Gabi Martínez y Tyto Alba reivindican el poder de la palabra en “Sudd”

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Puede que la palabra no sea más fuerte que la espada, pero tiene la capacidad de transformar realidades que escapan del buen juicio humano. El escritor Gabi Martínez (Barcelona, 1971), firme defensor de la relación directa entre periodismo y literatura, se ha especializado en plasmar escenarios y modos de vida en sus múltiples libros de viaje, ventanas abiertas a mundos que siempre conocíamos a través del tamiz de unos medios de comunicación sin demasiada credibilidad.

En Sudd, una de sus obras más celebradas, el autor planteó una historia de leyendas, terrores y supervivencia en este desconocido pantano que separa Sudán del Norte y Sudán del Sur. Las tierras que se desgajan de las riberas del río se convierten en islas, masas flotantes que se mueven de forma caprichosa según los vaivenes de la corriente, y no han sido pocos los barcos que quedaron atrapados y de los que nunca más se supo. En una de esas naves a la deriva, sin posibilidad de huir ni salvación a la vista, es donde Martínez sitúa la acción de su novela. A bordo de la embarcación viajan científicos franceses, empresarios ingleses, políticos de diversas nacionalidades y representantes de las tribus enfrentadas en la Segunda Guerra Civil sudanesa, conflicto que ha llegado a su fin tras veinte años de sangría irracional.

Cuando el barco queda encerrado en las aguas del Sudd, las hostilidades comienzan entre las diferentes facciones de la tripulación, sobresaliendo entre todas ellas la figura de un traductor hispano que, gracias a su manejo de varios idiomas y sus conocimientos culturales, se convertirá en un personaje clave para manejar las tensiones de un drama que estalla por la falta de agua, la escasez de alimentos y la aparición de enfermedades.

Cúmulo de tensión narrativa y capacidad de sorprender al lector, Sudd se traslada ahora al lenguaje del cómic gracias a la colaboración entre Martínez y el dibujante Tyto Alba (Badalona, 1975), que charlan con La Huella Digital acerca de esta novela gráfica recién publicada por Editores de Tebeos.

(A fin de agilizar la lectura, esta entrevista se divide en dos partes: la primera corresponde a la conversación con el guionista, mientras que la segunda se refiere a las respuestas dadas por el ilustrador).

¿Cómo nace la idea de adaptar Sudd al formato del cómic?
En una charla con Tyto, a quien conocí a través del proyecto PDA, comentamos el uso de la luz en la película Lawrence de Arabia. Conocía su trabajo anterior, lo que había hecho con El hijo o Santo Cristo, y le dije que yo tenía una novela que se desarrollaba con una luz parecida y ocurría en el Sudd. Le echó un vistazo, le gustaron la historia y la ambientación, y creyó que era un proyecto muy adecuado para trabajar esa idea de luz que él tenía. Ambos estamos muy contentos de la experiencia y, de hecho, es posible que continúe con futuras colaboraciones.

¿Qué clase de lugar es el Sudd? ¿Qué le llevó hasta aquel pantano?
De partida era un viaje por el Nilo. En aquel momento estaba dirigiendo una colección de libros de viajes y un escritor me comentó que, de haber un lugar del mundo al cual no iría, ése sería el Nilo, porque sobre él ya se había escrito de todo. Me picó la curiosidad, porque no tenía esa misma sensación; es verdad que del Nilo se ha escrito mucho, pero casi siempre en referencia a la parte de Egipto. Sólo en los últimos tiempos se ha escrito más sobre el Nilo Azul, la parte que lleva desde Jartum hasta el nacimiento en el Lago Victoria. Empecé a investigar y descubrí que, desde los años cincuenta, nadie había contado el trayecto del Nilo desde las fuentes hasta la desembocadura en Alejandría. Le propuse a Agustí Villaronga que me acompañase, porque era un viaje muy largo e iba a necesitar su apoyo para afrontar situaciones complicadas. Aceptó y nos fuimos a hacer el recorrido.

Por inhóspita y desconocida, el Sudd es una de las regiones más interesantes de todo el Nilo, un lugar tan grande como Gran Bretaña y que parece imposible que exista; la idea más cercana que he tenido nunca de un territorio así tiene que ver con los videojuegos. Es un gran pantano en el que hay islas enormes, formadas por los desprendimientos de la maleza de las riberas del Nilo, que crean una especie de laberinto flotante. Puedes esquivar una isla, pero resulta que esa isla se mueve contigo y te bloquea todas las posibles salidas. Hay historias estupendas, en sentido narrativo, sobre algunos barcos que entraron allí y nunca salieron, con la gente intentando sobrevivir mediante la caza de pájaros o recurriendo al canibalismo. Pensé llevar esa región y una situación de supervivencia al siglo XXI.

