"Flashes" para una sola mujer

0
338

William Klein fue uno de esos fotógrafos del XX que le cogió cariño a las texturas, al claroscuro, al gesto fortuito entre doscientas mil poses de modelos con charme. Si no hubiera sido así, probablemente no habría deslumbrado en la revista Vogue –al margen de sus series de Nueva York, Roma, Moscú y Tokio- ni hubiera sido rescatado para una retrospectiva de la mujer en el mundo, como la que se puede visitar en la Fundación Canal de Madrid hasta enero.
Para captar la esencia femenina hace falta instinto felino, sagaz y cálido, todo al mismo tiempo y en las debidas dosis, porque la mujer se deja retratar si la cámara intuye su tacto, si se compenetra. La comisaria de la exposición “Mujeres en plural”, Lola Garrido, tiene la experiencia de quien se sabe ante las buenas fotografías.

Entre un centenar de ellas, acompañan a Klein otros del gremio como Marcus Leatherdale, Henri Cartier-Bresson, Man Ray, Robert Mapplethorpe, Inge Morath, Alexander Rodchenko y Horst P. Horst. Una diversidad de enfoques que recogen la belleza de mujeres tanto anónimas como célebres, vestidas de blanco sobre tempestades grises o de misterio sobre gelatinas de plata. “Women are beautiful”, como diría Winogrand.

Enseña Alfred Cheney Johnson un desnudo de los años 20, entre alocados flecos y rizos rubios despiadados. Frank Horvat seduce a Givenchy en los 60 como Daryl Hannah se sube a un elefante que le ha servido en bandeja Michel Comte. La sucesión al tuntún de costumbrismos varios –hay quien lo llama moda, sociedad, vete tú a saber lo que significa- nos obliga a reparar en  “I, cat” de Wanda Wulz, en “Running legs” de Lisette Model o en “Nude with parasol” de Martin Munkacsi.

El recorrido es corto, pero continúa en un pasillo estrecho, austero, que tiene a la izquierda una sala donde la “Mujer en el bar” de Robert Doisneau se cruza de brazos mientras ve alejarse al personal con pasos chirriantes sobre la moqueta. A la derecha, en frente, hay una sucesión de miniaturas fotográficas anónimas que, como salidas de cualquier rastro, guardan femeninos retazos de vida sin encontrar.

En la fotografía de género, trascender la vida doméstica tiene sus cosas y unas medias remendadas como las de Dorothea Lange pueden ser una película de principio a fin o con final abierto. La crítica de hoy lo hace en círculo, con “Smoke and veil”, de Klein. De 1960.

Fuentes de las imágenes:
Michael Hoppen Gallery
http://www.michaelhoppengallery.com/artist,show,1,50,11,40,0,0,0,0,michael_hoppen_gallery.html

Dejar respuesta