España y la Fórmula 1

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El primer año de Fernando Alonso en Ferrari ha terminado con mal sabor de boca. El asturiano perdió el título de campeón mundial en la última carrera tras haber logrado una remontada memorable cuando todo parecía imposible. Ahora se abre un periodo en el que los más críticos buscarán los fallos sin tener en cuenta los aciertos.

Antes de comenzar, quiero dejar claro que no soy aficionado a la Fórmula 1 y que por tanto mis conocimientos sobre este deporte son bastante escasos. Pero como periodista deportivo he tenido que cubrir varios eventos relacionados con el Gran Circo de las cuatro ruedas y hay un asunto que me llama poderosamente la atención: La crispación que genera esta especialidad en nuestro país.

España, por tradición, siempre ha sido un país de motos. Nombres como Ángel Nieto, Sito Pons o Álex Crivillé dieron a la afición española grandes alegrías gracias a sus victorias en los circuitos de todo el mundo. Los triunfos deportivos suelen servir para unir a una nación. No conozco mucha gente que siga con interés todos los torneos de la ATP, pero cuando Nadal aparece sobre la pista central de Roland Garros, España se pega a la televisión para apoyar al manacorí. Más de lo mismo con Pau Gasol. El de Sant Boi pasa de puntillas durante más de 80 partidos de Liga Regular, pero cuando consigue el anillo, la felicidad entra en todas las casas que componen la piel de toro. Creo que no hace falta recordar como vivimos cada uno de nosotros el famoso gol de Iniesta en la final del Mundial de Sudáfrica…

Pero hay una excepción: Fernando Alonso. El piloto asturiano tiene el mismo número de seguidores que de detractores y hasta el narrador que nos cuenta sus gestas, Antonio Lobato, provoca sensaciones encontradas en cada tertulia post-carrera. Alonso no crea la misma cohesión que Nadal y Gasol. El ovetense es un genio al volante, gana las carreras más complicadas, ha llegado a la cima desde la nada y lleva la bandera de España por los 5 continentes. Pero para él no es suficiente. Muchos achacan esta situación a que Alonso no es simpático. Me parece ridículo. Fernando Alonso (al que no tengo el gusto de haber entrevistado todavía) ha cambiado la forma de vida de los españoles, logrando que millones de compatriotas se queden en casa un domingo a las dos de la tarde para ver lo que hace el hoy piloto de Ferrari. Cuando gana, todos sacamos pechos. El deporte es sentimiento, y eso es algo imposible de controlar, pero en la derrota es más fácil pensar con la cabeza fría. Y ahí aparecen los críticos. Ven defectos en todos lados. Tal es su obsesión, que critican hasta la vehemencia con la que Lobato narra sus carreras. ¿se imaginan al genial Andrés Montes no siendo parcial en un partido de la ÑBA en el Mundial de Japón 2006 o a Paco González justificando a Howard Webb durante la retransmisión del España-Holanda? Pues con el actual periodista de La Sexta pasa lo mismo. Cualquiera que se haya puesto alguna vez delante de un micrófono para contar un espectáculo deportivo sabe de lo que estoy hablando. Fernando Alonso es nuestra Selección en esto de los coches y creo que debería tener un mayor reconocimiento. Él, igual que ocurrió en su día con Manolo Santana y Severiano Ballesteros, no es sólo un campeón, también es un pionero en lo suyo. Y eso tiene un valor añadido.

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