Gabriel García Márquez, entre el periodismo y la literatura

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Entre las novedades DEBOLSILLO de Random House Mondadori se encuentra Relato de un náufrago, un reportaje periodístico trasladado al ámbito literario que contiene, en primera persona, el relato del único superviviente del accidente acontecido en el buque Caldas de la marina de guerra de Colombia en 1955.

GR19795.jpgEl 28 de febrero de 1955 se conoció la noticia: ocho marineros de un buque de guerra colombiano habían caído al agua y perdido sus vidas en una espantosa tormenta que azotó la embarcación. Eso es lo que, en un primer momento, se encargaron de difundir los periodistas contratados bajo las órdenes del régimen de la dictadura militar del general Gustavo Rojas Pinilla. A los diez días del incidente apareció el único superviviente de la catástrofe, Luis Alejandro Velasco, que tras haber pasado todo ese tiempo en una balsa sin alimento ni bebida fue convertido de inmediato en el héroe nacional por la propaganda dictatorial: la historia se contó y recontó en todos los medios del país y el marinero protagonizó todo tipo de anuncios promocionando los productos que habían sobrevivido a semejante hazaña, entre los que se encontraban sus zapatos de caucho, cuya suela era imposible de romper para ser devorada y su reloj, que en ningún momento dejó de funcionar.

De manera que cuando el susodicho apareció en la redacción de El Espectador, en la que por entonces Gabriel García Márquez trabajaba como reportero para ofrecer su historia a cambio de una cantidad monetaria razonable, el ahora Premio Nobel -y a la sazón joven periodista- lo rechazó sin dudarlo un instante. El impulso de su compañero Guillermo Cano lo devolvió a la redacción, y así fue como se fraguó la negociación de lo que finalmente fue una revelador e indiscutible prueba de las mentiras del régimen.

En primer lugar, el accidente no había sido provocado por la espantosa tormenta a la que se atribuía la catástrofe, sino a una sobrecarga del buque debida a toda una serie de productos de contrabando que transportaba la marina de guerra desde Mobile, en Alabama (Estados Unidos) hacia Cartagena. Ésta fue la primera sorpresa de García Márquez, a la cual se sumaría otra de vital importancia: la humildad del náufrago, y su capacidad narrativa. De ahí que ambos acordaran que la historia fuese escrita en primera persona y firmado por él mismo.

En su momento, las veinte sesiones de seis horas diarias en las que Luis Antonio Velasco relató su terrible y desesperante estancia en la balsa se fueron dosificando a través de El Espectador durante catorce días consecutivos. Las ventas del mismo se duplicaron, pero al conocerse la verdad de lo sucedido, el gobierno tomó toda una serie de medidas para limpiar su imagen, que finalmente desembocarían en la clausura del periódico.

Quince años después, en 1970, el autor colombiano decidió publicar de manera unificada este duro relato a medio camino entre el más estricto afán periodístico de informar, y el gusto por el tono literario que contiene sus palabras. Random House Mondadori rescata esta maravillosa obra, que no deja de ser la dura realidad a la que se enfrentó una vez un hombre que estuvo más de una semana a la deriva y que en sus últimos días en la pequeña barca que lo transportaba, sólo quería que le llegara la muerte para acabar con ese martirio.

Imagen: Drowning (Deviantart: Bonny Hunter)

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