François Jost: Verdades y mentiras sobre la pequeña pantalla

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Una vez que el I Congreso Internacional de Ficción en Televisión dio comienzo, muchas eran las miradas pendientes de la primera ponencia. No era para menos, pues fue el reputado y admirado François Jost, profesor de las Ciencias de la Información y Comunicación de la Universidad París III, el encargado de inaugurar el evento organizado por la Plataforma de Divulgación Científica de la Universidad Complutense de Madrid.

¿Recuerdas cuándo tus padres te leían una y otra vez el mismo cuento? Pues hoy la televisión sigue más o menos las mismas pautas reiterativas, el mismo bucle familiar. El cuento ha cambiado más bien poco. Grosso modo, fue lo que François Jost declaró en la exposición inaugural de este Congreso. Respetado ensayista y realizador, el profesor francés, intentó desentrañar los motivos que llevan a millones de personas a engancharse a la ficción televisiva de hoy, el llamado “fenómeno serie”. Para ello se sirvió de los ejemplos más conocidos para el público, como son las series estadounidenses consideradas comerciales, (CSI, Urgencias, House, The Mentalist, Lie to Me…), en las que destaca, a su juicio, la mejor habilidad artística de guionistas y realizadores norteamericanos, razón que explica su hegemonía audiovisual sobre el resto del mundo.

El autor galo incidió en algunos factores, como el realismo de los guiones, que no es tanto la capacidad de imitar la vida real, sino de transmitir la sensación de realidad, a través de personajes (médicos, abogados…) que son, al fin y al cabo, medios para proporcionar información al espectador. Otro de los factores a tener en cuenta es el creciente interés de guionistas y realizadores por explotar la intimidad, el espacio introspectivo de los personajes que hasta ahora no se había mostrado con tanta explicitud. Esta tendencia hacia el terreno oculto y secreto en las series, tiene como objetivo tender un puente entre la singularidad de los personajes y la diversidad de los telespectadores. A pesar de ser pensamientos y emociones, (en el caso de las voces en off), se basan principalmente en lo que el público piensa, y eso legitima y da verosimilitud a este tipo de mecanismos argumentales.

Precisamente, para Jost, la transparencia argumental tiene un papel relevante en el actual panorama audiovisual. Con el descubrimiento de la obsesión por indagar en la intimidad humana, la tendencia se ha dirigido hacia el interior de las cosas, hacia el interior de los demás. Existen innumerables series en las que, a partir de las experiencias y el pasado de sus protagonistas, se realiza una introspección en la vida privada de los sujetos sospechosos, y se hacen públicas sus experiencias. Esto responde al antiguo objetivo novelístico del narrador omnipresente que todo lo sabe. En televisión, para borrar toda huella de que esto sucede así, para eliminar la superficialidad que pueda provocar esto, se alude a la ciencia, que es la llave que permite a los personajes acceder a la única verdad que subyace a todo objeto e individuo. (Medium, El Mentalista, Lie to Me, etc.).

Las series tienen hoy, una perspectiva apoyada en la mentira: mientras que para algunos es una falta, para otros es un método para descubrir la verdad. Hay una circunstancia que comparten la gran mayoría de los protagonistas televisivos, que es el haber vivido un suceso traumático que no comparten con nadie más, que ha provocado en ellos la necesidad de servir a un bien mayor. El secreto proporciona la motivación necesaria al héroe para actuar y descubrir a su vez, el secreto de los demás (Mujeres desesperadas, Mad Men, Perdidos, etc.), o los secretos de los estados (24, Prison Break) Los héroes están licitados para actuar de forma poco honesta e hipócrita, siempre que les guíe un bien mayor. La mentira es al final, la esencia de todo comportamiento, incluso para los gobernantes; el acceso a la verdad, depende de la capacidad del héroe para empatizar con los sujetos que le rodean.

¿Son las series estadounidenses un síntoma de nuestra época? La fidelidad a esta clase de productos, depende en gran medida del deseo de aprender acerca de los momentos críticos que determinan el paso de la vida a la muerte, y de la necesidad de creer en fuerzas superiores que, a pesar de contar con base real, se fundamenten en el mágico y efectivo funcionamiento televisivo. Al fin y al cabo, siempre que la sociedad decaiga en valores pesimistas, puede aparecer un héroe, que al estilo de las tesis weberianas, se vengue de las instituciones que le esclavizan.

Las series americanas, entonces, compensarían, de forma simbólica, la falta de transparencia de las actuales sociedades democráticas. Quizá esta sea una conclusión más que apropiada para entender ciertos acontecimientos actuales; mientras que en la sociedad se ve perseguido por la pasividad y la inercia de unas instituciones que le marginan, en la ficción televisiva, el espectador cumple un rol activo, que le permite regocijarse en el bucle de una mentira tolerable.

Texto:
Elaboración Propia.
Imágenes:
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