Españoles en Suiza, “suerte es buscar”

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Un año más, ponemos fin a unas navidades repletas de consumismo familiar. Unos días en los que parecemos olvidar a nuestro gran enemigo hoy: el paro. La hermética esfera de luces y regalos, parece envolvernos con una fuerza que nubla lo que sucede en el exterior. Sin embargo, cada año son más los que, con nuestras mismas costumbres, abren sus regalos en tierras suizas. Entre sus montañas, el frío abriga esperanzas y sueños, pero también duros meses de trabajo en busca de un cambio.

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Estamos ante una actualidad marcada por un hecho incuestionable: la existencia de dos millones de españoles que residen fuera del territorio nacional. Algo que, influido enormemente por nuestra herencia migratoria y exiliada, constituye un valor en sí mismo y confirma la presencia de muchas Españas lejos de la de origen. Ineludiblemente, son cifras en alza dado el actual contexto económico, que obliga a numerosas familias a concentrar sus objetivos más allá de Los Pirineos.

Suiza constituye uno de los destinos más anhelados para muchos y al mismo tiempo, ese gran desconocido para tantos otros que no sabrían a ciencia cierta situarla en el mapa. Bien, empecemos por el principio. Por su condición y características peculiares, los españoles en el exterior exigen un tratamiento específico por parte del Estado español. Desde el año 2006, los españoles en el exterior disponen de una ley que les es exclusivamente destinada y que regula sus derechos y deberes. Hablamos del Estatuto de la Ciudadanía Española en el Exterior.

Estos españoles, y no los recién llegados, son personas que, con el paso del tiempo y el relevo generacional, han adquirido registros de conocimiento distintos y variados. Su nivel educativo es creciente y su formación cada vez más puntera y prestigiosa. En las universidades suizas, los extranjeros de nacionalidad española obtienen actualmente mejores resultados que los propios estudiantes de nacionalidad suiza.

suiza 2Dejando al margen lo técnico de cualquier clasificación, a tierras suizas llegan tres tipos de inmigrantes españoles. Por un lado, jóvenes muy formados, que a pesar de su talento y su esfuerzo académico, acaban de salir del horno español  y no encuentran empresa o Administración alguna que sea capaz de traducir su potencial en trabajo. Por otro, aquellos que mencionábamos antes, los familiares de esos emigrantes de la década de los 60 que hoy son ya tan suizos como los autóctonos gracias a que sus padres apostaron por el país con sus maletas de cartón. Finalmente, y siendo este el grupo que crece con mayor fuerza, encontramos a numerosas familias (españolas o latinoamericanas nacionalizadas en España) que escapan de la crisis y sueñan con la admirada suiza pero que, como no puede ser en ocasiones de otra forma, llegan con eso de una mano delante y otra atrás.

No lo parece pero sí, nos estamos quedando cada vez más solos. Los miedos propios de una etapa de bienestar, tales como el desconocimiento del idioma, el papel que puede jugar la suerte, o lo que el carácter de inmigrante pueda conllevar, se han convertido para muchos en retos que superar para lograr vivir con algo más que sólo dignidad.

Estamos ante un país que, lejos de ser la puerta de ninguna Europa, se consolida como un espacio multicultural donde los oficios son protegidos y bien pagados, los estudiantes recompensados y motivados, y los licenciados alabados. Una estructura socio-laboral que no sólo cumple con lo que el capitalismo occidental precisa, sino que además lo desarrolla con sostenibilidad y cordura. Sólo es necesario dejarse llevar unos instantes por las calles de ciudades como Lausana, Ginebra, Friburgo, Berna o Zúrich. La prosperidad de sus aceras no se entiende exclusivamente en términos económicos. Sus autobuses son más viejos que los nuestros, sus normas viales son más simples que las nuestras, sus fachadas son tan antiguas como hasta hace poco lo eran las nuestras, sus vistas no tienen nada que envidiarles a las nuestras y nuestras gentes no tienen nada que no tengan las nuestras. Bien, ¿dónde está la discordia? ¿Qué hace de Suiza ese paraíso fiscal y social infranqueable por el euro? ¿Por qué escoger un destino que se debate entre tres lenguas y que sin embargo no necesita debates federales?

La respuesta quizá la encontremos en los ojos de las personas que la habitan. He paseado en varias ocasiones por Lausana y otros pueblecitos no tan cosmopolitas del cantón de Vaud, y me ha costado enormemente encontrar una colilla o un simple papel de chicle en el suelo. Los comercios a pie de calle colocan sus mejores percheros, con sus mejores ofertas, fuera, junto a la puerta, al alcance de cualquiera que no se vea dispuesto a pagar 40 francos por un vaquero, pero no he visto tampoco a ningún policía correr tras de nadie. Policía, eso también es difícil de encontrar, como si de un mito o leyenda se tratase.

