G. P. de Malasia 2009

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El último gran premio de Formula1 ha sido, sencillamente, espectacular. Pese a la pésima organización de la FIA, aceptando el ridículo horario del patrón Bernie, Malasia nos ha regalado a todos los amantes de este pseudo-deporte momentos únicos que serán recordados en la ya larga historia de la Formula1.
Dos carreras han transcurrido ya del campeonato del mundo de Formula1 y no han podido empezar de forma más trepidante. Si en Melbourne Buton cruzaba la meta en primera línea, con bandera amarilla y justo habiéndose retirado el coche de seguridad, en Malasia apenas superamos el cincuenta por ciento de carrera. Una tormenta bestial anego por completo medio circuito, superando el agua la cuarta de los monoplazas entre las curvas 8 y 12. Lo que parecía uno de los grandes premios más emocionantes en mucho tiempo, acabo a oscuras, siendo suspendido y dejándonos a todos un agrio sabor de boca.

Los entrenamientos libres confirmaron lo que ya vimos en Melbourne, que BrawmGP es, a día de hoy, imbatible, y que solo Toyota y Williams (este último con KERS mecánico) pueden ponerles difícil las cosas. Ferrari parecía que despertaba en los Libres, pero todo quedaba en una ilusión por los mismos motivos que hicieron que Massa no ganase el año pasado el mundial de pilotos: su equipo no está nada fino. Rosberg seguía mostrando su clase y demostrando que, con un buen coche, es un serio candidato al titulo. Por su parte, Alonso copaba la zona media-baja y el R29 ya no parece el coche que vimos en Jerez. O Renault despierta, o este año será una triste repetición del anterior. Los difusores, a expensas de la apelación cuyo resultado se conocerá el 14 de Abril, se han mostrado como la pieza clave de este año, ofreciendo hasta un cuarenta por ciento más de apoyo aerodinámico, una ventaja ante la cual nada puede hacer el KERS, que se ha mostrado prescindible (solo Williams, Renault, McLaren-Mercedes, Ferrari y el BMW de Heidfeld lo montan).

La clasificación tampoco defraudó, y dejó clara que las diferencias entre los monoplazas son mínimas, un acierto que hay que reconocerle a la FIA. Aparte de los difusores, ningún otro elemento parece tan determinante, y estos lo son más en carrera que en clasificación. Massa se quedaba fuera en la Q1 con un tiempo de 1:35.462 por un error de estrategia. Su equipo creyó que su tiempo era suficiente, pero esto ya no es lo mismo, y ahora todos los equipos esconden sus cartas en los Libres. Las diferencias de tiempo entre la clasificación y los Libres son de más de un segundo, algo bastante revelador del nuevo mundo de la Formula1. Los dos McLaren, el del vigente campeón Hamilton y su compañero y fiel escudero, Kovalainen, quedaban 13º y 14º respectivamente, con un coche que no hace honor a la historia que le precede. Y en estas, Alonso a lo suyo, y todavía convaleciente de una otitis, se colaba en la Q3 por escasas sesenta centésimas de ventaja con el BMW de Heidfeld.

La Q3 fue más de lo mismo. Alonso dio una vuelta y se encamino a Boxes para no volver a salir, consciente de que su coche no daba más de sí y de que saldría seguramente noveno (por la parte limpia) tras la sanción de diez posiciones a Vettel por su encuentro con Kubica en las últimas vueltas de Melbourne. Button era 1º y Trulli2º, acompañados por Glock y Rosberg en segunda fila. El Ferrari de Kimi se quedaba séptimo y Barrichello octavo, justo por delante de Alonso, tras la sanción de cinco posiciones al de BrawnGP. Weber y Kubica, en tercera línea, completaban la parrilla de salida para el domingo.

