero sino que lo pierdes. Pero también está bien que lo hagas porque quieres intentar dar salida a esa historia o situación olvidada.

P.: Ya para terminar, ¿qué dirías que es lo más importante en tu profesión?
R.: Sobre todo tener mucho respeto y mucha empatía. Como decía Kapuscinski, que los cínicos no sirven para este oficio, que [citando a Kapuscinski] “es un error escribir sobre alguien con quien no se ha compartido al menos un tramo de la vida”.

Imágenes cedidas por Ricardo Vilanova

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