Los suizos deciden cada paso que dan, y esto es literal. Por supuesto el sistema político suizo no cayó del cielo, es el producto de una historia larga. La noción de referéndum se relaciona habitualmente, de manera empírica, con el sistema político suizo. Esta asociación se explica por la frecuencia con la que se recurre a este mecanismo de consulta en la vida política helvética: de los más de 500 plebiscitos nacionales que habían sido realizados hasta 1978, 297 fueron llevados a cabo en Suiza. Nuestra cifra es el 4. Cuatro son los referéndums que se han llevado a cabo en España desde el establecimiento de la democracia. Mientras nosotros parecemos hacernos todas las preguntas a la vez cada cuatro años, los suizos pueden preguntarse a sí mismos en el momento oportuno. 

El ejemplo de garantía social lo encontramos sólo hace dos días. Suiza ha comenzado el año con más de 100.000 firmas a favor de una propuesta que pretende otorgar a todos los suizos, con empleo o sin él, 2500 francos mensuales (unos 2030 euros). Conseguidas las firmas, se propondrá una fecha para el referéndum. Nuestro gobierno ha cerrado el 2013 con la decisión de congelar el salario mínimo interprofesional en 645 euros mensuales. La comparación es inevitable.

Pero no todo es luz y color entre las montañas. Los españoles que quieran buscar una oportunidad en el país tienen dos formas de hacerlo: conseguir un contrato desde España o probar suerte yendo directamente a las ETT y empresas suizas. En esta segunda opción entran en juego la paciencia, la necesidad de conocer aunque sea mínimamente el idioma, la constancia, poseer un pequeño colchón económico durante la búsqueda y tener en mente que cabe la posibilidad de tener que regresar por el mismo camino. La web www.españoles.ch junto a su grupo en Facebook “Españoles en Suiza”, insisten en los peligros de no tener dinero para pasar esos días o incluso semanas de búsqueda de empleo, teniendo en cuenta que muchas personas se traen consigo a sus parejas e hijos. Se trata de dos portales que pueden servir de gran ayuda para los nuevos valientes, donde muchísimas personas aconsejan, contestan e incluso ayudan si es necesario. Este es un país muy caro. Las autoridades suizas califican su país como “isla cara”. Según la OCDE, el coste de la vida suizo supera en un 17% el de sus vecinos Francia y Alemania, ellos mismos por encima de España.

suiza 3Andrés y Cristina llegaron a Lausana hace año y medio tras encontrar una oportunidad laboral. Dos sencillos trabajadores con un extenso currículo de experiencia pero sin un francés muy correcto. Ambos encuentran importantes puntos de diferencia en las condiciones laborales. “Aquí no está tan al acecho la sombra del sindicato, pero sí hay más respeto por parte del empleador hacia el empleado”, afirma Cristina. Los salarios triplican de salida los de España pero, tal y como nos cuentan “no todo es ahorrar en Suiza, tanto ganas tanto gastas”. Para ellos, “la primera barrera y la más alta es el idioma”, pero una vez conseguido este punto, adaptarse a las costumbres suizas no es algo complejo, pues compartimos formas de vida similares. Antes de establecerse en Suiza, Andrés estuvo probando suerte en  países colindantes como Alemania o Austria e incluso en la propia Suiza. Si bien finalmente encontraron su empleo desde España, la “tirada de currículo” fue lo más difícil. Pero esto no fue sólo una cuestión de suerte. “Ese mini tour europeo que llevé a cabo tuve que hacerlo porque en mi país ni siquiera era efectivo un mini tour provincial”.

La tradición de emigrantes es una gran ayuda, dado el boca a boca, y la simpatía de sus gentes ante los que antaño les ayudaron. Andrés asegura que “suerte es buscar”, esa gran amiga no llega sola. Aseguran que la búsqueda es el punto más difícil, especialmente es necesario “tener la fuerza psicológica para soportar el no, que es lo que mayoritariamente vas a recibir como respuesta”. El miedo natural que puede encontrarse la persona que por fin encuentra el trabajo es combatible con la ilusión. “Después de dos años desempleado en mi caso había mucha más ilusión que miedo”, recuerda Andrés. Con ellos se encuentra su hijo de 16 años, estudiante ahora en un instituto de la ciudad. Confiesa echar de menos algunas cosas del carácter de los jóvenes españoles pero también está seguro de que “esa alegría nuestra a veces nos pasa factura”. Aprender un nuevo idioma y tener puertas a un futuro más prometedor son algunas de las ventajas que ha encontrado en Suiza.

El patriotismo es un tema existencial que puede plantearse a cualquier inmigrante. “Para que te tire el patriotismo, nosotros tenemos que poner una parte y otra parte la tiene que poner nuestro dirigentes políticos y la sociedad en general. En estos últimos dos años, por mi experiencia, parece ser que se han ocupado más de que perdamos parte de ese patriotismo, y no de que lo mantengamos”, argumentan.

Buscar una nueva vida es también una opción que, con los riesgos que indudablemente conlleva, cada vez más españoles plantean en sus mesas a la hora de la comida. Lo que sí está en la elección de todos es entender por qué esto ocurre o simplemente dejar que los ciclos económicos banalicen lo que se está convirtiendo en una emigración con grandes cifras.

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