Esther Ginés: “En esta novela he dejado que el final me sorprendiera”

0
211

Ver publicada la primera novela es un paso relevante en la vida de todo escritor. Hacerlo cuando desde el propio sector no hacen más que llegar malos augurios sobre el porvenir del libro puede elevar al autor a la categoría de temerario. Esther Ginés (Ciudad Real, 1982) eligió otro camino, el de no hacer caso al pesimismo y cumplir su sueño de ver en las librerías la primera de muchas obras, de la mano de Ediciones Carena. Tras varios años de esfuerzo, El Sol de Argel empieza a hacerse un hueco en las estanterías al lado de figuras como Javier Cercas o Juan José Millás. 

Esther Ginés, en la presentación de 'El Sol de Argel'. Fotografía: María José Sánchez
Esther Ginés, en la presentación de ‘El Sol de Argel’. Fotografía: María José Sánchez

¿Cómo vive un escritor novel la presentación de su primer libro y su presencia en los escaparates de las librerías?

Con mucha ilusión. Es un momento muy especial y único, pero también con grandes dosis de realismo, porque casi es misión imposible hacerse un hueco; y también con paciencia, ya que las cosas suelen ir muy despacio cuando uno comienza.

¿Cómo se enfrenta a las críticas que los medios hacen de su obra? ¿Las apunta o les da una importancia relativa?

Depende del tipo de crítica. Creo que se aprende de las comentarios negativos y son necesarios para los que empezamos, pero no opino lo mismo de los destructivos. Por desgracia, por lo que he visto como periodista, en nuestro país somos muy dados a criticar deseando herir, humillar incluso. Por ahora, el libro lleva poco recorrido y no han salido demasiadas cosas, pero soy consciente de que ese momento llegará. Intentaré relativizarlo.

En El Sol de Argel usted trata un tema casi tabú en la sociedad, el suicidio, desde una perspectiva muy poco común, el vínculo entre dos hermanos gemelos. ¿Ha supuesto alguna dificultad especial a la hora de abordar estos dos enfoques?

Sí, el suicidio es un tema complicado y es difícil escribir sobre ello. Además, es una experiencia que no me resultaba familiar, así que no tenía ningún vínculo que me facilitara la escritura. Sin embargo, he leído bastante sobre ello y he intentado abordarlo sin caer en el dramatismo o la sensibilidad extrema. De todas maneras, el suicidio es el punto de arranque de la novela, no creo que sea el tema central, y eso me ha ayudado bastante. No sé si hubiera sido capaz de construir una historia entera sobre esa cuestión; en El Sol de Argel lo que deseaba es indagar en la identidad tomando como punto de partida la muerte de uno de los dos gemelos idénticos.

El nombre de los dos protagonistas empieza por la letra M., al igual que el de la figura clave que los une y las constantes referencias al Meursault de El Extranjero. ¿Es casualidad?

Las iniciales del “trío” de protagonistas, Martín, Matías y M., no es algo casual. Martín y Matías son tan idénticos que hasta sus nombres son similares, y M… Bueno, de ella no puedo avanzar mucho más, pero sí era un guiño a los nombres de ellos, que empiezan por la misma inicial. En cuanto a El Extranjero, es una casualidad que el protagonista tuviera un nombre que empezase por la misma letra.

La novela está trufada de referencias literarias a varios autores, principalmente a El Extranjero. ¿Resumen estas sus principales fuentes de inspiración?

Camus me gusta muchísimo y creo que en los tiempos que vivimos hoy su obra sigue encajando perfectamente y sigue teniendo plena vigencia. Cortázar, que también está muy presente, es otro de mis autores predilectos. Me interesan muchísimos autores, claro. Escribimos siempre imitando referentes. Una de mis influencias literarias más potentes es Carmen Martín Gaite, una grandísima escritora, alguien fundamental en la literatura española. Cuando supe que haría Periodismo, mi sueño era entrevistarla, pero por desgracia murió ese mismo año.

¿Cuáles son sus otros referentes a la hora de enfrentarse a la hoja en blanco?

Me gusta especialmente una suerte de decálogo para escritores de Onetti, otro autor al que admiro mucho. Dice, entre otras perlas, que no hay que buscar ser originales, que no hay que escribir buscando saber qué dirá la crítica, los amigos o los parientes, ni siquiera el lector hipotético. Sostiene, también, que no hay que seguir modas y que reneguemos del maestro sagrado (esto es muy curioso, ya que él está considerado como un autor fetiche de muchos autores de renombre). Y su mejor consejo para los escritores: “Mientan siempre”.