Cuando habla de “situaciones complicadas”, ¿a qué se refiere?
Hubo discusiones muy fuertes con nuestro guía, porque nos metió en una zona donde nos encontramos camiones que habían sido bombardeados el día anterior. Si nosotros hubiéramos pasado un día antes con nuestro camión, habríamos sido atacados por la guerrilla ugandesa. Negociábamos todo el tiempo con dos gobiernos y una guerrilla para ver si nos dejaban avanzar, con momentos muy tensos. También enfermé de disentería en una zona donde el médico más cercano estaba a unos cien kilómetros; al final me curó un otorrinolaringólogo con un tratamiento de 16 pastillas, cuyas secuelas no detallaré, pero sí diré que perdí muchísimo peso. Fue un viaje duro y, al mismo tiempo, estupendo.

Según la historia que plasma en el cómic, ¿se podría decir que la palabra es más fuerte que la espada?
Después de ejercer el periodismo, puede ser común que llegues a decepcionarte con el poder de la palabra, ver que a menudo se dicen muchas idioteces y que las cosas que valen la pena no suelen tener ninguna trascendencia. Luego descubres que igual la palabra tiene más fuerza de lo que tú mismo crees, y por eso el protagonista es un traductor que, mediante sus conocimientos de idiomas y la cultura que tiene del mundo, pasa de eterno secundario a decidir lo que va a ocurrir en un barco. Eso tiene que ver con la idea de otorgar el poder a la palabra, un poder en el que yo creía cuando empecé a ejercer el periodismo.

¿Se llegó a sentir muy frustrado durante sus años como periodista?
No sólo por mí, sino por los textos de gente que trabaja estupendamente y que pasan desapercibidos. Recuerdo un artículo de John Carlin en el que decía: “He escrito un reportaje sobre el 11S al que he dedicado mucho tiempo y esfuerzo, pero sé que la columna que escribiré este fin de semana sobre Mourinho será mil veces más leída”. Me gusta mucho el fútbol y sigo jugando, pero entiendo perfectamente a Carlin. Durante mucho tiempo el periodismo ha sido sinónimo de poca credibilidad, de entretenimiento más que de fiabilidad. Ahora, con la crisis, algunos han entendido que vale la pena hacer un periodismo de calidad, pero durante muchos años ha sido una práctica muy decepcionante.

En la actualidad, ¿se considera más escritor que periodista?
Soy las dos cosas. Hace poco he publicado Sólo para gigantes, que está basado en la investigación de un acto criminal. Las comparaciones son ambiciosas, pero oportunas, y recurro a referentes como Truman Capote, Norman Mailer, Tom Wolfe o Gay Talese. A ellos se les define como escritores, pero sus trabajos parten de la realidad absoluta. Tengo una formación periodística muy potente que me vincula a mi tiempo, pero con un tono literario, y a partir de ahí también me considero escritor.

¿De verdad cree que ese periodismo de calidad tiene más difusión?
El periodismo siempre se ha vinculado mucho más con la descripción de la realidad tangible, de lo físico, sin profundizar demasiado en la psicología de las personas. Ahora descubrimos que Peter Matthiessen, un escritor de libros de viaje y, por lo tanto, muy vinculado a una mirada periodística, es el único norteamericano que ha ganado los premios más relevantes de ficción y no ficción. Es decir, nos damos cuenta de las posibilidades que tiene este género.

Los periodistas pueden ser grandes escritores; cada vez hay un interés creciente por la realidad y queremos que nos la cuenten de otra manera, y la literatura se ha sacudido de encima toda la idea elitista que la vinculaba a estratos superiores de la sociedad. Muchos periodistas están ofreciendo esa mirada potente de lo que está pasando. Son pocos, porque los presupuestos no están para pedir grandes investigaciones, pero muchos lo abandonan todo para contar la realidad y sus trabajos valen la pena. Es un buen momento para que se lance el género, sobre todo en español, donde siempre ha sido muy mal trabajado, y aparezcan autores que hagan las cosas bien y nos pongan un poco en órbita, que podamos estar orgullosos de una serie de trabajos que compitan con ingleses, franceses, alemanes, norteamericanos…

¿De qué principios parte para contar la realidad al lector?
Intento transmitir honestidad de la forma más esencial posible, que el libro tenga la potencia de la realidad que he conocido. En la literatura tienes un número de páginas para transmitir una idea y debes condensar toda la fuerza posible. Hay que intentar escribir de la forma que se acerque más a la poesía, entendiendo poesía como tensión narrativa. Me exijo lo máximo y trato de ofrecer la esencia de las cosas que quiero explicar. Eso se consigue siendo honesto y auténtico, para que la gente se crea lo que escribo.

