Estrellas ciclistas que se apagan

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Las sanciones por dopaje contra los grandes ciclistas de la última década han obligado a reescribir, a posteriori, el palmarés de muchas grandes vueltas. Es imposible determinar cuál es el deporte más afectado por el dopaje; y es injusto que el ciclismo, controlado con estrictos métodos, cargue con tan vergonzosa cruz. Sin embargo, el goteo de casos que ponen en tela de juicio a más nombres célebres del deporte del pedal no cesa.

El dopaje persigue al pelotón de forma regular durante los últimos quince años

Muchas grandes figuras ciclistas cuyas estelas de héroes crecieron a medida que se agrandaban sus hazañas deportivas han visto cómo, irremediablemente, ha surgido paralela a la del éxito otra historia de descrédito, de duda sobre si aquellas gestas pudieron haber sido falaces. Parece ser el destino de una generación entera de ciclistas surgida a finales de la última década del siglo pasado. Nombres célebres, mitos del deporte, perseguidos por la sombra del dopaje.

El ciclismo perdió la inocencia en la víspera del Tour de Francia de 1998. El llamado caso Festina destapó una red de dopaje sistemático en uno de los equipos punteros del pelotón del momento. La sombra de la duda se extendió a otros equipos y  corredores. De golpe, el deporte de la bicicleta tuvo que asumir una nueva realidad: existían prácticas fraudulentas dentro de la elite de esta disciplina y había que luchar contra ellas.

Desde aquel capítulo iniciático, que conmocionó a la opinión pública deportiva mundial, hasta la fecha actual, ha sido incesante el número de casos, operaciones y sanciones relacionadas con este fraude que padece especialmente el ciclismo. Hace sólo unos días, la Agencia Americana contra el Dopaje (USADA) ha acusado formalmente a Lance Armstrong de “dopaje continuado”, amenazando al corredor texano con desposeerle de sus siete Tours de Francia, record absoluto en la ronda gala.

Si se confirma la culpa de Armstrong, sospechoso ya desde 2005, cuando se descubrió EPO en unas muestras de orina congeladas pertenecientes al Tour de 1999 (sustancia entonces no castigada), habrá de cambiarse el palmarés de siete ediciones. Serían nombrados ganadores de la ronda gala el suizo Alex Zülle (año 1999), el alemán Jan Ullrich (ediciones de 2000, 2001 y 2003), el español Joseba Beloki (2002), el también alemán Andreas Klöden (2004) y el italiano Ivan Basso (2005). Paradójicamente, entre los posibles beneficiados también habría ciclistas cuyas carreras se han visto salpicadas por el dopaje.

Lance Armstrong tendrá que defender sus siete Tours ante la USADA

El ciclista alemán Jan Ullrich, ganador del Tour de 1997, fue declarado culpable de un delito de dopaje dentro de la Operación Puerto, desarrollada en España. Posteriormente, fue sancionado por el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) con dos años de suspensión a partir de 2005. La Operación Puerto, iniciada en el verano de 2006 por la policía española (y aún hoy no resuelta judicialmente), descubrió más de doscientas bolsas de sangre y plasma con nombres en código, algunos de ellos vinculados con más de medio centenar de ciclistas estrellas del pelotón internacional. En el registro se encontraron también sustancias prohibidas, como la EPO. Además, se halló maquinaría para el tratamiento de la sangre y documentación relacionada con prácticas dopantes.

Ullrich fue finalmente sancionado por su implicación en este caso. Sin embargo, Beloki y una larga lista de corredores españoles relacionados en un principio con la supuesta red de dopaje, como Roberto Heras, Óscar Sevilla, Isidro Nozal y Francisco Mancebo entre otros, no lo fueron. Ciclistas ganadores de la Vuelta a España, como Heras; o subcampeones de la misma, como Nozal, salieron indemnes porque ningún organismo jurídico o deportivo español solicitó castigo alguno para ellos. Tampoco la Fiscalía Antidopaje del Comité Olímpico Italiano apreció delito en el comportamiento del italiano Ivan Basso y archivó la causa.

Sin embargo, y en otro contradictorio ejemplo, el mismo organismo transalpino que decidió no imputar ningún cargo a Basso comenzó una larga carrera contra Alejandro Valverde por la relación del corredor murciano con la trama de la Operación Puerto. En 2010, el TAS le impuso finalmente una sanción de dos años con carácter retroactivo desde el mes de enero del mismo. La condena no afectó a la Vuelta que Valverde había ganado en septiembre del año anterior.

Junto a las operaciones policiales y judiciales y las posteriores condenas, son también frecuentes los testimonios de algunos ciclistas que reconocen haberse dopado. Floyd Landis confesó haber recurrido a estos métodos durante toda su carrera. El ciclista norteamericano hizo extensivas sus acusaciones a antiguos compañeros de los equipos US Postal (incluido Armstrong) y Phonak. El excorredor justificó aquellas prácticas argumentando que eran habituales entre los ciclistas, una especie de obligación para poder mejorar el rendimiento deportivo. A Landis le fue retirado el Tour de 2006 tras dar positivo por testosterona; el ganador pasó a ser el español Óscar Pereiro.

