Europa dice adiós a la ‘posición común’ sobre Cuba

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La Unión Europea quiere dar un vuelco a su relación con Cuba. Tras 17 años de bloqueo institucional, los Veintiocho miembros se disponen a negociar un acuerdo bilateral con el renovado régimen de Raúl Castro. Bruselas busca el fin de la denominada ‘posición común’, que llevó a la congelación de las relaciones con la isla. El objetivo es contar con un nuevo marco bilateral en 2015.

Varios años de debate han llevado a los diplomáticos europeos a darse cuenta de la necesidad de cambiar sus relaciones con Cuba. La Unión Europea (UE) pretende iniciar un proceso que supere el bloqueo institucional que afecta a la isla desde 1996, en pro de abrir un espacio político y de cooperación. Así pues, los ministros de Exteriores autorizarían en este trimestre a la Comisión Europea para que abra el diálogo formal con los mandatarios cubanos, en busca de un nuevo marco de relaciones bilaterales. Algunos países, como Polonia y República Checa, se han mostrado reacios a esta nueva aproximación hacia la isla. Finalmente han apoyado la iniciativa a cambio de más exigencia en derechos humanos.

Este viraje se debe a las muestras de cambio, especialmente en los últimos meses, de las que son testigos los actores internacionales. Los socios europeos consideran que el gobierno cubano está realizando notables avances en cuestión de derechos humanos y valoran la apertura política desde que Raúl Castro está en el poder. No obstante, son conscientes de que los niveles democráticos y de derechos humanos aún son muy bajos, lo cual incluirán en el nuevo marco de relación. Aunque hay mucho por negociar, se trata de un importante paso adelante a nivel político, ya que indica un nuevo punto de vista sobre la isla.

Raúl Castro con la Presidenta de Brasil. Foto de wikimediaOtro factor que ha animado a la UE a cambiar su política es el convencimiento sobre el fracaso de la ‘posición común’. Cuba ha sido durante años el único país latinoamericano con el que la Unión no tenía relaciones institucionales. A pesar de ciertas colaboraciones concretas en diferentes materias entre los países, lo que ha imperado desde 1996 ha sido el cierre del diálogo. El Gobierno de José María Aznar propuso este mecanismo que condicionaba las relaciones con Cuba al avance en derechos humanos y libertades en la isla. Esta posición común prohibía a las instituciones comunitarias entablar diálogo con el Gobierno cubano, aunque si permitía acuerdos individuales supeditados a los derechos humanos. Asimismo, se suspendió toda relación con La Habana en 2003 como represalia al encarcelamiento de 75 opositores al régimen. El problema de este instrumento es que no ha influido en aquello que pretendía lograr. Sin diálogo con Cuba, la UE no participa en el desarrollo de los derechos humanos en la isla, y por ende en el proceso de democratización iniciado. No obstante, la misma política regirá la actuación de la Unión hacía Cuba hasta que se llegue a un acuerdo.

Los datos económicos también fortalecen la idea del cambio a favor de la cooperación. La UE es el primer inversor extranjero en Cuba y su segundo socio comercial con casi 2.000 millones de euros en exportaciones. Además es importante el turismo, ya que más de la mitad anual de los visitantes de la isla son de los países comunitarios.

Por otro lado está la cuestión a nivel internacional. La UE quedaría en una posición de desventaja si no forma parte de ninguna manera en la transición del régimen cubano. La isla ha protagonizando la política regional en los últimos días gracias a su papel en la presidencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC). También es en La Habana donde se realizan las negociaciones entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Gobierno de Colombia. Se deduce que el régimen está saliendo de su aislamiento general, a la vez que realiza una política exterior más activa y mejora las relaciones con sus países vecinos. Este giro le ha valido la condonación del 70% de la deuda con México, créditos e inversiones.

Cuba por su parte parece receptiva al cambio de relaciones con Europa. Sin embargo, la Unión debe ser cautelosa y asegurar cada punto de la negociación. Habrá que esperar a febrero o marzo para ver si se materializa el acuerdo y en qué términos.

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