Respecto al traductor de su libro, ¿le atrae la figura del antihéroe?
El libro que publiqué hace unos meses habla de una persona que es como este traductor. Se trata de un emigrante que se va a vivir a las montañas del Hindu Kush para buscar al Yeti. Es un hombre marginal, que no cuenta para los estratos científicos habituales, pero en un momento dado su línea de investigación llama la atención de los científicos de Cambridge. Su figura, como la del traductor y la de mucha otra gente a la que presto atención en mis escritos, es la que hace girar el mundo. Tenemos a unos pocos muy visibles, aunque no sabemos muy bien a qué responde esa visibilidad, y luego tenemos a un montón de gente anónima que hace cosas estupendas, pero sobre las que no se conoce nada porque nadie les apunta con el foco. Siempre me han interesado esas historias.

Cuando antes hablábamos de Capote, lo que él hace es contar la historia de unos asesinos en los que ve reflejadas muchas cosas de su sociedad. Cualquiera podría haber sido como esos asesinos si no hubieran elegido un camino determinado. Somos lo que somos y lo que hemos dejado de ser, lo que podíamos haber sido. Lo que interesa muchas veces es cómo hemos llegado a un lugar y reflejar todo lo que nos rodea con todos los detalles, entrando en todas las aristas de las personas, que no tienen que ser siempre héroes o villanos. Me apetece llamar la atención sobre todo lo que sea alternativo o marginal, porque “alternativo” no quiere decir que sea incomprensible o una tontería.

Según su teoría, todos somos ángeles o demonios en potencia.
Cada uno tiene sus momentos en la vida y, de pronto, te puedes encontrar haciendo cosas que determinen tu futuro de manera radical, todo por un instante en donde no pensaste lo adecuado. La ambigüedad es uno de los grandes temas a tratar, sobre todo en la literatura española; este es un país que se ha dividido entre derechas o izquierdas, azules o rojos, mientras que los personajes intermedios han sido muy poco tratados. Por ejemplo, una de las claves de Soldados de Salamina, de Javier Cercas, es dar con un personaje que tiene que ser de un color, pero se encuentra ayudando a alguien que es del color opuesto. Eso en España se da poquísimo, porque seguimos alineados en dos bandos, sin buscar los matices o la ambigüedad de las personas, cuando el arte y la gran literatura tienen que reflejar la totalidad, no fijarse sólo en los extremos.

¿Cómo se refleja la realidad a través del vehículo de la ficción?
Ahora estamos hablando con Editores de Tebeos para hacer la adaptación de Sólo para gigantes, también con Tyto, y comentábamos que El Hobbit, El señor de los anillos, Juego de Tronos…, es lo mismo que irte a tu barrio y ver al pescadero, al señor del videoclub, al empresario o al abogado, sólo que en lugar de llamarlos así, dices que uno es un trol, otro es un elfo y aquel un espadachín… La ficción es eso exactamente y las reacciones de los personas acostumbran a ser muy parecidas, ya sea en el mundo imaginario o en el real. De lo que se trata es de saber transmitir la psicología de los personajes de la forma más coherente y creíble posible.

Usted siempre ha dicho que haría esta clase de libros mientras no arriesgara su vida, pero creo que eso cambió con Sólo para gigantes
Era una historia impresionante que no sólo cuenta la vida de Jordi Magraner, sino la de mucha otra gente actual en la que veo proyectadas una serie de cosas que tiene mucho que ver conmigo mismo. Cuando me involucré en la historia, llegó un momento en que decidí que debía llegar hasta el final, viajar a Pakistán para hablar con dos de los posibles asesinos de Jordi. Una serie de cuestiones personales me llevaron a un punto que nunca imaginé, el de arriesgar la vida por contar la historia de Jordi. Después de este libro, al que dediqué unos tres años, puedo decir que fue una experiencia que me cambió totalmente. Me ha dado una percepción aún más distinta de lo que es vivir.

