Exquisito zoológico humano

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Imaginar, evocar una cárcel humana en la que conviven Julio y María, dos personajes secuestrados que entrelazan los instintos primarios de uno con las imposiciones sociales a las que está sometido el otro. Ese es el epicentro dramático de La cobra en la cesta de mimbre, una prodigiosa obra teatral en la que frecuentan ácidos y punzantes dosis de humor.

Una obra de ciencia ficción escrita por el director de cine Carlos Atanes en el año 2002, que ya se estrenó en Barcelona y ahora también lo hace en la capital bajo la dirección del propio realizador catalán en la sala AZarte cada jueves y viernes del mes de mayo. Y es que la dirección del propio autor es primordial para impregnar de realismo este zoológico humano que recrea y retiene La cobra en la cesta de mimbre, con la que sentencia las complicadas y tortuosas relaciones humanas estereotipadas que el ser mundano es capaz de fabricar para vivir en sociedad. Atanes muestra así un arrojo incalculable con este proyecto, provocando al pensamiento racional y sensitivo con una lucidez fabulosa.

Todo ello bajo la justificación de un supuesto secuestro alienígena que obliga a sus personajes a convivir prisioneros de una celda desde la que se sienten observados por seres desconocidos. Un hilo argumental que arriesga y gana al público por su potencial imaginativo, por una puesta en escena muy cercana al espectador donde impera el minimalismo de un escenario diáfano, desnudo y crudo, sin más apoyo que una plataforma blanca casi minúscula en la que transcurre toda la acción; pero quizá lo que vence y convence aún más es el aplomo interpretativo de los dos únicos actores que soportan y defienden el peso de toda la obra.

En su faceta, Ana Mayo potencia la solidez femenina de su personaje llamado María, que como una nueva Eva en el Paraíso se siente constantemente atraída por los convencionalismos sociales y resulta constreñida por los mismos. Mientras que Jorge Cabrera realiza una notable y selectiva interpretación del hombre en estado puro, un personaje identificado como Julio que vive aturdido por los instintos primarios como el deseo y el sexo. Ambos comparten y trasladan el miedo a lo desconocido, a la árida supervivencia repleta de especulaciones entre cuatro paredes en las que se mezclan el mimo y la interpretación melodramática más intensa.

Para consumar todo este ejercicio teatral, pequeñas fases cómicas hacen hincapié en el drama de esta historia angustiante, inquietante y desbordante, en la que la imaginación y la evocación lo es todo para el espectador. Intermedios fugaces llenos de músicas y luces que se encienden y se apagan para narrar el paso del tiempo en un hábitat sin libertad, en el que hay que sobrevivir para vivir. Sin lugar a dudas, La cobra en la cesta de mimbre es un ejercicio costumbrista y futurista sin parangón que atesora el potencial suficiente para deslumbrar a cualquier ser vivo racional y reflexivo.

Crítica: Óliver Yuste.
Fotografías: Sonia Pueche.

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Óliver Yuste es licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

Su experiencia profesional como periodista se ha desarrollado en diversas publicaciones periódicas como las revistas culturales Experpento o Paisajes Eléctricos Magazine, las revistas universitarias La Huella Digital, Punto de Encuentro Complutense y mÁs UNED, o la colaboración como escritor en la revista literaria chilena Cinosargo, además de mantener sus propios blogs, como la bitácora personal donde se ahogan los gritos de mi mitad. En estas publicaciones en soporte papel y digital se divulgan algunos de sus artículos periodísticos de opinión, críticas y entrevistas musicales, además de artículos literarios como relatos cortos, cuentos y poesías.

También está dedicado a la creación literaria como escritor de novelas y poesía, una faceta en la que cuenta con el libro de cuentos Azoteas, en proceso de edición, y la publicación del cuento “La Libertad de Ser Feliz” en el libro Cuentos Selectos III, publicado en 2002 por la Editorial Jamais. Además de ser galardonado en algunos certámenes literarios: Primer Premio de Poesía Ramiro de Maeztu 1997, Premio Accésit del IV Concurso de Redacción “El Teatro Clásico en Escena 1997” o Finalista en el Concurso de Relatos Cortos “Premios Jamais 1999”.

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