Cuando escribimos, siempre nos enfrentamos al miedo de la hoja en blanco, y creo que todos pasamos por el mismo punto en algún momento del proceso. Los miedos, la incertidumbre de lo que comienza y no sabes si algún día acabará son temas inherentes a la profesión del escritor. Tener miedo a la hoja en blanco es tan normal como afirmar que el escritor es un personaje solitario.

A la hora de buscar una respuesta al suicidio de Matías, Martín comienza en cierto modo a vivir su vida en busca de respuestas. ¿El desdoblamiento de su personalidad implica un vacío en la vida previa de Martín?

Creo que lo que le pasa a Martín es que había vivido pensando que era parte de otra mitad, y de repente, al comenzar la novela, todo su universo se derrumba y tiene que replantearse todo.

Según avanza la investigación de Martín, ¿sigue viviendo su vida o se adentra en una nueva realidad separándose de su propia persona?

Según avanza la investigación veremos a Martín meterse en la piel de un detective que busca respuestas y luego de un juez que desea sentenciar, deliberar acerca de la moralidad de su hermano. Es una vida nueva, ya que todo lo anterior se ha desmoronado. Esa nueva realidad implica que tendrá que convivir con esas “máscaras” que Martín se colocará y que no sabemos muy bien hacia dónde lo conducen.

En su labor como escritora, ¿tiene clara la estructura de la novela antes de escribirla o va evolucionando a medida que se desarrolla la historia por cauces no previstos?

Suelo tener muy claros los pilares sobre los que se asientan mis historias, pero en esta novela he dejado que el final me sorprendiera. Realmente, llegó un momento en que no sabía muy bien por dónde iban a caminar los personajes y me dejé llevar. Me metí mucho en su piel, algo que no fue difícil porque siempre los he sentido muy cercanos. Como lectora, siempre me había parecido que el escritor debe tener todo muy atado cuando se sienta a escribir, y seguramente en muchas historias sea fundamental, pero creo que lo importante son los cimientos. Si estos son sólidos, la casa se va levantando poco a poco.

La localización transcurre principalmente en Madrid, y en concreto en el Hospital Homeopático. ¿Por qué este emplazamiento?

Tuve la suerte de vivir muy cerca de ese céntrico edificio hace años. Tanto el barrio de Chamberí como ese lugar me encantan y sigo muy vinculada a ellos, aunque ya no vivo allí. El Instituto Homeopático me parecía un lugar muy literario. Había en él una serie de elementos que lo hacían muy atractivo a ojos de alguien con un poco de imaginación, y no fui capaz de resistirme: el edificio decadente, con una cristalera mágica, el jardín algo abandonado, con gatos alrededor, la verja cerrada, como invitando a que alguien se asomara y quisiera entrar. Durante mucho tiempo, cuando pasaba por delante, me decía que en algún momento ambientaría una historia en ese lugar, y así fue cómo empezó a tomar cuerpo la novela. Gracias al libro he podido conocerlo por dentro, saber algo más de su historia real, y ha sido maravilloso, algo muy emotivo.

¿La figura de un edificio medio derruido sirve para ilustrar la propia vida de Martín tras la pérdida de su hermano?

Sería un símil muy acertado. Y más si tenemos en cuenta que ese edificio en la novela está a punto de ser derribado, que necesita reconstruirse de manera urgente. Es un poco lo que le sucede a Martín, que se ve obligado a rebuscar entre sus “escombros” para levantarse de nuevo.

¿Se considera usted escritora de método o de inspiraciones?

¡Buena pregunta! Y muy difícil de responder. Me gustaría alcanzar un equilibrio entre el método y el componente de la inspiración, la imaginación. Los dos son necesarios y se complementan, así que no quiero darle la espalda a ninguno. Pero creo que quizás es difícil saberlo ahora, ya que acabo de empezar, aunque llevo muchos años escribiendo.

¿Cuál es su futuro inmediato o a medio plazo, una nueva novela o asentar todo lo sucedido con su debut literario antes de seguir produciendo?

Tengo otra historia en mente, una novela, y me pide ya que le dedique tiempo. La empecé en verano, pero ahora está algo parada. Y tengo que “revisitar” mis relatos, ya que es un género que me encanta pero que he descuidado un poco. Pero sé que a corto plazo todo mi tiempo libre estará dedicado a El Sol de Argel. Son tiempos complicados y ahora el autor tiene que esforzarse mucho para dar a conocer la obra si quiere llegar a los lectores.

Dejar respuesta