Fahrenheit 2009: Rescatemos nuestros libros

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El aroma de las páginas de un libro recién comprado, al pasar, no tiene precio. Al igual que el de un antiguo manuscrito encontrado en la biblioteca de uno de tus abuelos, mientras buscabas un ejemplar de Cien años de soledad o Historia de una escalera, por ejemplo.
Los libros siempre han formado plena parte de mi vida y de mi tiempo libre. Desde muy pequeño mis familiares me enseñaron a disfrutar el placer de las letras, de las letras impresas. Esa infundada sensación de calor que proporciona sentarse una tarde-noche de invierno, mientras afuera llueve o hace frío, y desplegar las páginas de una novela que nos mantenga atentos e inmersos en otros mundos.
¿Qué sería de nuestra cultura sin los libros como hoy los conocemos? ¿Dónde irían a parar nuestras bibliotecas, esos enormes centros de conocimiento, arte y letras, en los que perfectamente me quedaría a vivir si no tuviese casa? Además, dicen que el papel genera calor en los cuerpos.

La nueva oleada de lectores de libros electrónicos (e-books) parece que hará desaparecer –con mucho tiempo- el libro tal como lo conocemos ahora. Un mecanismo digno de una novela de Bradbury, en el que no se queman libros, si no que se reducen a pequeños archivos que caben en un bolsillo y que, con ello, pierden parte de su consonancia. Yo, desde mi particular visión, creo que voy a convertirme en uno de esos protectores del libro, que en la novela Fahrenheit 451 conservaban la cultura a base de aprenderse las obras de memoria. Lo malo es que no guardo mucho sitio para crear una biblioteca de “libros impresos”.

Nada tendría que ver, por ejemplo en Rayuela, el paseo de Oliveira por París en busca de la Maga; si lo leyésemos en esa pequeña maquinita, sin poder desplegar el pequeño mapa que adjuntan algunas ediciones. O simplemente si a mitad del maravilloso capítulo séptimo, el aparato se nos quedase sin batería. Un libro nunca se queda sin batería, siempre tiene energía suficiente para que alguien dispuesto a sumergirse en su historia pueda cogerlo y leer hasta que su cuerpo, su vista o su imaginación literaria le permitan.

Realmente, desconozco el alcance que podrán tener estas innovaciones tecnológicas. Lo que sí creo saber es que por mi parte no tendrán cabida entre mis papeles. No. Quiero seguir degustando libros, páginas, cuartillas, hojas de periódico con relatos inéditos… no quiero guardar 250.000 novelas en mi bolsillo, para acabar por no poder leer ninguna.

Por favor, ayudémonos entre todos a mantener nuestros libros como tales, como lo que son ahora. Si no la cultura podría resentirse, y perder una centenaria identidad.

Fuente de la imagen:
Imagen propia (http://www.flickr.com/photos/le_txetxu/2426515696/)

3 Comentarios

  1. Sin duda, los libros tal y como los conocemos tienen una magia que es imposible de olvidar. Pero también es cierto que el carácter romántico del libro no es suficiente para pensar que se acabaran plegando a las nuevas formas de comunicación, quizás no en los ebooks, que hoy por hoy no dan mucha confianza, pero probablemente en otros formatos, quien sabe.

  2. Mientras hago fila para entrar a una magnifica exposición he leído el articulo. Entiendo lo romántico del asunto, pero también creo que hoy en día no importa tanto el formato como el contenido. Leelo como quieras, impreso o electrónico, pero leamos. Lo único malo, será el asunto de algunas tildes que no ha reconocido mi iPhone, pero en medio del frío ya casi llegando a la taquilla de la exposición de Da Vinci, he podido leer y he podido compartir mi mensaje. Los invito a leer, obras impresas o electrónicas, tal y como lo hacemos en http://www.Lalibreriadelau.com

  3. ¡Qué bonito artículo!
    Cuando era pequeña creía que era un bicho raro por pasarme horas leyendo todo libro que caía en mis manos, desde los “Elige tu propia aventura” hasta “Sissi emperatriz”. Luego fui descubriendo la literatura clásica y la alternativa. Hoy leo historias de todo tipo. Pero lo que no ha cambiado es mi pasión por los libros tal como los conocemos desde hace mucho tiempo… las letras impresas, la encuadernación… los colores de la portada y del lomo…
    No sé porqué tienen una magia que parece difícil de reemplazar, aunque no me niego al desarrollo y tampoco digo que nunca compraré un e-book pero por ahora… no puedo imaginarme un mundo sin bibliotecas físicas, sin poder recorrer los lomos buscando nuestro autor favorito…nuestra historia favorita…

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