¿Tiene alguna idea para complicarse la vida en el ámbito literario?
En septiembre publicaré un libro sobre la Gran Barrera de Coral australiana. La idea parte del libro de viajes tal y como lo concibió Bruce Chatwin en En la Patagonia, que de entrada no me interesó demasiado, pero con el paso del tiempo vi que aportaba algo fundamental a la idea del viaje, porque introducía la abstracción: alguien que no hacía un viaje bajo la estructura de salida-destino, sino con la intención de hablar del desierto, de crear el desierto. Después de Chatwin no ha habido ningún acercamiento al género de viajes que proponga una renovación de ese estilo, que diga que con el viaje también se puede hacer vanguardia. Con la no ficción podemos hacer cosas distintas, no es preciso atenerse siempre a la realidad más exhaustiva.

El libro de la gran barrera viene de esta idea y también de defender un mundo un poquito más limpio en todos los sentidos. Los expertos comentan que, si la temperatura media del planeta aumenta dos grados, la gran barrera desparecerá al noventa por ciento. Estamos hablando del único animal vivo visible desde el espacio exterior, así que su muerte sería una imagen muy sintomática de la quiebra a la que nos vamos si continuamos haciendo las cosas así. Nos encontramos en una debacle total y para solventar los problemas queremos meter casinos de la hostia en Madrid o Barcelona, o reformar leyes del suelo para seguir construyendo en la costa, o liquidando los proyectos de energías renovables que estaban en marcha… No sé a qué mentiras está jugando el personal, pero pasamos de hablar del documental de Al Gore y defender proyectos ecológicos a decir que si el paro esto o el paro aquello. ¿Pero no se dan cuenta de que el paro es consecuencia de la gestión que han hecho, que dentro de poco tendremos problemas aún más serios?

Cuanto más viaja uno, ¿es mayor la sensación de que el planeta se va al garete?
Una de las cosas que aprecias es la nula credibilidad que tienen los países occidentales para decirle a China o India que no crezcan más, porque nosotros hemos crecido haciendo exactamente lo mismo que ellos hacen ahora. El problema es que son muchos millones de personas y la tecnología ha evolucionado, así que, porcentualmente, la rapidez de crecimiento es mucho mayor y también la destrucción del medio ambiente.

El otro día vi a un experto en petróleo que decía que, en 2030, habrá un colapso de combustibles y alimentos. En 1984 ya había una novela de ficción maravillosa, de un escritor que se llamaba George Turner, en la que se aventuraba un colapso del sistema hacia la segunda década del siglo XXI; los más optimistas pensaban que sería hacia la cuarta década. ¿Por qué no nos lo creemos? Hay razones evidentes para cambiar un poco las dinámicas, pero se sigue especulando cuando la fecha es pasado mañana. Lo curioso es que hemos hablado de burbuja inmobiliaria, de burbuja informática…, pero nadie protestaba porque todo el mundo jugaba a la burbuja. Somos conscientes de que la burbuja aprieta, pero no entendemos la historia en la que estamos metidos.

¿Cómo se puede disfrutar de la vida ante previsiones tan funestas?
Me pongo en el peor de los casos porque quiero seguir disfrutando y porque intento ser consecuente y aplicar los valores que defiendo. No soy extremista de nada, pero intento vivir de una manera consecuente. Cuando llegas a una cierta visión de cómo son las cosas, no hay que ser funesto, sino combativo, defender tus ideas con hechos y con actos, no apoltronado en la palabra. En este caso, la palabra sería negativa: mucho hablar, poco actuar.

Defiendo la acción porque así se cambian las cosas; siendo un intelectual de sofá no llegas a ninguna parte. Mi terreno es el libro de viajes y creo que la literatura se puede expandir para contar el mundo. Al final, la realidad seguirá estando hecha de personas de carne y hueso, y no me vengas con rollos de ventanas virtuales. Eso es lo que defiendo: sal a la calle, mójate el culo y cambia algo.

Como por ejemplo, los alumnos del instituto Luis Vives de Valencia…
Por ejemplo, pero yo no soy tan joven y sigo implicado. Es muy jodido pasar frío, salir a la calle para protestar en según qué momentos… Estamos en el punto de confort al que nos ha llevado el siglo XX; hablamos mucho del mundo líquido en el que todo es flexible y la gente elástica… La elasticidad se va a demostrar ahora, cuando lleguen los problemas.

Tyto Alba

¿Qué le atrajo de la historia narrada en Sudd?
Siempre he sido muy aficionado al género de aventuras y lo vi como una oportunidad. Sobre todo, porque el argumento podría suceder en cualquier época y pertenecer a una novela clásica de aventuras; sin embargo, no deja de ser creíble en nuestro presente. Por otro lado, me parecía súper interesante que un escritor de nuestro país creara una historia tan moderna y desacomplejada de las manías y la autocríticas típicas de nuestra literatura. Me gusta cómo retrata a personajes de varias naciones y la necesidad de un traductor, curiosamente español, como intermediario para comunicarse.

