Éste no es mi mundo

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Son ellos, siempre han estado ahí. Desde que puse el pie lejos de patios para jugar y novias falsas y atravesé esa frontera que me metía de bruces en grandes tochos que memorizar y compañeros con barba, ellos han estado ahí.

Corría el año 2001 y la comida incluía un sujeto al que yo le tenía cierta devoción familiar. Por ello, le acompañé en su aún infantil experiencia hacia una nueva visión y una nueva forma de entender la adolescencia. Aquella película me hizo saber que el mundo, tal y como lo conocía, era una burda imitación de aquella verdadera fantasía. Decidí, por tanto, dejar a un lado esta vida y centrarme en vivir la de ellos. Desgraciadamente, a veces tenía que escaparme de mi verdadero habitáculo etéreo y caminar, escribir a mano y sacar la basura.

A esa nueva vida se le sumaba una anterior concepción de felicidad, la cual ya estaba esperando desde hacía mucho, y que en el momento actual se potenció por la moda… Pero yo supe manejar cada idea revolucionaria de ese mundo y la exploté para convertirla en algo mío. Lo conseguí durante muchos años.

Tanto me impactó ese cúmulo de flechas cinematográficas que quise huir, a la espera de una nueva estantería en mi nueva habitación, a la espera de que mi letargo emocional fuera quebrado, y accedí a las páginas de las que nacieron tantas fantasías. Hubo momentos en que fui un brillante asiduo de aquella obra… Otras simplemente la consideré demasiado especial y su lectura debía rozar la perfección. El caso es que se convirtió en una cuestión de vital encierre psiquiátrico intentar perseguir letras en una hoja en vez de limitarse a mirar estáticamente.
Me sentía solitario por la incapacidad del hombre de juntarse con otras razas, me aburría la escasa creación que este mundo se había conformado albergar. Por ello, huí cada vez más de lo que relativamente era real y supe encontrar una puerta que algún desamueblado personaje se había encargado de sellar.

Cada año estaba en una burbuja formada por improperios y frecuentes quejas a los productores, pero por fin noviembre llegaba y, al poco, diciembre era vomitado con prematura sorpresa, la cual me hacía odiar los meses de primavera y verano. Estaban todos relativamente juntos. Unos crecían, ya que yo también crecía, pero otros habían sido creados a la vez o simplemente no se les notaba acumular un año, pues tenían ya como un millón. Habían superado primeras pruebas, se habían separado y perdido algunos compañeros de viaje, habían ocupado mi videoteca y mis ganas de saturar el reproductor, pero, sobre todo, habían destrozado más mi supuesto mundo, ya que nunca volvería a aterrizar en un sitio tan simple como éste.

Tanto me quejaba de lo que me rodeaba, que un simple violín era la constatación de que aquí algo fallaba, pues lo que veía, lo que leía, no era lo mismo que tocaba o que olía. Habían reducido nuestro mundo a una nimiedad carente de gracia. Bien por el aire, chapoteando o mascando ascuas, hasta sus mascotas habían sobrepasado la magnificencia de nuestros fieles perros e imbéciles gatos. Sus medios de transporte podían ser rudimentarios, pero sí mantenían cierta conexión con el estilo que la actualidad había pasado por alto.

Y a medida que pasaba el tiempo, un primer final llegó, un apoteósico desenlace que aceleraba mis ganas de rebobinar el tiempo o exigir más historias iguales, más mundos perfectos donde huir de este mal construido escenario que desde hacía mucho me habían obligado a vivir. Por suerte, o por consuelo para tontos, esperé pequeños fragmentos que se dividieron a lo largo del tiempo y me reconfortaron durante varios años, mezclándolos con una ávida lectura que me tendió una mano y me lo hizo más fácil de lo que esperaba.

Mantuve la expectación, a pesar de que mi persona mudara debido al pertinente cambio de edad, y aunque la ilusión de niño fuera diferente a la de un incipiente adolescente contrahecho, siempre hubo un aura en tales ideales que me embelesaba. En esos momentos, comprendí que ser un poco más adulto no implicaba ser un verdadero aburrimiento, simplemente había que currárselo. Así, lejos de una completa fascinación por ser un miembro más de aquel ganado autista que rondaba los catorce años, yo, con ciertos gustos o expectativas que distaban de mi primera experiencia adolescente, supe oscilar entre la madurez y el chupete, un chupete que me hacía sentir maduro.

Los pequeños adelantos a lo largo del año, las noticias y fotos de Internet que incluían confusas imágenes: todo alarmaba mi sentido de la paciencia, lo trituraba y jugaba con él hasta desesperarlo. Así pues, llegado el momento, volví a Guadalajara, que por aquel entonces instruía con cine a sus habitantes en un vasto edificio azul con grandes letreros anti-escenarios, un lugar que me enseñó la animación. Esta vez, la tercera parte decepcionó, pero luego supo tener cierta magia que en el cine pasó desapercibida. En esos momentos de nariz más grande que el resto de la cara, pude controlar mi locura, y mis compañeros naranja y rosa se unieron a la cura. El orgullo que sentía me tuvo atareado en no dormir y en leer.

Así pues, y acabada mi primera aventura en cuanto a estrenos se refería, la segunda seguía de la mano de un reloj roto, de un calendario de chiste, pues los meses pasaban y la espera fue mayor que nunca. Por fin llegó, y desde ahí el final se empezó a percibir. Pasaban los años, empecé a notar vello en mi barbilla, comencé a huir de España y a llevar un trozo de mi mundo real en la maleta o en la mochila. Compartí ese secreto pero pocos lo supieron aprovechar, y, por fin, con 21 años, me han dado a entender que no estaba equivocado.

Hace dos meses y 20 días cerré mi adolescencia. Las palabras ya no cabían en la historia. Ahora duerme en la estantería, con sus pedazos de vida reposando sobre su cubierta. Sólo toca esperar el otro final, el que empezó todo, el que me hará maduro pero no me quitará el chupete.

Fuentes de las imágenes:
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/03/03/valencia/1236070896.html
http://www.taringa.net/posts/imagenes/3299549/Ilustraciones_-El-Senor-de-los-Anillos.html
http://bloghogwarts.com/2007/02/22/el-bosque-prohibido-%C2%BFimportante-en-the-deathly-hallows/

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