Futuro incierto de una decisión arriesgada

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Cuando un Estado compra bonos e hipotecas aumenta el flujo monetario, el precio de la moneda baja y por tanto los tipos de interés también. Esto se llama relajación cuantitativa. Desde hace varios decenios, Estados Unidos (EEUU) se viene apuntando a esta moda de los fundamentalistas del mercado para combatir las crisis.

Muchos países cuestionan que la reducción de los tipos de interés sea un buen camino para reactivar la economía, ya que esto a la larga puede traer algún que otro problema. El presidente de los EEUU, Barack Obama, defendió, a principios de noviembre en la reunión del G-20, la relajación cuantitativa llevada a cabo por la Reserva Federal (FED). Argumentó que el objetivo de esta decisión no era debilitar el dólar, sino reforzar el crecimiento de la economía y evitar la deflación.

Alguien dijo una vez que la historia siempre se repite. Y eso es lo que temen algunos. En 2001, la reducción de los tipos de interés por parte del Gobierno estadounidense supuso la aparición de una burbuja inmobiliaria. Tras los atentados del 11 de septiembre, la Reserva Federal recortó drásticamente los tipos de interés con el fin de facilitar los créditos y poner dinero en la calle. La concesión de hipotecas por parte de los bancos se disparó y ante la gran demanda de viviendas el precio de estas empezó a subir como la espuma. Los especuladores (que eran muchos) se lanzaron a comprar y vender casas pensando que nunca terminarían de subir sus precios. En este contexto, los bancos empezaron a otorgar créditos subprime o hipotecas basura. La característica principal de esta modalidad crediticia es que mantienen un tipo de interés superior a la media, justificado por el alto riesgo de impago. La bonanza económica trajo consigo un incremento de la inflación.

El escenario empezó a cambiar en 2004, cuando la Reserva Federal de EEUU se vio obligada a subir los tipos de interés para frenar la inflación. La demanda de viviendas cayó y con ella los precios. En 2007 la burbuja explotó y los bancos no pudieron cobrar sus créditos hipotecarios a constructoras, inmobiliarias, etc.

Sólo nos queda cruzar los dedos y desear que este no sea el momento para que la historia se repita.

Fuente de la imagen:
http://www.comerciointernacional.cl/

4 Comentarios

  1. En vez de quedarnos parados cruzando los dedos podríamos hacer algo más: intentar luchar contra este sistema que solo beneficia a unos pocos a costa de la gran mayoría.

    Viva Stalin!

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