Europeo masculino de Waterpolo de 2003: la tormenta perfecta

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Durante la década de 1990 Yugoslavia se desintegró en siete estados diferentes a través de cinco conflictos armados que tuvieron comienzo en 1991 y no finalizaron hasta 2001. En el año 2003, el Europeo de Waterpolo se celebró en Eslovenia y tuvo a Croacia y Serbia como finalistas. Las diferencias y rivalidad entre ambos países estaban en un punto álgido, lo que provocó que la piscina se convirtiese en un espacio que trascendía lo meramente deportivo.

El waterpolo es un deporte extremamente popular en el espacio posyugoslavo. Pero no solo eso, sino que además varios de los países de la zona son verdaderas potencias mundiales en dicho deporte. Así, considerando el tiempo en el que Yugoslavia formaba una misma unidad territorial, nacional y estatal (1945-1991), se puede comprobar cómo el combinado nacional se alzó con la victoria en los Juegos Olímpicos de las ediciones de 1968 (celebrados en México), 1984 (celebrados en Los Ángeles), y de 1988 (celebrados en Seúl). Si se observan los resultados del Campeonato del Mundo de Waterpolo se puede ver como en las ediciones de 1986 y de 1991 el combinado yugoslavo también se posicionó en el escalón más alto del podio. Además, también en el año de 1991, el equipo yugoslavo obtuvo la victoria en el Europeo. Sería en ese año de 1991 cuando comenzaron las Guerras de Secesión de Yugoslavia, las cuales durarían 10 años y que darían como resultado la aparición de siete estados en el espacio posyugoslavo.

La ruptura de Yugoslavia no impidió que algunos de sus sucesores, principalmente Croacia, Montenegro y Serbia continuasen siendo potencias mundiales en el deporte del waterpolo. Por ejemplo, desde el 2001 hasta la actualidad, todos los Europeos celebrados (siete en total) han tenido como vencedores a uno de estos países. En lo respectivo a los Campeonatos del Mundo, en las ediciones de 2005, 2007 y 2009, los campeones fueron Serbia (en el 2005 competía junto con Montenegro) y Croacia (en el 2007). Además, en las ediciones de 2011 y 2013, si bien el campeón no fue ninguno de estos países, la segunda y tercera plaza del podio fue para dos de los tres países antes mencionados. Quizás, el evento donde menos han brillado los tres países haya sido los Juegos Olímpicos, aunque en la última edición de Londres fue Croacia la que se alzó con el oro en la modalidad masculina, mientras que Serbia ocupaba la tercera posición y Montenegro la cuarta, tal y como había sucedido en los Juegos de Pekín cuatro años antes.

No se trata solo de relatar qué buenos son los combinados nacionales de Croacia, Montenegro, y Serbia en la modalidad masculina de waterpolo, sino ir más allá y observar como en muchas ocasiones el deporte deja de ser una actividad física y competitiva entre dos equipos, para convertirse en la plataforma perfecta para demostrar sentimientos y deseos políticos, económicos, sociales y culturales. En España sabemos mucho de eso. ¿Recuerdan aquella polémica sobre la selección catalana de hockey sobre patines y su decisión de jugar el Campeonato del Mundo B en el año 2004? Claro estaba que aquella decisión de la Federación Catalana de hockey sobre patines no se ceñía al ámbito deportivo, sino que lo traspasaba. En los estados de la antigua Yugoslavia también saben mucho sobre convertir eventos deportivos en acontecimientos donde ganar es sinónimo de superioridad respecto al vecino. Este fue el caso del Campeonato Europeo de Waterpolo celebrado en Eslovenia en el año 2003.

La desintegración de Yugoslavia se produjo a lo largo de la década de 1990, comenzado en 1991 con la independencia de Eslovenia y Croacia, y finalizando en 2001 con el breve conflicto de Macedonia. En el año 2003 Eslovenia acogía en Kranj el Europeo de waterpolo. Los recuerdos de la tragedia yugoslava aún estaban recientes, aunque tampoco se podía decir que el ambiente entre los equipos ex yugoslavos fuera conflictivo. Más aún, el combinado croata y el combinado de Serbia y Montenegro (por aquel entonces aún bajo la misma forma estatal) se alojaban en el mismo hotel, siendo el ambiente relajado y las relaciones entre los miembros de ambos equipos normales y cordiales.

Sin embargo, el problema no estaba entre los profesionales de ambos equipos. Después de todo, ellos eran precisamente eso, profesionales que estaban allí para lograr la victoria o el mejor puesto posible y no enfrascarse en rivalidades y peleas que trágicas cicatrices dejaron en la zona y que todavía a día de hoy se siguen notando. Desafortunadamente no todos pensaban como ellos. Así que cuando Croacia y Serbia y Montenegro se metieron en la final tras derrotar a Hungría y Rusia respectivamente, la tormenta perfecta se estaba aproximando.

