Fallece Sócrates, leyenda del fútbol brasileño

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Sócrates, por Carlos Rivaherrera

El ex futbolista brasileño Sócrates falleció este domingo en Sao Paulo, a los 57 años de edad, a causa de un choque séptico de origen intestinal provocado por una bacteria. Atrás queda una larga trayectoria en el balompié brasileño e italiano, además de sus importantes actuaciones en los Mundiales de España y México, que le permitieron consagrarse como ídolo a nivel mundial.

Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira supo salirse de la rutina que desde siempre ha circundado el mundo del fútbol. Alejado de una vida estrictamente deportiva, aplicó con valentía la máxima del carpe diem, esforzándose al máximo en ser fiel a sí mismo.

Nacido en Belém, fue en Ribeirão Preto donde Sócrates forjó su exquisita derecha, concretamente en el Botafogo. Tenía poco menos de un cuarto de siglo cuando fue capaz de conciliar la práctica del ‘jogo bonito’ con sus estudios universitarios de Medicina, para lo que debió frenar las aspiraciones de aquellos clubes que se maravillaban con su técnica e intentaban sin éxito su contratación.

Fue en 1976 cuando empezó a calar con fuerza en el fútbol profesional, erigiéndose como máximo goleador del Campeonato Paulista. Dos años después aterrizó en el Corinthians y dejó las cosas muy claras en el vestuario: confesó su afición por la bebida, el tabaco y la guitarra, y nunca estuvo a favor de las concentraciones, declarando que “si cada jugador cuidara de su propia resistencia, sería más responsable”. Tampoco escondió su afecto personal por el Santos, un ideal que chocaba bastante en el seno de su equipo, máximo rival del conjunto que hiciera famoso Pelé. A pesar de estas divergencias con la habitual élite del fútbol y con los más conservadores, Sócrates acabó enamorando a la grada paulista gracias a sus privilegiadas cualidades.

Portando una espesa barba y una caracoleada melena, completaba habitualmente su indumentaria con una cinta a modo de tenista. El atuendo final concordaba con sus ideales progresistas, toda vez que Sócrates fue partícipe de la llamada democracia corinthiana, una filosofía que nació en el seno del club con el fin de practicar los ideales democráticos en la organización del equipo. El Corinthians se convirtió así en un símbolo de lucha contra la dictadura militar, pidiendo derechos y la instauración de una Estado libre en cada partido a través de pancartas. “Lo ideal sería un socialismo perfecto donde todos los hombres tengan los mismos derechos y los mismos deberes. Una concepción del mundo sin poder”, aseguraba el Doctor.

Aunque su fama subversiva no llegó a culminar en la vida política, siempre se mostró adepto a una filosofía revolucionaria y bohemia. Entre sus ídolos destacaban Ernesto Che Guevara, John Lennon e incluso Fidel Castro. De hecho, uno de sus hijos recibió el nombre del hasta hace poco presidente cubano, desatando la confusión de la abuela: “Es un nombre bastante fuerte para un niño”. “Madre, mira lo que me hiciste a mí”, le contestó Sócrates.

Su figura desgarbada de 1,93 metros le permitía otear con suficiencia los desmarques de sus compañeros, y su minúsculo 37 de pie se vio compensado con una pequeña deformación en el talón a causa de un hueso desencajado. Esta aparente desventaja le sirvió no solo para dar maravillosas asistencias de espaldas, sino también para lanzar penaltis con extraordinaria fuerza y colocación utilizando la misma técnica.

Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza

Su carrera internacional quedó definida por los mundiales de España (1982) y México (1986). En la competición disputada en tierras españolas ejerció de capitán y, junto a Zico, Cerezo y Falcao, suministró una sobredosis de fútbol que conmocionó al mundo entero. La participación de Sócrates fue sobresaliente, atestada de elegancia y un fútbol mágico que, sin embargo, no pudo culminar en la consecución de la Copa del Mundo. Algo parecido sucedería cuatro años después en México, donde La canarinha volvió a maravillar pero terminó el torneo en quinta posición.

A nivel de clubes, la experiencia de Sócrates en el extranjero no resultaría tan celebrada. El Fiorentina desembolsó una gran suma de dinero en 1984 y logró el fichaje del futbolista, que nunca se adaptó a Italia por el frío y la ‘saudade’. Tras un año de aventura europea regresó a Brasil para jugar cedido en el Flamengo, donde se reencontró con Zico. Por desgracia, los dos astros apenas pudieron compartir minutos sobre el terreno de juego y Sócrates abandonó rápidamente la disciplina rojinegra.

El final de su carrera futbolística empezó a vislumbrarse tras su presencia en el Santos (1988-89), ya que poco después decidió colgar las botas y combinar la práctica de la medicina con pequeños partidillos sin trascendencia. “El fútbol se agota pronto, por lo que ahora le dedico mi tiempo. Ya vendrá mi otra pasión, lo que me gusta hacer por encima de todas las cosas”, comentó antes de retirarse y empezar a ejercer la pediatría.

Gracias a su amplia trayectoria profesional, Sócrates pudo sortear las mezquindades del fútbol y mantener sus elevados ideales sociales y políticos. “Lo mejor que el fútbol me dio fue la oportunidad de conocer a los seres humanos. Conocí a personas que sufrieron muchísimo y también conocí el otro lado de la sociedad, los que lo tienen todo. Pude ver las dos caras del mundo en el que vivimos”, afirmó el futbolista en más de una ocasión.

Para el recuerdo quedan vídeos, fotografías y los relatos épicos de aquéllos que tuvieron la suerte de ver jugar al Doctor, pues la Historia se ha apoderado para siempre de una de las grandes leyendas del fútbol.

Imágenes: Sergio Goncalves Chicago.

Ilustración: Carlos Rivaherrera.

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