Además, son célebres las declaraciones de Tyler Hamilton (relacionado también con la Operación Puerto) y Frankie Andreu admitiendo su consumo de sustancias prohibidas y trasladando las mismas conductas a su compatriota Armstrong. El propio Bjarne Riis, campeón del Tour de 1996 y actual director del Saxo Bank, equipo de Alberto Contador, también admitió haberse dopado para ganar aquella edición de la ronda gala e indicó que el dopaje era una práctica generalizada durante el período en que él fue profesional. El sprinter alemán Erik Zabel fue otro de los deportistas que asumió públicamente su relación con medicinas prohibidas.

Tyler Hamilton, de gregario a principal delator de Lance Armstrong

En España, el primero en hablar en el foro mediático de dopaje fue el ciclista madrileño Jesús Manzano. El diario deportivo As fue el medio elegido por el corredor para contar cómo durante su estancia en el ciclismo de primer nivel usó sustancias prohibidas nocivas para la salud. Manzano disertó, en un largo serial que publicó el periódico, sobre la estrecha relación entre dopaje y mejores resultados deportivos. Así, el excorredor del equipo Kelme afirmó: “Esto es una pescadilla que se muerde la cola. Si no andas, vas a la puta calle, lo coges o lo dejas. Por supuesto que se podría correr sin ‘doping’, pero un ciclista no podría hacer Tour y Vuelta, por ejemplo”.

De esta manera, el dopaje no se configura sólo como una maldad ética reprobable perpetrada por los deportistas. Operaciones contra el dopaje y acusaciones, formales o sólo mediáticas, señalan a tramas organizadas como responsables últimas de estas prácticas. Junto a Lance Armstrong están acusadas otras cuatro personas entre médicos y directores técnicos; en la Operación Puerto, cuyo juicio habrá de comenzar a celebrarse en breve, hay siete imputados (con Eufemiano Fuentes a la cabeza), ninguno de ellos ciclista.

El mayor problema que plantea hoy el dopaje dentro del ciclismo estriba en la capacidad que ha tenido este fraude por enquistarse: el deporte del pedal vive estigmatizado en una permanente sospecha social y mediática. La situación, conocida desde hace ya varios años, lejos de corregirse está generando con cada nueva investigación más sorpresas desagradables. La mirada retrospectiva con que se analiza el pasado de los implicados, y la consiguiente reelaboración de la historia deportiva, sólo ofrecen legitimidad legal y el consuelo de tener un nombre con el que llenar un vacío en el palmarés.

Tampoco debe obviarse que muchos de los casos que manchan hoy la reputación del ciclismo se produjeron en aquellos primeros años, después del ‘shock’ del caso Festina, cuando la brecha entre dopaje y contradopaje no hacía sino crecer. La Unión Ciclista Internacional (UCI) ha terminado imponiendo el uso del pasaporte biológico, un documento que reúne el perfil hematológico del ciclista junto a un listado con todos sus controles antidopaje. La fórmula de la UCI implica una rigurosa vigilancia que llega a invadir la vida privada del ciclista, quien ha de estar disponible para la visita de los “vampiros” en cualquier lugar y hora. El número de análisis a los que se somete a un corredor es elevadísimo; el propio Armstrong, el día que recibió la notificación de que estaba siendo investigado, reclamó su inocencia basándose en la cifra de quinientos controles pasados limpiamente.

El dominio de Roberto Heras en la Vuelta, también en entredicho

Además, operaciones contra el dopaje que quedan en nada o no son capaces de establecer ninguna verdad jurídica sólo ayudan a manchar el nombre del deporte y sus deportistas, sin atajar el verdadero problema. Tampoco ayuda la falta de criterios punitivos unificados y coherentes, ni la multiplicidad de organismos que participan en los procesos sancionadores y que emiten veredictos distintos. Suponen otra amenaza contra la credibilidad de la justicia los procesos que se dilatan en el tiempo. Sirva como ejemplo el caso de Roberto Heras; el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León anuló la sanción por dopaje que desposeyó al salmantino de la Vuelta de 2005; sin embargo, la resolución no es definitiva. Aunque sin duda, el ‘affaire’ más controvertido y reciente en el tiempo, ha sido el caso de Alberto Contador: lento en el tiempo, con criterios divergentes entre la Federación Española y la UCI, y con una sanción final trufada de dudosos argumentos jurídicos (el TAS no pudo demostrar la ingesta de una sustancia prohibida).

Existen casos sancionados que prueban la existencia de prácticas de dopaje en prácticamente todos los deportes. Sin embargo, la persecución y el castigo no son los mismos en aquellos otros que en el ciclismo. Hay disciplinas, como la natación, el esquí, o el atletismo, sometidas a un férreo control que incluye duras sanciones; otros deportes, como el baloncesto profesional americano (NBA) o algunas competiciones de motor, son altamente permisivos. El ciclismo vive bajo una estrecha vigilancia, vagando en una suerte de Gran Hermano. Quizás le haga falta al deporte de la bicicleta un demarraje, un hachazo, una escapada que le permita, reforzado, limpio y enseñando sus mejores valores, dejar atrás esta encrucijada que compromete su futuro.

Fotografías: Glory Cycles, Martin Gillet, Richard Masoner y Bikes and Books

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