Y toda la espera llegó a su fin. Semáforo en rojo, unos segundos que parecen eternos, y los cilindros explotan en un frenesí adrenalínico. Alonso pulsó el KERS y esta vez si le dio resultado, colocándose tercero en la segunda curva. Button salió mal y perdió cuatro posiciones, mientras que Rosberg se ponía primero y Trulli mantenía la segunda posición. Kimi era quinto, entre los dos BrawnGP. Kovalainen se salió y la carrera se acababa para él. A Alonso le duró poco la alegría, y uno a uno le fueron adelantando, no sin mostrar los dientes y por qué es el bicampeón. Kubica también abandonaba, mientras Barrichello intentaba pasar a Alonso consiguiéndolo en la vuelta tres. Todos iban menos cargados, y Kimi terminaba pasándole. Otro duelo espectacular mantenían Weber y Hamilton, con continuos adelantamientos. Todo empezaba perfectamente, y esta parecía una de las mejores carreras en mucho tiempo, cuando apareció la lluvia y todo cambió. En Malasia es típico que cuando llueve, llueve a mala leche, así que todos, menos Glock y Heidfeld, montaron neumáticos de lluvia extrema. Kimi fue el primero, y el resultado, casi 15 segundos más lento por vuelta. Button se colocaba primero, y Alonso perdía todo lo conseguido en la curva 6, muy mojada, justo antes de entrar en Boxes a por neumáticos de lluvia.

Pero no llovía lo suficiente, y todos destrozaron los neumáticos. El baile de posiciones era constante y los equipos preferían entrar de nuevo a Boxes a cambiar los neumáticos extremos por los intermedios. Y como son las cosas, entonces sucedió lo que se espera de Malasia, y apareció el diluvio que en pocos minutos anegó el circuito. Los coches parecían canoas en algunas curvas, y la cámara frontal de Barrichello mostraba la cruda realidad justo antes de que apareciese el coche de seguridad: la visibilidad era nula. Todos volvían a entrar en los garajes a montar neumáticos extremos y, finalmente, los comisarios enseñaban la bandera roja tras las informaciones sobre la pista ofrecidas por el coche de seguridad. A partir de aquí, el esperpento organizativo. Cuarenta y cinco minutos tuvo la organización paralizada la carrera sin informar de absolutamente nada. Kimi se quitaba el mono consciente de la situación y visiblemente enfadado por el fallo de su equipo. Alonso hacía lo propio pocos minutos antes de la decisión final, y un sorprendido Button no daba crédito cuando sus mecánicos se abalanzaron para felicitarle por su segunda victoria consecutiva, quinta de su carrera. Button parece el favorito este año, un piloto con los pies en el suelo que comienza a rozar las nubes después de su desafortunada trayectoria, donde nunca contó con un coche competitivo. Representa a la perfección el espíritu ingles hacia este deporte, y no es de esos que mienten por ganar un puesto. A mí, personalmente, me recuerda a uno de los grandes de este deporte y uno de mis favoritos, James Hunt.

Así acababa la carrera. Button 1º, Heidfeld 2º y Glock 3º. Hamilton conseguía una meritoria séptima plaza, meritoria a sabiendas del bajo rendimiento de su monoplaza, y Rosberg acababa octavo, sumando tan solo medio punto. Y es que, para los que no lo sepan, si la bandera roja aparece antes del 75 por ciento de la carrera, los pilotos y escuderías suman la mitad de los puntos. Alonso se quedó sin nada en undécima posición.

Poco queda ya para China, donde Renault prepara un paquete aerodinámico que puede ofrecerle algunas décimas, y en donde ya se conocerá la apelación sobre los difusores. De este gran premio podemos sacar algunas conclusiones interesantes: que la Formula1 ya no es un deporte sin adelantamientos; que los monoplazas se parecen mucho entre sí; y que esto es un negocio donde una serie de tipos tristes toman decisiones absurdas que han sido más evidentes que nunca en Malasia, instaurando un horario en el cual el ocaso hace acto ineludible de presencia. Su desconexión con la realidad es tan grande, que ya no se creen tan siquiera que el Sol se esconda con armoniosa regularidad. Esperemos que recapaciten en la FIA, para que este deporte siga siendo sinónimo de velocidad y esos 20+2 (De la Rosa y Gené), los tipos más envidiados del planeta.

Fuentes del texto:
Retransmisión en directo del Gran Premio de Malasia por LaSexta Tv.
Retransmisión en diferido del Gran Premio de Malasia por
http://www.lasextadeportes.com/formula1/tv/diferido/carrera.
Fuentes de la imagen:
http://www.clubf1alonso.com/nthef1.htm

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