Europa se tiñe de verde

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El Panathinaikos logró en Berlín su quinta Euroliga al vencer en una emocionantísima final al CSKA de Moscú. Tras un dominio absoluto en los dos primeros cuartos, llegaron al descanso con veinte puntos de ventaja (48-28). Pero los de Messina no bajaron los brazos y buscaron la remontada que a punto estuvo de culminarse si Siskauskas hubiese anotado el triple final. Spanoulis fue elegido MVP de la final.
Ni el mejor adivino podía haberse esperado una final de Euroliga así. Cuando frente a frente están dos de las mejores plantillas de Europa en una de las citas más importantes, sino la que más, de la temporada se espera una máxima igualdad hasta los momentos finales del encuentro. Nada más lejos de la realidad.
El partido comenzó como se esperaba, con un CSKA de Moscú golpeando primero y yéndose ligeramente en el marcador merced a un inspirado Holden. Pero los griegos dejaron claro bien pronto que la primera mitad de la final iba a ser solo suya. De la mano de unos acertados Spanoulis y Pekovic, los hombres de Obradovic igualaban el choque y a partir de ahí pusieron la directa hasta el minuto veinte.

La clave fue la extraordinaria defensa que planteó el Panathinaikos y que desarmó todo el ataque del conjunto moscovita. Mientras los de Messina se veían con impotencia atados de pies y manos, los helenos se escapaban merced al acierto en los triples y a la velocidad impuesta en los sistemas ofensivos. Con esta dinámica se llegaba al final del primer cuarto con un 21-16 favorable a los verdes.

En el segundo cuarto fue el momento de Jasikevicius. Saras asumió el mando del partido y a través del pick and roll lograron un parcial de 10-0 que parecía dejar la final vista para sentencia, puesto que el CSKA no parecía dar síntomas de mejoría y una y otra vez llegaba al final de la posesión sin saber cómo atacar el muro griego. La guinda a una primera mitad para enmarcar la puso Nicholas con un triple tras una magnífica asistencia de Jasikevicius. 48-28 al descanso que dejaban dos caras bien distintas en el pabellón O2 World Arena: la de euforia de los atenienses y la de incredulidad de los moscovitas.

Pero el guión cambió por completo en la segunda mitad. Pese a que en los primeros minutos el Panathinaikos siguiera su recital anotador desde la línea de 6.25, el CSKA empezó a recortar distancias dándole a los griegos de su propia medicina con una buena defensa que secaba su ritmo ofensivo. Además un hasta el momento desaparecido Langdon se ponía el mono de trabajo y con cinco puntos consecutivos reducía la desventaja hasta el 56-46 con el que se llegaba al final del tercer cuarto. Las cuentas les iban saliendo a los de Messina. Era pronto para darles por muertos.

El decisivo cuarto comenzaba con un CSKA que rebajaba la barrera psicológica de los diez puntos gracias al acierto de Smodis y de Planinic, que de nuevo contaba para Messina. El PAO noqueado tenía que echar mano de dos de sus recursos menos utilizados en ataque: Fotsis y Perperoglou. Pero el CSKA no estaba dispuesto a tirar por la borda todo el esfuerzo realizado y se puso a cinco cuando quedaban tres minutos para el final.

Con todo por decidir y en los momentos más calientes de la final era el momento de que las verdaderas estrellas salieran a relucir y así lo hicieron. En el último minuto y cuando el equipo de Messina iba cuatro abajo, Khryapa fallaba dos tiros libres que parecía poner fin a las esperanzas rusas. Pero de nuevo una gran defensa con presión en toda la pista hacía que Diamantidis no pudiera cruzar el medio de campo en ocho segundos y la posesión fuera de nuevo para CSKA de Moscú. Momento para que reapareciera el héroe de la semifinal ante el Barça, Siskauskas, que con un triple dejaba la diferencia en tan solo un punto y veinticinco segundos por jugarse.

Entonces llegó el momento de cometer faltas personales. Los de rojo no querían que siguiera corriendo el crono y los de verde que el CSKA no llegase en ningún momento a igualarles con un triple. Pero Jasikevicius demostró que hasta los genios a veces son humanos y falló un tiro libre decisivo que dejaba al CSKA a dos puntos de diferencia y tiempo para una última jugada. Messina lo tuvo claro y mandó a su equipo arriesgar y buscar el triple en vez de tratar de buscar una canasta más fácil de dos. La patata caliente llegó a manos de Siskauskas, no podía ser otro, que se la jugó y falló, dándole de este modo el título al Panathinaikos.

El resultado definitivo, 73-71, cerraba una final con una parte dominada por cada equipo y que resultó tremendamente emocionante. El Panathinaikos vuelve a ocupar el trono europeo, y ya van cinco ocasiones, en una década increíble en la que han logrado cuatro Euroligas. La redición de la final de 2007 volvió a llevársela Obradovic, que con siete títulos europeos se ha convertido en el nuevo Rey de Europa.

Spanoulis MVP
Si el triple final hubiese entrado y el CSKA de Moscú se hubiese hecho con el título que nadie dude que Siskauskas se hubiese hecho claramente con el trofeo de MVP. Pero en las filas griegas la cosa era mucho más difícill de dilucidar ya que varios jugadores verdes brillaron a gran altura. Jasikevicius por saber llevar al equipo y su acierto, Diamantidis por su espléndida defensa, Pekovic por imponerse en la pintura y cargar de faltas a Lorbek… cualquiera de ellos se podía haber merecido la designación. Finalmente el honor recayó en el escolta griego Spanoulis. En la final anotó trece puntos con buenos porcentajes y si bien es cierto que al principio del partido, y cuando más perdido estaba Panathinaikos, supo mantener a su equipo en el partido, a medida que avanzaba la final se fue escondiendo y perdiendo protagonismo.

Fuente de las imágenes:
www.euroleague.net

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