¿Aprecia un cambio muy significativo en su estilo de dibujo entre la publicación de El hijo y Sudd?
El problema de El hijo es que, al ser mi primer cómic, me preocupé mucho, al menos al principio, de que me lo aceptarán, de intentar “dibujar bien” y colorear con el ordenador para que quedara profesional. Lo peor es que intenté parecerme al estilo de los pocos dibujantes actuales que me gustan y luego me dio un poco de rabia que me comparasen con ellos, cuando llevo dedicándome a la ilustración desde mucho antes de conocerles. De todas formas, estoy bastante orgulloso de aquel trabajo y creo que el estilo es muy apropiado para la historia.

En Sudd, y aprovechando la soltura que me da la acuarela, hice todo lo contrario. Viendo el efecto positivo que causaban en la gente las primeras páginas, me lancé con total libertad a hacer lo que quería. Ahora se trataría de buscar algún equilibrio entre ambas cosas o algo totalmente distinto.

¿Tuvo libertad absoluta a la hora de trasladar la historia?
Sí. Nunca había adaptado una historia y, a pesar del pánico que me daba en algunos momentos, creo que salí bien parado. De todas formas, Gabi participó muy activamente y, por lo pesado que soy, estábamos en contacto casi a diario.

Usted ha señalado en alguna ocasión que la calidad de un cómic no depende tanto del dibujo como de la historia. Aun así, ¿no debería existir siempre cierto compromiso estético?
Por supuesto, pero si digo eso es precisamente porque no suele ocurrir. Hay muchos cómics que me gustan y que me parecen bien narrados, pero es muy difícil que el dibujo me cause el mismo efecto. El mundo del cómic es todavía un mundo muy cerrado. Los autores, editores y críticos se nutren de otras cosas, como el cine y la literatura, pero la mayoría ignoran completamente que el arte moderno existe desde hace más de cien años. Es muy curioso, porque un cómic esta formado por dibujos. No pediría ya que la gente fuese a visitar museos, pero al menos podrían estar más enterados del mundo de la ilustración, que siempre se ha ido nutriendo de las vanguardias artísticas.

Ha habido excepciones en este país con autores como Javier Olivares, Raúl o Federico del Barrio, pero me parece muy fuerte que a estas alturas se pueda decir que Javier Mariscal dibuja mal o que es “raro”. Prefiero mil veces la belleza de su línea a la falta de estilo de cualquier virtuoso estereotipado que sabe dibujar caballos. A dibujar muñequitos que parezcan reales se aprende, con mayor o menor dificultad, en cualquier escuela de dibujo.

De todas formas, esto ha ido cambiando y precisamente me volví a interesar por los cómics cuando descubrí a este grupo de autores franceses -Sfar, Blain, Blutch…- que aportaban un estilo más personal y encima tenían éxito. Hace unos años, sus historietas se hubiesen publicado directamente en revistas ‘underground’.

Sus últimos tres trabajos los ha desarrollado a partir de guiones ajenos. ¿No le tienta la posibilidad de escribir y dibujar sus propias obras?
Estoy en ello, pero cuando tienes la posibilidad de realizar una historia que te gusta y que ya está hecha, puedes empezar cuanto antes sin perder el tiempo ni romperte la cabeza en imaginar una nueva. Además, esa historia la acabas haciendo tuya y la muestras a través de tu mirada. Lo veo más como el trabajo de un director de cine. Se trata de volver a contar una historia, de reinterpretarla.

Por otra parte, quizá también me siento más seguro compartiendo la responsabilidad con el escritor.

¿Podría describir cómo nace y en qué consiste el Proyecto PDA?
El Proyecto PDA consiste en talleres con grupos reducidos de niños, de entre seis y doce años, con los cuales se realiza un cortometraje de dibujos animados al tiempo que aprenden diferente técnicas artesanales de animación.

Con la ayuda del Instituto Cervantes y AECID hemos viajado por diferentes países del mundo y realizado cortometrajes de los que estamos bastante satisfechos: Jordania, Polonia, Argelia, República Checa, República Dominicana, Honduras, Guatemala, China…, y algunos países más.

¿Tiene alguna noticia sobre la adaptación cinematográfica de El hijo?
La productora ahora esta terminando la postproducción de la primera película de Andy Muschietti y supongo que luego estarán un tiempo promocionándola antes de empezar con El hijo. Imagino que también dependerá del éxito de esta primera, pero el guión ya existe y los planes no han cambiado.

Imágenes cedidas por Editores de Tebeos

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