Aleksandar Šapić (Belgrado, 1978), máximo goleador del Europeo y referente de la selección serbia./ GM Red Wing (CC)

En Kranj vivían en aquella época unos 2.000 serbios, mientras Zagreb se encontraba a sólo 170 kilómetros de Kranj, por lo que muchos aficionados croatas podían desplazarse allí en poco tiempo. Por su parte, los organizadores y autoridades eslovenas subestimaron los posibles enfrentamientos que se podían dar entre ambas aficiones.

El 16 de junio era el día de la final. 3.000 aficionados croatas, la mayoría de ellos hooligans del fútbol, llegaron a Kranj. 2.000 entraron en el recinto, los otros 1.000 se quedaron esperando fuera. El ambiente en las gradas era tenso, aunque no en la piscina, en donde los jugadores estaban centrados en el juego y no en dañar al rival. En el último cuarto de la final Croacia lideraba el marcador por 7-4, pero el combinado serbio y montenegrino supo rehacerse y finalmente le dio la vuelta al resultado, para acabar llevándose el partido por 9-8 en el tiempo extra. Serbia y Montenegro se hacían con el título en un emocionante partido que en la piscina se desarrolló dentro de los cauces normales.

El combinado croata había tenido cerca la victoria, pero al final se les escapó por muy poco. No quedaba más que aceptar y aprender de la derrota. No obstante, los aficionados croatas desplazados no pensaron lo mismo. Inmediatamente después de la finalización de la final, éstos comenzaron a lanzar todo lo que tenían a mano a la piscina, sin discernir si golpeaban a los sucios chetniks o a los patriotas croatas. Tampoco ayudo a calmar los ánimos que el entonces ministro de Exteriores de Serbia y Montenegro, Goran Svilanović, saltase a la piscina para celebrar como uno más la victoria del combinado nacional serbio y montenegrino.

Afortunadamente nadie salió gravemente herido, aunque el portero de Serbia y Montenegro, Nikola Kuljača fue alcanzado en la cabeza con una roca que rápidamente le causó una importante brecha, mientras que Aleksandar Ćirić se rompió el ligamento cruzado mientras intentaba escapar a los vestuarios en medio de aquella vorágine.

Desde el otro lado hubo una rápida respuesta. Los fans serbios, para celebrar la victoria de su equipo, decidieron quemar banderas croatas en ciudades tan relevantes como Novi Sad o Belgrado, al tiempo que la embajada de Croacia en Belgrado se vio bajo asedio de los hinchas serbios. Como resultado, el Ministro de Exteriores de Croacia en aquella época, Tonino Picula, canceló la visita que tenía programada a Serbia y Montenegro por aquellas mismas fechas.

¿Sería posible que ambos países volvieran a empuñar los fusiles a raíz de lo sucedido en el complejo deportivo de Kranj? No sería la primera vez que dos países se enfrentan bélicamente a raíz de un evento deportivo, tal y como sucedió con El Salvador y Honduras que tuvieron un breve conflicto armado en 1969 tras el tenso partido de fútbol que ambos países tuvieron poco antes del inicio de las hostilidades. No obstante, la situación no fue a más y rápidamente desde ambos países vinieron disculpas que ayudaron a rebajar la tensión.

Una década después la situación ha mejorado mucho. No se han dado incidentes de importancia entre ambas aficiones y parece que la colaboración entre los países de la zona mejora en todos los campos, también en el deportivo. Así, en lo concerniente al waterpolo, en 2008 fue fundada la Liga Adriática de waterpolo que reúne a un total de 16 equipos procedentes de Croacia, Eslovenia, Montenegro y Serbia. Por consiguiente, los partidos entre clubes croatas y serbios se están volviendo la norma, provocando que sucesos como los del 2003 sean cada vez más improbables.

Aún queda mucho por hacer para normalizar las relaciones entre algunos de los diversos países que una vez formaron Yugoslavia, y que posteriormente se vieron enfrentados bélicamente entre ellos. No obstante, no parece que el waterpolo se vaya a convertir en un campo de batalla en donde esas diferencias se puedan proyectar, sino todo lo contrario. El ejemplo de la Liga Adriática, y el de otras muchas iniciativas conjuntas en numerosos campos, demuestra que el ritmo de la cordialidad y de la cooperación entre las antiguas repúblicas de Yugoslavia va por buen camino, siendo muy beneficioso para la estabilización de la zona.

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