G. A. S. Drummers, Dave Smalley y Brandauer: rock de altas esferas

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Directo, abrumador, apoteósico, todo un documento, inolvidable, entrañable… la Sala Siroco se convirtió en la noche del pasado sábado 21 de noviembre en un mausoleo del rock.
Llegábamos a las ocho y media de la noche (bueno o de la tarde, nunca he sabido muy bien qué expresión aplicar a esas horas situadas entre la merienda y la cena), a pesar de que las 21:30 fuera la hora escrita en el pase. En Radio3 habían anunciado el “bolo” y temíamos una afluencia masiva para una sala que no es precisamente un alarde de grandiosidad. Pero, por cosas del destino, acabamos compartiendo caña y tapas con los miembros de dos de los tres grupos que habíamos ido a ver. Brandauer y los Drummers disfrutaban de una de esas bodeguillas del centro madrileño que pueden llegar a parecer tan anacrónicas como típicas, al mismo tiempo. Da gusto conocer a gente así, sencilla, directa, que invita a que se les conozca, que agradece tu asistencia y que comparte gustos con su público.

Tras haber entonado nuestras gargantas al redoble de “ponme otra”, pasábamos al Siroco y como somos “progres” pero pijos, dejábamos nuestros jerséis de marca en el ropero, no vaya a ser que se nos caiga un cigarro. Allí hacía acto de presencia todo un “americanazo”, con gorro de cowboy incluido, que respondía al nombre de Dave Smalley. A una leyenda del hardcore te la puedes imaginar de todas las formas posibles, pero nunca dirías que pudiese presentarse a su show con una chupa de cuero “del malo”, una barriga prominente y una mochila esas que odias cuando eres niño. Pues sí, así llegó Dave ex-vocalista y líder de bandas como “Down By Law” o “Dag Nasty”.

No sabría decir porqué pero creo que todos los allí presentes intuíamos que algo grande podía salir de esa mezcla de licores. “Brandauer” fueron los primeros. Cinco temas. Bien, contundentes. “Y tú, si quieres” momento álgido, aunque la versión de “Husker Du” con Dani (G. A. S. Drummers) no se quedó atrás y a otra cosa, que éstos ya habían cumplido y con creces.

Dave Smalley se sube al escenario acompañado de un colega, Marcelo. El primero con una guitarra bastante hortera y con un sospechoso parecido a esas que venden en los chinos y que todo el mundo ha tocado a los tres años. El segundo con una acústica clásica. Tras un retoque en la afinación, comienza el espectáculo. Sin apenas darnos cuenta, nos vemos conmocionados por un zafarrancho de melodías. El público coreaba los viejos coros de Down By Law pero eran incapaces de hacer sombra al torrente del americano. Por destacar algo, “Ghost” e “Ivory Girl”, pero sería injusto si no dejase fuera de toda duda que, de la primera a la última, todas las canciones que tocaron esta pareja fueron sublimes. Cuando nos quisimos dar cuenta, el californiano se estaba despidiendo, de nosotros y del país, porque al día siguiente volvía a la madre patria.

Era el turno de los jerezanos G.A.S. Drummers y un runrún recorría la sala, ¿estarían a la altura los chavales? Pues sí, y es que esta banda no es más que otra prueba de la incapacidad del mercado nacional a la hora de valorar sus principales activos. “Suenan de la hostia” se escuchaba por ahí, y así era. Compactos, ricos en melodías pero contundentes. Tras “South” crees que se han vuelto un poco “popies”, pero pronto retoman la vertiente hardcore invitando al Smalley para “One Word”. Saltan y enloquecen con el estruendo de los riffs. Y es que, ¡vaya guitarra!, el gaditano conocido como “Minor Boy” es un erudito de los solos y se atreve con todo. Un pequeño descanso y tes la hora de Dani que, él solito, llena el escenario con la sinfónica “Back among the dead”. Algún que otro chiste y tras el inevitable bis, “the end”.

Se había terminado, nos despedimos de la espectacular chica del ropero y para casa. Pero, por una vez, todos estábamos de acuerdo: ¡qué grandes!

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