Fin de un viaje infinito

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Veo un mundo diferente, siento que todo ha acabado ya, demasiados años en ninguna parte, demasiados viajes a ningún lugar.  Que sepamos Xoel López no es la reencarnación de Nostradamus, pero estos versos de Fin de un viaje infinito –uno de sus temas más conocidos- han resultado premonitorios para la carrera del músico gallego. El genio irreverente del pop español, ese que experimentó con sonidos rockeros sin abandonar la escena Indie española se va, y por el camino deja el cadáver de su alter ego: Deluxe.

Con cinco discos a sus espaldas y en el momento álgido de su carrera abandona. Algunos dirán que es una nueva víctima de ese mal de altura que provoca el éxito, otros que no quería cruzar la frontera entre lo alternativo y lo comercial, pero él simplemente alega cansancio, hastío de la misma rutina. Esa que le ha tenido siete años en la carretera sin dejar de tocar.

Xoel López es uno de esos músicos totales. Camaleónico por definición es capaz de emocionar por sí mismo con la única compañía de su armónica y su guitarra y de liderar a una banda de siete músicos con un directo desgarrador. Y es que el directo es el hábitat natural de este artista inclasificable.

Poco dado al halago fácil, enemigo de portadas, pero por encima de todo amigo de la sencillez y de las pequeñas cosas. Esas que espera reencontrar en la nueva etapa vital que afronta. Su próximo destino será Nueva York, la ciudad de los rascacielos se convertirá en su nuevo hogar antes de iniciar un viaje por Latinoamérica. Pero no se preocupen, en su maleta viajará su inseparable guitarra.

Probablemente hayamos asistido al asesinato de Deluxe, ya saben, Los jóvenes mueren antes de tiempo. Pero siempre podemos buscar a Xoel por algún garito de Brooklyn, desgarrando notas a medio camino entre su garganta y su corazón en Chile, o entonando un tango en Buenos Aires.

Mientras, a este lado del charco, seguimos creyendo en la Reconstrucción.

Fuentes de la foto:
www.xoel.com

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