Europa despega de nuevo

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Muy pocos apostaban por una Europa unida en 1950 cuando Robert Schuman, entonces Ministro de Relaciones Exteriores de Francia, saltaba a las portadas de la prensa con su idea de unificar las políticas europeas con un tratado que, si bien sabemos, cambiaría la historia de los países del viejo continente.

Contra todo pronóstico, el acuerdo fue firmado por dos de las grandes potencias mundiales en ese momento, Francia y Alemania, sumidas de forma recíproca en una lucha militar y política que venían arrastrando desde hacía algunos años por sus enfrentamientos directos en las grandes guerras del mundo. Pero esto no fue más que agua pasada cuando las dos se pusieron de acuerdo para dar comienzo a lo que hoy conocemos como la Europa de los 27.

Y digo bien, 27, porque desde hace pocos meses, concretamente desde enero de este mismo año, Bulgaria y Rumanía ingresaban como miembros de la Unión Europea, en un marco internacional que poco tiene que ver con la unidad política que tanto se fomenta. El proyecto de una Constitución Europea acordado por los líderes de Europa en 2004, tiene mucho que ver con la caída en picado de los ideales unionistas de los 27, y es que, ante la negativa de Francia y Holanda de asignar una Carta Magna a la Unión Europea en 2005, ésta quedará sumida en la crisis más grande de su historia.

El ‘No’ a la Constitución había interrumpido de manera abrupta el proceso de integración iniciado en la cumbre de Niza de finales del año 2000, que buscó adaptar al bloque para su ampliación a los ex países comunistas.

Pero ante esta situación de crisis prolongada, y después de un respiro para contener las ganas de tirar la toalla, los líderes europeos, tras maratonianas negociaciones con Polonia, se ponen de acuerdo sobre los principios de un nuevo tratado para reemplazar a la Constitución, manteniendo algunas de sus innovaciones aunque otorgando también importantes concesiones a los euroescépticos: es el llamado Tratado de Lisboa.

Una vez firmado de forma oficial el próximo 13 de diciembre, los 27 estados miembros tendrán que ratificar el documento en sus respectivos países. Hasta el momento, nada se sabe de cómo y dónde tendrá lugar esa firma, aunque todo parece apuntar a que optarán por la vía parlamentaria para evitar escenarios como los que se vivieron en 2005 en Francia y Holanda, con las victorias del “no”, y que podrían ahondar en la herida europea.

Lo que sí es cierto, es que el Tratado de Lisboa es un paso atrás si tomamos como referencia la, non- nata, Constitución Europea por la ambición y las propuestas aceleradas que mostraba, aunque el nuevo tratado recoge una gran parte del contenido de la Constitución y significa un gran avance  respecto al actual Tratado de Niza. Habrá unas instituciones más democráticas y eficaces, y la UE tendrá más solidaridad y una mayor presencia en el mundo.

Fuentes del texto:
www.elpais.com
www.elmundo.com
Fuentes de las imágenes:
www.elpais.com
www.euronews.net

1 Comentario

  1. Hola.
    Quería simplemente comentar que las negociaciones maratonianas fueron también con el Reino Unido, lo cual se ha convertido ya en una tradición.
    Por otro lado, dudo muchísimo de la vocación democrática de este Tratado de Lisboa, en el que las mención a la legitimidad de los ciudadanos es nula y se consolida la UE, ahora con personalidad jurídica propia, de los Estados. Sólo de los Estados.

    Sobre las ratificaciones, decir que Irlanda está obligada a ir a referendum.

    Salud.

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