“¿Feliz? 2009” o “¡Feliz! 32 de Diciembre”

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Desde que comienza el período navideño, esperamos con ilusión el cambio de calendario para embarcarnos en todo lo que nos queda por delante, acelerando así la agonía del año que nos deja. Sin embargo, se han encargado de presentarnos un 2009 repleto de pesimismo y con un futuro nada halagüeño. Con la mirada puesta en la crisis, en el paro y en nuestro futuro económico, parece que sólo los valientes se atreven a dar el paso hacia el nuevo año. Con ese pesimismo que reina, muchos hubieran preferido no recibir al ¿feliz? 2009 y celebrar que después del 31, llegara el ¡feliz! 32 de Diciembre de 2008.
Y es que poca ilusión nos queda al saber que lo que festejamos realmente es la llegada de un año que se presenta apenas sin papel de regalo, abierto, usado y desgastado. ¿Pero no era nuevo? 2009 debería entregarse impoluto, inmaculado y sin estrenar. ¿No es así como se deben dar los regalos? ¿Qué opinaríamos sin nos obsequiaran con objetos en ese estado?

En este nuevo año no debemos pecar ni de excesivo optimismo ni de lo contrario. Habrá de todo y al final del mismo haremos un resumen y nos quedaremos con lo mejor. Nos avisan de que será muy malo, que lo que hemos vivido hasta ahora no será nada comparado con la que nos va a caer encima. Está bien prevenir, pero no alarmar. El último aviso llega desde Deutsche Bank, que augura que la recesión en España será del 2,6%, con un déficit que rondaría el 5%. En cuanto a la tasa de paro… por las nubes, y subiendo…

Tener en cuenta este tipo de previsiones es muy importante para hacernos a la idea de que en 2009 no podremos tirar la casa por la ventana y será un año donde habrá que cuadrar y ajustar todo a la perfección pero lo que no puede ser es definirlo como siniestro.

Moisés Naím escribía hace unos días en El País sobre las sorpresas que ha dejado 2008, los grandes augurios que finalmente no tuvieron lugar, predicciones de expertos que no se han producido como aquellos que decían que Obama nunca ganaría a Clinton; los que desde The Economist definieron las elecciones de Kenia como un ejemplo para el resto del continente; los que dijeron que se acabaría el mundo con el Gran Colisionador de Hadrones; los que afirmaron que el barril de petróleo estaría ya rondando los 200 dólares; los que… los que…. A todos ellos hay que sumar la ingente cantidad de personas que han jugado a ser Aramís Fuster con la crisis financiera.

Nadie puede prever el futuro, nadie sabe lo que pasará y por lo tanto, hay que dejar que el nuevo año vaya caminando paso a paso. Porque viviremos muchas cosas. Así que hay que dar una oportunidad al 2009, que vendrá no sólo con temas económicos a los que deberán prestarse mucha más atención, sino con asuntos sentimentales, familiares, laborales que tenemos todo el derecho del mundo a vivir a lo largo de este año.

Por lo tanto, levanto la copa y sin miedo a las posibles dificultades digo: ¡FELIZ 2009!

Fuentes del Texto:
El País (14 de Diciembre de 2008)
El País (29 de Diciembre de 2008)

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